- ¿Y qué pasa si no funciona?
- Pero ¿por qué no iba a funcionar?
- Porque puede que no funcione no más... puede que hayamos cometido un error, o puede que estemos         haciendo las cosas muy rápido. Obvio que hicimos algo mal.
- Quédate tranquila. Todo va a salir bien.
- Pero ¿y qué pasa si no?
- No pienses en eso.
- Puede que tengas razón - ella dudó un segundo- O sea, obvio que estoy nerviosa. En las películas, la gente que hace este tipo de cosas siempre termina mal. Nunca se salen con la suya.
- En algunas sí.
- Ya, pero es la minoría.

Él miró al frente, suspiró una vez con eterna paciencia, cerró los ojos y la encaró de nuevo.

- Mira. Lo único que importa es que tú estés tranquila. El resto da lo mismo. ¿Quieres seguir con esto?

Ella lo miró fijo por un par de segundos. Se enderezó y miró hacia el frente.

- Y sí. Sí, está bien, tienes razón - dijo con los ojos cerrados y aleteando con las manos.
- Bien. Vamos.

Él se quitó el cinturón de seguridad echándole una última mirada a ella, que aún seguida petrificada en el asiento del copiloto. Abrió la puerta y se bajó para dirigirse a la parte de atrás del camión, sabiendo que ella lo seguiría después de un rato. Ella se quedó ahí un par de segundos. Notó que la radio estaba apagada y que no era capaz de decir desde qué momento. Miró hacia el parabrisas lleno de polvo y exhaló fuerte para poder ver su propio aliento en la cabina.

- Fuck it - dijo ella, mientras se sacaba el cinturón de seguridad a pesar de la torpeza que le provocaba ese enorme abrigo de plumas que traía puesto. Abrió la puerta y de un salto se bajó del camión, el que se movió de un lado a otro con el portazo que ella dió al salir.

- Te convenciste - dijo él sentado en el parachoques al verla llegar.
- Y sí. Supongo que tienes esa capacidad conmigo - dijo ella sonriendo.
- ¿Lista?
- Lista.

Él abrió el camión y ahí estaban los cuerpos. Eran tres, todos envueltos en bolsas de basura negras con restos de sangre seca. Él se subió y desde el fondo sacó dos palas, un rollo de cuerda y un par de linternas. Se acercó al borde y le pasó una pala y una linterna a ella.

- A cavar, entonces - le dijo.

Don't you shiver


You know, sometimes it's impossible not to feel like a liar. At the end of the day, there're so many things you have to say out of being polite, so many things you have to cover not to hurt other people, and so many things you just keep to yourself just to avoid judgement from others.

And there's just a time when you don't want judgement, or opinions, or even care about what you're supposed to be doing. Sometimes, you just want to go with it, even if that means that along the way you'll get scared. And if you think about it, walking through life carrying around what is most likely to be a time bomb, it's kinda scary. Because it always happens, you know, in movies and books and on TV shows and even on the songs you hear every day. Going along with it, and going a bit crazy, and acting as if you had your brain turned off, is good, and exciting, and it feels great. But you always end up burned or hurt. I mean, not always. There's a couple of stories that start like that and end up well, but what are the chances?

And maybe sometimes it's good to just feel, specially when you've thought things through for so long. That's who I am: I'm logical, and practical, and I try my best to be as efficient as I can. There's no use on sulking or wasting time on things that'll probably hurt you or end up abruptly, but what if there is? What if it's not about the place you end up but the ride that gets you there? And what if the place you end up in isn't so bad after all? 'Cause you don't know. Maybe you like it even better, even if you never imagined it before.

There're so many possibilities.

And I'm excited about it. Even happy. The bummer here is that I cannot talk to anyone about it because, you know, it'd blow up in my face. And then would come judgement, and hurt, and tears, and trust me, I've had enough of those.

And that's why we lie. To keep us from somebody else being our conscience because, let's face it, it's hard enough to turn off your own mind on things to go around shutting everybody up about it.

Maybe I'm being stupid, but I'll just go with it. And, of course, I'll keep on lying about it. You know, for my own benefit.

"Gli Ostacoli del Cuore"


Ya, hay que ponerse las pilas para aprender italiano. En serio.

"High Fidelity", pg.90

"...And before you judge, although you have probably already done so, go away and write the worst four things that you have done to your partner, even if -especially if- you partner doesn't know about them. Don't dress these things up, or tray to explain them; just write them down, in a list, in the plainest language possible. Finished?
OK, so who's the arsehole now?".

"Sparks Fly"

Ayer la Isi (no mi Isi, sino la amiga de la Isi que también se llama Isi), me decía que no podías catalogar de mala a Taylor Swift, porque "Taylor Swift es muy buena en lo que hace".

Y puta que es verdad.


Una de mis canciones favoritas del disco nuevo.

PS: Quiero un vestido así. Ahora.

Pereza - Todo

Cuando mi hermano volvió de su intercambio en Europa, por ahí por 2006, trajo consigo una tonelada de nueva música para escuchar. Por supuesto, y como era de esperarse de un fan empedernido de Duran Duran y todas las temporadas de Miami Vice, la mayoría de su carga, era pop. 

Y pop español, la que yo asumí que era una consecuencia de haber mantenido una relación pseudo estable con una madrileña, pero ése no es el punto. Entre todas las cosas, encontré esto: "Todo" de un grupo llamado Pereza. Ésta es de esas canciones románticas-calientes, cuyo ideal de felicidad sólo involucra ropa en la medida en que, siempre y cuando, sea de cama. 
Me encanta esta canción y hoy, luego de repasar mi hermosa colección de pop mierda italiano, pasé a esto.



Relationship status

La cosa va así. Hace exactamente treinta segundo iba a escribir sobre un tema A (una canción que me presentó mi hermano hace años y que redescubrí después de mucho tiempo; pronto sabrán de ella), pero algo pasó. Así como dice la Isi "¡PFF!", cambié la pestaña de Chrome y ahí estaba. 


Ahora él está en un relación.


En una relación. Para ser exacta, está en una relación hace 37 minutos. Es extraño pensar que hace unas semanas él me declaraba amor y me rogaba por una oportunidad. Es extraño que ésa no haya sido la primera vez que pasaba. Más extraño aún, es que todo este tema, el que al parecer ha monopolizado nuestra amistad en los últimos años, sea todo un deja vu de aquel año nuevo en su casa, donde tuve la mala idea de tirarme en la cama elástica de su hermano con él a mirar las estrellas luego de unos one too many vodkas. 


Y después él me pregunta por qué no le creo.


Porque no le creo. Porque esas confesiones arrebatadas no son más que la manera que él tiene de agotar instancias, porque, tal vez, puede que eventualmente yo diga que sí y empecemos a vivir todas esas cosas que no vivimos en el colegio. 


Pero él está en una relación y, así como quien ve la lógica detrás de que las cosas se caen con la gravedad, veo que todo mi argumento es válido. Que siempre tuve razón. Que esa noche hice bien con ser fría. Que entre nosotros lo que no pasó, ya no pasó. 


I'm back, bitches. 



Growing pains: convirtiéndose en mujer

Mira, la verdad es la siguiente. Para mi, convertirme en  mujer fue algo más parecido a un trauma que a un rito tribal del cual sentirme orgullosa. Ahora, ya sea por la televisión o por experiencias ajenas, me doy cuenta de que todo el proceso de pubertad que llevamos las mujeres, a algunas les produjo placer al punto de sentirse de lo más chochas de poder ponerse algo abajo de la polera. 

Resulta, que hasta el momento, yo soy la única a la que todo este negocio con Dios le resultó desagradable y que en su momento sintió que se la cagaron. No me malinterpreten: ahora no me quejo para nada de ser mujer, y si no fuera por las restricciones con tintes machistas que ponen mis padres, podría decir que es por lejos mejor que ser hombre. Sin embargo, no puedo decir que ésta fue mi visión desde el principio. Déjenme repasar...

Lo primero fueron los sostenes. Y no, no se imaginen que una empieza poniéndose de los sostenes lindos, con copas y tirantes regulables y todo eso. No, una empieza más bien con unas cosas que se asemejan más a los petos deportivos que promocionan Nike o Adidas. El problema con estos "formadores" (porque así se les dice técnicamente), es que no tienen ni la mitad del glamour atlético que tienen los de las minas que hacen yoga con la guata al aire en las publicidades de las grandes marcas deportivas. De hecho, las cosas siguen teniendo una estética infantil para funciones no tan infantiles. 

Por mucho tiempo, los renegué y los evité, hasta que la cosa ya fue demasiada y no hubo más remedio que ceder a las hormonas. Para  mi, no tuvo nada de romántico y ni una pizca de "ay, ya soy grande". Yo, en cambio, no podía más que verlo como un gran "maldito Dios, ¿por qué me haces esto?" Y es que la comodidad es un precio muy alto que pagar.

Después del sostén, vino la bendita regla. Ay, maldita regla. ¿Cómo era posible que tuviera que estar contando días todos los meses por muchos, muchos años, para saber cuándo tenía que estar preparada y cuándo no?, ¿y por qué me tenía que pasar a mi ahora? Yo no quería tener guaguas... ¡al menos no a los 11 años! Y, de hecho, mi postura no ha cambiado mucho ahora que tengo 23. Y lo peor, es que todo el mundo te felicitaba y te decía "ay, ya eres una mujer". Para hacerlo peor, mis viejos decidieron hacerme un regalo significativo para marcar la ocasión. Yo nunca entendí por qué venían las felicitaciones, y la verdad de las cosas, es que aún no sé por qué lo hacen. No es un logro ni nada por estilo, es sólo que tus ovarios dijeron "Ok, it's time". Y créanme, si hubiese tenido cualquier tipo de control sobre las decisiones de mis ovarios, la cosa habría sido más del estilo "no, mejor dejémoslo para unos años más". 

Claramente, una después se acostumbra a todas estas cosas (a las molestias, al estar siempre con herramientas de control de daños en la mochila/cartera, a marcar días en el calendario, etc, etc), y obviamente que luego toma otra connotación y la llegada de la regla es celebrada, ya que siginifica que otros eventos no tuvieron lugar lo que, reitero, a mis 23 años, siempre se agradece. 

He oído que hay niñas que se jactan cuando les llega la regla y otras que se trauman cuando a sus amigas les llega y a ellas no. Yo no sé si a mi me configuraron mal, pero si ése hubiese sido mi caso (que no fue, by the way), mi actitud habría sido más de "JA!! Fuck you bitches!! I'm still free!!". Pero supongo que la genética tiene sus propias formas de enseñarte lecciones. 

Luego, y para terminar, está la que una vez califiqué como la más retorcida y malvada de las prácticas que la sociedad le impone a las féminas: la depilación. Es increíble pensar que una no decide cuándo depilarse por primera vez, sino que el resto lo decide por ti. Y si el resto sintiera el dolor de la primera depilación por ti, sería genial, pero ya que no es así, en ése entonces todos te parecen una sarta de bastardos sádicos. Sin darte cuenta, no puedes ponerte un par de shorts sin mirarte las piernas antes y, si por alguna razón hubiésen 30°C de calor afuera, lo siento, la sociedad simplemente no te permite usar nada que no tape esa atrocidad que son los pelos. 

Créanme, mis queridos, esto siempre tiene el potencial de convertirse en un trauma, especialmente porque no hay manera de explicarle a una niña que nunca ha conocido el dolor o la presión por el bien estético, que a alguien alguna vez se le ocurrió que las mujeres se veían más lindas sin pelos y que ahora, más que una tendencia, es ley. Porque sí es la razón y punto. Lo más gracioso es que, después de tanto patalear y de insultar a Dios y a la sociedad por tremenda estupidez, yo me convertí en una psicópata de la depilación. Who'd have thought? 

Una cuando es chica no se lo imagina, pero la verdad de las cosas es que después una se acostumbra a todo y nada resulta tan terrible como la primera vez. Y así es como se perpetúan los ciclos. El día en que tenga una hija, tendré que pensar muy bien en cómo le diré a la cara "Lo siento, la cosa es así. Nos cagaron." Y es que supongo que no hay otra forma. Eso sí, y para terminar con el vaso medio lleno, la femeneidad te da ciertos beneficios de los que nadie te enseña a cabalidad, pero es imposible no descubrirlos. Supongo que sólo por eso, pasar por todo el proceso del sostén, la regla y la depilación, vale la pena. 

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