Saturday, January 29, 2005

Cuneta

Hoy hice mi primera irrupción en las calles Santiaguinas luego de haber recorrido las calles Europeas. Me agradó estar en casa, aun que en un momento la costumbre casi me gana y por poco le digo "grazie" a la mina de la boletería del metro. Cosas que pasan.

Me quedé de juntar con la Cami a las 10:30am en la Escuela Militar para ponernos al día y pelar el cable un rato. Salí corriendo de mi casa a las 10am creyendo que iba más que atrasada. Ví de pasada mi querida Providencia al compás de mi discman, que saltaba con cada paso que daba. (Comentario frívolo: mato por un IPod).
Sorprendentemente, llegué a la Escuela Militar alrededor de las 10:12am. No sé cómo, realmente no lo sé, pero a esa hora me senté en frente de la boletería a esperar a mi mejor amiga. A medida que el tiempo iba pasando, que el CD se iba acabando y que el ya centenar de adolescentes veraniegos habían tomado sus mochilas y sus sacos de dormir para ir a algún destino igual ó parecido a Reñaca ó Cachagua, me daba cuenta que la Cami no llegaba.
Eran las 10:30 y no llegaba. Las 10:45 y no llegaba. Las 11:00 y no llegaba. Traté de llamarla, y me dí cuenta de que una vez más, olvidé que estoy sin plata en el celular. Mierda. ¿Qué se hace en estos momentos? lo que no hace mucho comentaba con mi prima: volver a los 80', a la época donde el masivo movimiento de la telefonía móvil, más conocido como "celular" no existía y el teléfono público era tu mejor amigo. Afortunadamente, en esos tiempos, por no haber celulares, tampoco existían las tarifas de $200 para llamar a uno. Resignada, a perder lo que podría haber sido un viaje en micro, me dispuse a llamar a mi desaparecida amiga. Ella siempre tan oportuna, me llama cuando el segundo tono de la llamada empeiza a sonar.

"¡Cara! ya estaba empezando a pensar en formas de desollarte...."
"¿Desollarme? ¡te estoy esperando hace 3 cuartos de hora!"

Raro. Raro....

"Estoy abajo, en la boletería... ¿dónde estás?"
"Estoy arriba... ¡qué estupidéz!... bajo al tiro"

Fin de la llamada.
7min. después aproximadamente

"¿Dónde estás? ¡no te encuentro!"
"Quédate ahí... voy para allá".

Obviamente, su humilde servidora aquí "hablando", no se había percatado que en Escuela Militar hay dos boleterías. Tampoco me había percatado de que la Cami estaba en una, y yo en otra. Brillante. Rotundamente brillante.

Luego de aquél chasco que nos costó mucho rato de conversación, con la Cami nos encaminamos a la calle para ponernos al día. Hicimos la mejor salida: memorable y más que barata. Las bancas de una pseudo-plaza y la cuneta de un mini-market fueron los escenarios. Lo pasamos increíble. Ella me contó de lo había sido de su vida en el mes que yo había congelado. Yo le conté de la mía en el mismo período. Ella es lo único que nunca cambia. La misma ironía, las mismas risas. Ojalá los husos horarios fueran tan constantes como su inconstancia.... si saben a lo que me refiero.

¿Quién iba a pensar que no se necesitan más que dos personas para conversar... y una cuneta?


Thursday, January 27, 2005

Sospechosa preocupación

Acabo de saber que es otra la que vive todo lo que yo imaginé vivir contigo.
Según lo que me prometí a misma que haría, esto no debería molestarme.

Pero lo hace.

Tu inconstancia y tu ambivalencia me revientan.
¿Por qué esto me importa, y a pesar de todo lo que me ría y de todo lo gracioso que lo encuentre, me sigue rondando en la cabeza?

Por favor que no sean denuevo mis pesadillas las que me digan que aún debo olvidarme de tí.

Santiago Desierto

No sé si la gente que conozco se puso deacuerdo para salir en estas fechas, si es que todos decidieron hacerme la ley del hielo ó si es que justo me meto a MSN cuando ellos se salen por el aburrimiento, pero realmente, para mí, Santiago está desierto.
Pensé que a la semana de haber llegado iba a tener todos los regalos y souvenirs entregados, pero no. Aún tengo el bolso que me sirvió de equipaje de mano, al lado de mi cama llena de regalitos que me costaron 3 años para decidir a quién se los iba a traer, si los compraba ó no, y si le iban a gustar a quien se lo trajera (Eso sin contar el horror de hacer memoria de todas las personas a quienes no les trajiste nada. Eso cuando ya vienes en medio del Atlántico de vuelta a Santiago).

Anyway, la cosa es que estoy media desepcionada de mi vida acá en Chile, y la ausencia de mis amigos y conocidos hace que mi desepción y nostalgia por la casi caótica forma de vida que llevaba en Italia, sean aún mayores.
Acá todo se me hace más lento. Cada día se me hace una película muda en cámara lenta; muy de vacaciones en todo caso, y eso que no estoy en algún balneario medio desolado ni nada. Hecho mucho de menos el levantarse y empezar el día de una. Eso de estar a full ó de siempre tener algo qué hacer, y me revienta sobremanera esto de que sean las 10 ó las 11 de la mañana y no haya casi nadie en pie. Que no haya vida. Esa es la diferencia entre vivir en una casa donde la menor es una sola y tiene 13 años, a vivir en una donde las menores son 2 (casi iguales por cierto) y de 2 años y medio.

Aunque parezca muy raro, tampoco logro acostumbrarme a esto del verano. Para mí, pasar del frío al calor tiene que ser algo paulatino, y aunque sé que el verano no llegó derepente mientras yo estaba con una parka encima, esto de subirse a un avión con chaqueta, bajarse con ella en la mano y no poder soportar el calor a los 10 min. de llegar, es extrañísimo. También se me hace raro sobremanera esto de ver a la gente en la calle con shorts y polera. ¿Acaso nunca antes lo ví? claro que sí... pero luego de que alguien con un polerón grueso sea la persona más desabrigada que ves, es extraño.

En verdad no sé... me encanta haber vuelto a mi casa, a mi cama, a mi oso de peluche y a mis cosas; pero aún así me da algo de nostalgia cada vez que veo mi reloj y automáticamente le sumo 4 hrs. e imagino lo que estará haciendo mi prima en Italia.

Con todo este viaje, la idea de seguir la tradición familiar y emigrar a Italia en busca de algo mejor, está más patente que nunca. Mi madre no lo sabe. Tampoco mi papá. Y creo que son ellos más que nadie los que me enraizan a Chile. Mi mayor obstáculo (¿obstáculo? no... más bien la razón más grande para quedarme). Más que nada, es mi mamá la que me preocupa ya que es ella la que más sufruría mi ausencia. Hasta llego a pensar que se volvería loca. Siempre hemos sido compañeras en todo... hasta cómplices. Me sería demasiado difícil dejarla lejos y tan sola.

Son sólo ideas... son cosas que empiezo a cranear cuando me estoy quedando dormida gracias a la hermosa combinación del cambio de hora y los remedios de esta odiosa otitis (regalo de la docena de aviones a los cuales me subí y bajé) que me cansan y me dan sueño. Ideas que me vienen con el tiempo libre que me deja este Santiago desierto. Más desierto que Verona: donde mi desierto debiera ser más grande, pero por alguna extraña razón... no lo es.

Tuesday, January 25, 2005

Pseudo-masoquismo

Algunas veces tiendo a pensar que disfruto haciendome sufrir; que me gusta irme por donde sé que es más probable que me hagan daño. Bueno, no sé si es que disfrute con eso, pero es lo que siempre tiendo a hacer y no lo comprendo.

Recuerdo que he hecho cosas muy tontas para protegerme de que me dañen; incluso eso de alejar a la gente que te quiere antes de que ellos te alejen a tí. Parece que a eso le llaman el síndrome del puercoespín. Es algo gracioso pero con mucho sentido: nadie se puede acercar mucho al puercoespín sin hacerse daño.
De todas maneras, todo eso que he hecho para protegerme ha sido tonto y, a la larga, me he arrepentido porque he causado mucho daño. Miro hacia atrás y me doy cuenta de que dejé una relación por miedo a lo desconocido, porque no sabía lo que era que alguien me quisiera, porque la vez que lo intenté, no funcionó; porque tengo miedo que otra vez, me dejen de querer de un día para otro. Porque tenía miedo de arriesgarme. Y al mismo tiempo que me doy vuelta y veo todo eso, también veo que por cada vez que tuve miedo, hubo algo que dejé de vivir. Y me da pena. Me da pena porque después de eso, me siento y empiezo a contar lo que he hecho hasta ahora en mi vida y me doy cuenta que no es mucho. Me doy cuenta de que tengo 17 años y nunca me he enamorado. De que nunca me he hecho amiga de alguien que conocí en la calle. De que mi círculo se cierra sólo un poco más allá de mi colegio. Y me da pena. Y me siento como una tonta que ha tenido miedo de la vida misma.

Bueno... se preguntarán ¿qué tiene que ver todo esto con mis tendencias masoquistas? Mucho, de hecho.

Verán, en el último tiempo me he dado, más que nunca, cuenta de esta situación y he tratado de remediarla "jugándomela", apostando el todo por el todo incluso cuando hay muchas posibilidades de perder, y volviendo atrás a tratar de revivir causas perdidas. En resumen, abro las llagas de las heridas para tratar de que curen bien. La mayoría, hasta ahora, ha quedado abierta; otras se han convertido en cicatrices. Mas, ninguna, ha vuelto a comuflarse en mi piel.

Pero sigo abriendo viejas llagas... aún no sé por qué. Tal vez esperando que alguna se camufle nuevamente y se vuelva parte de mi piel.

Me revienta pensar que llego a ser media masoquista. Pero así soy: masoquista y muy extremista para mis cosas.

No crean que soy la única.

Véanse al espejo... alguna mancha de masoquismo debe haber es sus caras.

Saturday, January 22, 2005

Volando a casa

Nunca pensé que lo más rescatable que me dejaría este viaje al viejo mundo, sería un profundo amor por la tierra que dejaba atrás. Pensé ir a Italia para conocer ruinas, ver museos y chicos italianos. Pensé ir a París para ver la torre Eiffel, caminar por Champs Elysées y ver la Mona Lisa en el Louvre. Pensé ir a Barcelona para ver la iglesia de la Sagrada Familia y pensé ir a Londres para ver el Big Ben y sacarme una foto en Picadilly Circus.
Hice todo eso. Pero a cada lugar que iba, más me acordaba de Santiago; de Providencia; de cómo cada calle de Barcelona se parecía en algo a la Alamada, en cómo el metro de Paris (a pesar del asqueroso olor) me hacía sentir en casa. Ese pensamiento del hogar es algo que nunca dejó mi mente, no importa cuán impresionante fuera el paisaje que mis ojos disfrutaban en ese momento.

No se puede decir que ahora soy una viajera experimentada ni poco menos. Menos puedo decir que he visitado tantos lugares como para hechar demasiado de menos mi hogar; mas, he estado fuera el suficiente tiempo para darme cuenta que el aterrizaje que más disfruté, fue el aterrizaje en el aeropuerto de Santiago que la azafata anunciaba por 3 vez, en el 3 idioma, por los parlantes del avión. Lo mejor fue sentir los 25°C en la manga del avión y saber que la parka no iba a ser necesaria; lo mejor fue saber que esta vez no me quemaría las manos por la nieve, sino que por el inmenso sol de Chile.

Ya ni siquiera sé por qué es esto lo que cuento después de estar sola en España y en Inglaterra con 17 años, pero por alguna extraña razón, el saber de Gaudí y las ruinas romanas, no se compara con saber lo mucho que quieres el pedazo de tierra en el que naciste; especialmente si nunca fuiste muy patriota que digamos y veías el 18 de Septiembre como otro asado familiar.

Anyway... ¡qué bueno es estar de vuelta! lo único que quería era escribir algo en el blog desde Europa, pero es increíble como no se tiene tiempo. Especialmente cuando hay que hacer una ceremonia casi voodoo para conectarse a internet. Aún intento acostumbrarme al verano, volver a pensar en pesos y a comer algo que no sea pasta (no es que me queje, pero un poco de ensalada no le hace mal a nadie). Tengo unas ganas enormes de ver a mis amigos, de darles los souvenirs que compré para ellos y que me cagaron tanto la cabeza pensando si sería de su agrado.

Son tantas las cosas que pensé haciendo cosas cotidianas, tantos títulos para posts aquí... no escribí ninguno de ellos en un papel. Espero recordarlos eventualmente.

Es bueno volver a lo que se conoce. Es bueno volver a dormir en tu cama (aun que aún no lo he hecho). Es bueno entender lo que dice la gente por la calle sin tener que esforzarte demasiado.

Es bueno estar en casa.