Wednesday, August 31, 2016

La mejor conversación del mundo... O no

Ok, entonces.

Nosotros no nos conocemos y no tenemos a nadie en común. Yo no conozco a ninguno de tus amigos ni colegas; tú no sabes cómo se llama nadie de mi familia y con suerte sabes dónde trabajo. No tenemos ninguna necesidad de ser cool (quizás un poco, sí), o de ser correctos. Podemos ser honestos, decir lo que queramos y, básicamente, no habrá mayores consecuencias.

Si te aburres, te despides y te vas. Si me aburro, pedimos la cuenta y listo.

Así las cosas, siento que podemos tener una de las conversaciones más épicas (o catastróficas) del mundo, y quiero ver cómo resulta. Para esto, hace unos días me senté y empecé a pensar en las preguntas que me gustaría hacerte (que me las puedes hacer de vuelta también) y ver dónde nos llevan.

Insisto: quizás este experimento resulta fatal, pero ¿y si resulta en una de las mejores conversaciones que dos pseudo desconocidos han tenido? No sé tú, pero I'd like to take my chances.

¿No crees que es lindo todo esto?

1.- Cuéntame lo peor que le has hecho a una ex (novia, amante, chica con la que saliste, etc). Sé específico de cómo se gatillaron las cosas y cuál fue su reacción. Si te encontraste con ella después, mejor.

2.- ¿Cómo eras cuando chico?

3.- ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes?

4.- ¿Cómo fue la primera vez en que te rompieron el corazón?

5.- Tus tres mejores amigos. ¿De dónde los conoces? Cuéntame cómo se conocieron y la mejor aventura que hayan vivido juntos.

6.- ¿Cuál fue la película/libro que te cambió la vida?, ¿Cómo la viste/leíste?, ¿Con quién?

7.- ¿Cuál era tu banda/cantante favorito cuando tenías 12 años?, ¿Te siguen gustando?

8.- ¿Qué querías ser cuando eras chico?, ¿Por qué?

9.- ¿Qué es lo más loco que has hecho?, ¿Por qué?

10.- ¿Quién es la mujer más importante en tu vida?, ¿Por qué?

11.- ¿Qué cosa, hecha en público, es capaz de excitarte al punto de tener que pedir la cuenta y tomar un taxi en un lapso de 10 minutos?, ¿Ha pasado? Desarrolla.

12.- ¿Qué es lo más caro y estúpido que te has comprado?, ¿Cuánto te costó?, ¿Por qué es tan estúpido?, ¿Aún lo tienes?

13.- ¿Cuál ha sido la vez en que has estado más triste?, ¿Qué pasó?

14.- ¿Qué haces cuando estás triste?

15.- ¿Cuándo fue la última vez que sentiste envidia?, ¿Por qué?

16.- ¿Haz castigado a alguien con sexo (o con falta del mismo)?, ¿Qué hizo para merecerlo?

17.- ¿Qué es lo más importante que aprendiste de tu mamá?, ¿Por qué?

18.- ¿Qué es lo más importante que aprendiste de tu papá?, ¿Por qué?

19.- ¿En qué momento te diste cuenta que tus papás no son infalibles? Desarrolla.

20.- Cuéntame tres cosas que tú crees yo debería saber de ti.


Friday, July 29, 2016

- Nosotros, que nos queríamos tanto.

- ¿Cómo es posible que te importe tan poco?, ¿que no te importe nada?

- Quizás quién mierda te sacó esa foto que tienes ahora en Twitter.

- Sí, tienes razón, eso no es periodismo: es la entrada en el diario de vida de un hueón inseguro y cobarde.

- Tengo un mensaje tuyo que dice "Yo no tengo un pelo de misógeno". Cómo han cambiado las cosas.

- Yo creo que ni siquiera es culpa tuya. Admiras tanto a esa gente con la que trabajas que les compras todo lo que te dicen. Por eso empezaste a hablar huevadas como ésas en El Dante, donde aseguraste que cuando una pareja tiene un hijo el hombre no debería siquiera levantarse en la noche para ver a la guagua. Para eso las mujeres tienen el post natal. La tarea de ellos es trabajar. Por eso me mandaste ese mail ("La Paula, que se considera una feminazi..."). Por eso te importó tan poco. Por eso no tuviste los cojones para decirle que esa pauta no era una pauta, sino un intento de relleno y que tú no te ibas a prestar para eso. Y sin embargo, aquí estamos.

- Explícame cómo te perdono esto.

- Yo no me merecía unas disculpas mejores, como me dijiste en ese mail que mandaste el domingo: me merecía que me consideraras, que en el momento en que pensaste que ese artículo me iba a matar, hubieses hecho algo. Era lo mínimo. Pero no lo hiciste. Tus disculpas no me sirven.

- Tú no sabes lo que es encarar a la gente frente a la cual siempre te defendí, mirarlos a los ojos y decirles que tienen razón. Que siempre tuvieron razón. Eso te caga. Te pudre.

- Explícame, por favor, cómo pasó todo esto. Yo aún no entiendo.

- Me revienta y se me revuelve la guata saber que "éste es el error del cual aprendes". Que vas a estar mal después de esto y que después encontrarás a alguien con quien no cometer los mismos errores que cometiste conmigo. Qué bien por ti. Qué bien por ella. Pero yo me merecía más que ser un ensayo fallido.

- ¿Te pasa algo cuando ves el reloj al lado de tu cocina?, ¿cuando abres el mueble al lado de la campana y ves mi caja de té verde?, ¿cuando pasas a llevar las tazas de café que te compré?, ¿cuando te pones el chaleco que te tejí?, ¿cuando sales del auto con la mochila que te regalé al hombro?, ¿piensas en mí?, ¿me echas de menos?, ¿te duele, aunque sea un poco?

- Tú nunca te la has jugado por nada. Sólo por pautas. Pero nada más. El resto son amigos que cambiaron y se alejaron, minas que no tienen nombre, sólo una característica y una comuna, gente que nunca supo quererte por ser lo que eres. Pobre de ti. Tan incomprendido. Tan especial.

- Yo te lo banqué todo. Incluso las cosas que no debería haberte bancado. ¿Qué necesitabas?, ¿Qué querías?, ¿Por qué nunca me lo dijiste?, ¿Acaso te quise demasiado?, ¿Debería haberte querido menos?, ¿Esto es porque los domingos los pasaba en mi casa?, ¿De esto se trata?, ¿De las tardes de domingo, de sentirte solo?

- ¿Qué pasó con todo ese proyecto de vida que tenías en la cabeza?, ¿Se te fue?, ¿Lo reemplazó una mina que te golpea la puerta a las 4:40am?, ¿Eso quieres?, ¿Que llegue a tu departamento a las 4 de la mañana a exigir explicaciones, a rogarte?, ¿Es eso lo que quieres?

- Explícame cómo es posible que no sientas nada. Que esto te resbale. ¿Qué hiciste conmigo todo ese tiempo entonces?, ¿fue flojera?, ¿fue comodidad?, ¿o fue cobardía?

- Juro que nunca pensé que iba a escribir esto.

Sunday, July 24, 2016

Arrugué la revista, la tiré lejos y de nuevo me invadió esa sensación de esa noche de febrero, esas ganas de rebotar por las paredes, de querer moverte, pero por más que apretas las manos y pateas las piernas, no pasa nada. La angustia no se va.

Me di vuelta y lloré. Apretando las sábanas, doblando los dedos de los pies.

"¿Qué te pasa?", preguntó mi mamá preocupada.
"Nada, no me pasa nada", balbuceé.
"Claramente algo te pasa...".
"No importa. Por favor, déjame sola", le dije.
"Pero negrita..."
"Por la cresta, mamá, déjame sola".

Ella se fue.

Subí el cerro por primera vez desde que todo pasó. Temblando me puse los guantes y empecé a pedalear, pensando que el cansancio me haría bien, que patear las piernas me haría vomitar la pena en El Hundimiento. Pero no pasó nada. Bajando por Costanera Sur jugué sola a capear las luces de la calle. Perdí todas las veces.

Cuando volví, en mi celular me esperaban millones de mensajes. Todos lo habían leído. Todos sabían.

"Hoy no puedes estar sola", me dijo la Marce al teléfono. "Dúchate y te vienes para acá. No sé qué vamos a hacer, pero algo inventaremos".

Caminé donde la Marce y llegando, me entra una llamada de la Javi.

"¿Cómo estás?", preguntó tanteando terreno.
"Como el pico".
"Lo viste entonces..."
"Sí, lo vi..."
"La Dani me llamó. Estábamos preocupadas. Lo siento mucho", me dijo al teléfono.
"Es que no entiendo...", le dije yo llorando frente a Avon.

La Marce me recibió en su casa todo el sábado y junto a la Tanya, que vive tres pisos más abajo, tomamos té todo el día. Yo lloraba y hablaba de él, de su poca humanidad, de cómo podía estar pasando esto (¿estaba pasando?, ¿en serio?). La Marce hablaba de la pena que la golpeó cuando murió su mamá y me decía riendo que ésta es una de esas historias que te cuentan en una fiesta, diciendo que es algo "que le pasó al amigo de una amiga", pero que una nunca cree. "Pero esto te pasó a ti... ¡qué heavy!", comentaba la Marce cada tanto.

La Tanya, por lado, tiene la experiencia de su matrimonio fallido. 12 años de relación la tenían viviendo sola en un departamento nuevo y con muchas cuentas de terapia que pagar. "Tú sabes que yo siempre empaticé con él porque, en el fondo, yo fui el Andrew de mi relación. Pero yo nunca le podría haber hecho esto a Jaime. Lo mínimo es protegerlo. Yo no me atrevería ni a postear algo en Facebook que lo pudiera dañar. Menos en un diario. Hipster culiado", repetía ella.

Cuando en la noche llegué a mi casa, abrí la puerta y ahí estaba mi mamá, sentada en el sillón al lado de la estufa con la revista arrugada en la mano. Levantó la cabeza y me dijo: "Ahora lo entiendo todo".

Yo abrí los ojos y me di cuenta que no tenía caso en desmentir nada. Por enésima vez en el día, me eché a llorar.

Thursday, July 14, 2016

De inversiones y brownie points

La vida puede resumirse en una serie de inversiones: para lograr algo, tienes que sacrificar otra cosa. Invertir tiempo, plata, karma, sanidad mental, etc.

¿Esa serie que te zampaste el fin de semana? Invertiste 48 horas que nadie te va a devolver nunca.

¿Esa amiga que te caía bien pero que luego resultó ser una persona de mierda? Invertiste una gran cantidad de sanidad mental y estabilidad emocional que, de nuevo, nadie te devolverá.

¿Esa hamburguesa maravillosa y sobrevalorada que te comiste en Bellavista? Invertiste un vacío de calorías que puedes recuperar fácilmente si te mueves un poco. Por eso la inversión en comida no nos importa tanto.

Y está bien. Es un tema de riesgo y retorno, que a veces funciona a favor (poca inversión, mayor retorno) y otras no (mucha inversión, poco o nulo retorno). Aquí, lo que realmente importa, es que valga la pena. Ésa es siempre la pregunta.

Ahora, hablemos de los brownie points. Los brownie points (o Scooby Galletas, si prefieren), se refieren a las estrellitas doradas que uno tiene a la derecha de su nombre en la lista de curso. Podemos entenderlos mejor como puntos de karma.

Mi teoría es que uno, al hacer cosas buenas y altruistas, gana brownie points y, cuando hace cosas malas (o al menos cuestionables), los pierde. O sea, siguiendo con la línea lógica del principio, los invierte.

¿Cuando pelas a la mina del lado? Inviertes brownie points.

¿Cuando te haces el hueón y no le pasas el asiento a alguien en el metro que, ya sea por edad o embarazo, claramente lo necesita más que tú? Inversión de brownie points (una grande, por lo demás).

Y aquí, de nuevo, entra la pregunta que importa: ¿vale la pena?

En mi caso, la respuesta es sí. De repente hay insultos que valen la pena. Y mucho.

Wednesday, July 13, 2016

You used to give me your fries. I loved you.

#NationalFrenchFryDay

Sunday, July 10, 2016

Enredó sus dedos en su pelo rubio, cerró el puño y tiró con fuerza mientras él la penetraba una vez más. Ella gimió un poco, abrió los ojos y miró el techo, mientras él, en su último movimiento, chocaba los dientes con su clavícula y la apretó por última vez.

Y se acabó todo.

Años de tensión, descoordinación amorosa y comentarios furtivos, terminaron en una pieza de motel infesta, con un cubrecamas acolchado con flores, una alfombra manchada y cortinas que alguna vez fueron blancas.

Ella se giró y cayó al lado izquierdo de la cama. Él apoyó la cabeza en la pared y estiró los brazos a los lados. Ninguno de los dos era capaz de mirar al otro. Ninguno de los dos creía lo que recién había pasado.

Cuando finalmente él la miró, no pudo evitar reír un poco, y como la risa es contagiosa, ella lo siguió.

"¿De qué te ríes?", le preguntó.
"Es que es raro. La última vez que te toqué estabas en el colegio. Y ahora mírate... o más bien míranos", dijo él.
"Igual sí. Nos costó mucho llegar aquí, ¿no?".
"Es que yo ya pensaba que no iba a pasar nunca. Que siempre iba a ser un pendiente. De esas cosas que uno recuerda a los 60 o algo así y dice 'Ah, chucha... y nunca me la tiré'".
"Pero te la tiraste", respondió ella levantándose para ir al baño.
"Y me la tiré. Valió la pena ¿o no? La espera, quiero decir".
"Igual sí", dijo ella sentada en el water mientras se limpiaba. "Es que cuando todo empezó éramos muy pendejos".
"Tú eras muy pendeja".
"A ver", ella tiró la cadena. "¿Yo era muy pendeja? Sí, era muy pendeja. Por eso pasó lo que pasó en su momento, pero tú... tú eras un pendejo caliente en primer año de universidad. Me perdonarás, pero tampoco eras un hombre maduro ni de mundo, ni nada". Ella apagó la luz del baño y se dirigió nuevamente a la cama. "No me vengas con huevadas. A mí no".
Él se rió,
"Sí, si tienes razón. El tiempo nos jugó a favor. O sea, tú estás más rica..."
"Gracias"
"Y yo..." dijo apuntando a sí mismo.
"Sí, estás harto más rico que el 2004. Harto. ¿Contento?"
"Sí, muchas gracias. Yo nunca pensé que iba a pasar tanto rato. Pero tú te pusiste a pololear al tiro y de ahí no paraste más".
"Claro. Mucho tiempo. Igual lo intentaste cuando terminé con mi primer pololo".
"Sí, pero estabas muy mal. No te quise huevear mucho. Y cuando terminaste con el segundo..."
"Cuando terminé con el segundo estabas en la B pos", le dijo ella. "Ahí nunca tuviste chance".
"No, nunca", se rió. "Y ahora esto".
"Y ahora esto".

Silencio.

"Igual tú tuviste caleta de pololas, esto no es sólo culpa mía".
"Ay, no me huevees", dijo él. "Tú sabes perfectamente que el más fácil aquí siempre he sido yo. Con polola o sin polola, me pillabas volando bajo y listo". Ella se rió. "Si es cierto. No te he mentido en doce años, no te voy a empezar a mentir ahora".
"Eso es bakán de nosotros: nos conocemos tanto que no tiene ningún sentido mentirnos".
"Exacto".
"Ya que estamos en esto, y perdóname por la pregunta de mierda, pero... ¿cómo?"
"¿Cómo qué?"
"¿Cómo es que llegamos a esto?", dijo ella sentándose en la cama. "O más bien, ¿cómo llegaste tú a esto?"
"¿A qué te refieres con 'esto'?"
"Puta, tú, con una guagua a cuestas, con una mina que no conozco, pero lo poco que cacho, no me calza nada que esté contigo. No te ofendas, no es que quiera postularme a ser tu polola, menos ahora, pero nunca te imaginé con una mina así".
"Cosas que pasan, no más..."
"¿Me estás hueveando?"
Él le rehuyó la mirada,
"Pero sí pos. Cosas que pasan. Me metí con ella, me gustó, pololeamos y ella se quedó embarazada. Pasa. Le pasa a todo el mundo. Fin de la historia".
"Pero, ¿qué hacías pololeando con ella? Es que... puta, me la imagino como una de tus conquistas. Sí, seguro. 'Oye, mira la mina que me tiré, qué loco', pero no como tu polola".
"Tú no la conoces..."
"No, no la conozco. Para nada. Pero ¿no es eso más decidor?, ¿poder llegar a asumir esto de un perfil de Facebook?, ¿de un par de tatuajes?".
"¿Hablemos de otra cosa?"

Silencio.

Ella se quedó mirándolo. Él miraba al frente, los brazos cruzados, los labios apretados. Ella entendió que había tocado un nervio, que la había cagado, y antes de que el silencio se convirtiera en rabia, se acercó a él, le puso la mano en el abdomen y le empezó a besar el cuello. Él se resistió al principio y no hizo nada. Ella le mordió el lóbulo de la oreja. Nada. Le puso la mano en la cara y se la acercó para poder besarlo. Le lamió el labio inferior. Nada. Se lo mordió hasta que le sacó un poco de sangre. Nada. Metió su lengua en su boca. Más fuerte. Nada. Su mano bajó por su cuello, pasó por su pecho, rozó su abdomen y siguió bajando. Todo empezó de nuevo.

Ella hizo mérito. Fue su forma de pedir disculpas. Él lo entendió y se aprovechó: después de un rato la dio vuelta y la penetró por detrás con fuerza. Una vez. Dos veces. Tres veces. Cuatro...

Ella estuvo a punto, pero nunca se fue. Igual fingió. Le debía eso por lo menos.

"La verdad es que nunca me imaginé que esto iba a pasar", dijo él de espaldas y recobrando el aliento.
"¿Esto qué?, ¿Nosotros?", preguntó ella quitándose el pelo de la cara y torciendo su cabeza para poder verlo.
"No... no seas autorreferente. O sea, sí, pero no me refería a eso". dijo él aún mirando el techo. "Me refiero a la guagua, a mi polola..."
"Ah...", dijo ella.
"Es que chucha... yo siempre he hecho las cosas bien. Siempre. En el colegio no hueveé porque sabía que tenía que aplicarme y lo hice. No salí con el mejor promedio del curso, pero salí muy bien. En la U lo mismo: hueveé lo que tuve que huevear, salí bien, hice un posgrado, toda la hueá... siempre me imaginé que mi vida iba a ser distinta. Y ahora esto. Puta.. ya fue. Pero puta que es penca".
"Y sí", le respondió ella. "Lo siento mucho. Perdona, pero siento que no hay mucho más que pueda decirte...".
"No, si no hay. Tengo que ordenarme. Hay una guagua en camino y tengo que ser responsable no más".
"Claro...".

Silencio.

Ella estaba de espaldas y cerró los ojos un rato. Al abrirlos, él la estaba mirando desde el lado izquierdo de la cama.

"¿Qué?", le dijo ella. "Esto es muy bizarro..."
"Sí, es muy raro", le respondió él mientras ponía su mano en su mejilla y la acercaba hacia él. Ella cedió, se acurrucó al lado con la cabeza enterrada entre su pecho y su cuello. Él la abrazó y le empezó a hacer cariño en el pelo y luego en la espalda. A ella le daban escalofríos.

Ella pensaba que, a pesar de todo, eso se sentía bien. Se sentía seguro, cómodo, rico. Todo había sido rico. Incluso mejor de lo que se había imaginado, lo que es mucho decir después de doce años de expectativas. En un universo paralelo, no habría polola, ni guagua, ni pena, y esto podría repetirse con más calma, con menos culpa. No para ser una pareja. Ella no estaba para eso. Pero sí para estar juntos, para acomodarse y tirar un rato, de vez en vez. Después de todo, era bueno tener a alguien a quien desear.

Él la abrazó un poco más fuerte, le dio un beso en la cabeza y le susurró: "Esto no puede volver a pasar".
"Yo sé".
"En serio. Nunca más".
"Yo sé".

Silencio.

Reflexiones #1

Muy tarde me vine a dar cuenta que todo, desde el sexo anal hasta el corazón roto, duele menos con un poco de alcohol en la sangre.

Saturday, July 09, 2016

La felicidad del auto blanco

Dos botellas de carmenere, varios pelambres y muchas historias después, con el Nico y la Marce estábamos en los descuentos. Ese momento de la noche en que ya no hay ni más copete ni más comida, y ya no queda mucho más que decir. Para peor, el departamento de la Marce era frío y yo, con parka, una manta de polar y otra parka ajena en la piernas, ya le había ganado al sueño una vez. No podría hacerlo dos veces. Menos a las 4 de la mañana.

«Oigan», dijo la Marce, «afuera hay un hueón que lo está pasando bien. En mi calle».

El Nico y yo saltamos. Dejé la manta y la parka en el sillón y me asomé por la ventana, mientras el Nico cedía su lugar frente al calefactor para hacer lo mismo.

Como palomas en la catedral del pueblo, nos pusimos lo más al borde posible y tratamos de ver lo que pasaba. Yo no sólo tenía la mejor vista por el ángulo en el que estaba ubicada (podía ver el parabrisas y el asiento del piloto), sino que de todos los que estábamos ahí, era la única ignorada por problema oftalmológicos, y podía ver de todo, incluidas proporciones. Todos nos reímos.

El piloto del Chevrolet Aveo blanco, estacionado en la vereda poniente de Guardia Vieja, estaba acompañado de una mina que, con un dominio increíble y una técnica impresionante, empezó a chupársela. "Mira cómo lo hace... La mina no tiene gag reflex", le comento al Nico. "La cagó. Y cacha, ni siquiera tiene que salir a tomar aire. Chuparla y saber respirar es peludo, no se engañen", me contesta.

La Marce sigue fumando y ni siquiera intenta mirar por la ventana. Pensar que es en su calle donde pasan estas cosas, me parece, la tiene con sentimientos encontrados. Además, los ojos de la Marce no son los más eficientes, por lo que si se mueve, sería solo pada asomarse a una calle nublada por la miopía (?) y una botella de Carmenere.

La mina se levanta, abre la puerta del auto, escupe un par de veces y vuelve a la faena. El tipo pone su mano en su cabeza y la presiona para que la rubia vaya más profundo, más rápido, más fuerte. La rubia. Más profundo. Más rápido. Más fuerte. La rubia. Más profundo, más rápido, más...

...y acabó todo.

La rubia abre la puerta para escupir una vez más mientras el tipo se limpia y luego tira el pañuelo desechable a la calle. "Loco, una cosa es que te la chupen en una calle totalmente iluminada, pero tirar los papeles con que te limpias a la calle o escupir semen en la cuneta, es otro nivel de care'rajismo", le comento a mi amigos, quienes se largan a reír.

Y es ahí que la mina sale del auto: baja, redonda, vestida con capas y capas de polyester negro para combatir el frío. Llevaba una bufanda a rayas negras y grises, y una cartera negra de plástico que se movía de un lado a otro mientras la mina sa acomodaba los pantalones. "Hueón, esta es la chupada más triste que he visto en mi vida. Puta la hueona mala", dijo el Nico. La mina se fue hacia Providencia y fuera de nuestro campo visual.

El Chevrolet Aveo seguía ahí cuando, pasadas las 5am, bajamos para irnos. El tipo seguía adentro, y contrario a nuestras elucubraciones, el tipo no era un viejo guatón y pelado con cara de pervertido, sino un tipo joven, con expresión simplona o más bien solitaria.

Lo vi y por un segundo él me miró. Me dio vergüenza y caminé rápido a tomar un taxi.