Tuesday, May 31, 2005

Summer 04': Parte 2

- Antonia, ¿no te apesta estar aquí encerrada todo el día,
sin hacer nada? Sale, pásalo bien.- es mi mamá. Llegó sin siquiera tocar la puerta. Eso me enferma y lo peor es que ella lo sabe.
- Tal vez lo haga.
- ¿Y la Paula no te ha llamado?
- Sí… pero no quiero salir con ella.
- ¿No era tu mejor amiga?
- Sí lo es.
- ¿Entonces?
- Nada… me tiene media asfixiada.
- Bueno, ahí tú. Pero hazte un favor y sale, ve una película, compra algo…. ¡Qué se yo!
- Bueno… voy a salir entonces.


- ¿Aló, está Pablo?
- Con él… ¿Anto?
- Sí, ¿cómo estás?
- Bien ¿y tú?
- Bien también… ¿qué haces?
- Nada… viendo tele.
- Vale. Voy a estar en una hora en el cine del Parque Arauco, si quieres vas si no, no.
- Pero…
- Chao.
Y colgué. La valentía no dio para más.


No tengo nada qué hacer. Jugar con la boleta que ronda mi bolso desde noviembre parece ser la mejor opción, pero aún así no es muy entretenido. Bueno, por algo le llaman “esperar”, porque es lo único que haces, no se supone que sea entretenido.
Me da la impresión de que no va a venir. Hace cincuenta y cinco minutos lo llamé y todavía ni rastro de sus roñosas Converse rojas que, de venir, seguro traería. Al igual que ese pelo castaño-rubio que tiene, como si hubiese estado surfeando dos meses enteros en Maui.
5:20. Ya no vino. Mejor entro.
- ¡Anto!- Es él. Tenía razón: trajo sus Converse.
- Pensé que ya no venías- ¡Qué manera de verse exquisito!
- Me atrasé. Además, toma en consideración que no estaba vestido cuando me llamaste y tampoco me diste mucho tiempo.
- ¿Así que no tenías nada mejor que hacer, verdad?
- ¿Te parece?
- Creo que sí. ¿quieres entrar a la película ó mejor no?
- ¿Qué están dando?
- No tengo idea, ahora iba a ver.
- Filo. Vamos a vagabundear por ahí mejor. Por lo menos no te cobran por eso.

Después de salir del cine, me sentí mejor. Creo que me sentí mejor en el instante en que vi sus Converse arrastrando sus cordones llenos de tierra por el lobby.
Dimos vueltas por todo el lugar. Yendo de aquí, para allá. Sólo faltaba la música decente de fondo (había música, pero esa música ambiental que ponen en los malls. Me carga), y todo hubiese sido perfecto. Entramos a la Feria del Disco. Sonaba “Secret” de Maroon 5 en el ambiente y de pronto me sentí sola. Sola con él. Como si todos esos imbéciles que escuchaban los discos de Mekano, no existieran. Como si el tipo del mostrador no se hubiera percatado de mi presencia y de mi repentino sentimiento de sensualidad y menos aún de que yo lo notaba. Estaba en eso cuando me dijo:

- Estos imbéciles – refiriéndose a los tipos del disco de Mekano-
me tienen enfermo. Vámonos de aquí
- ¿A dónde vamos entonces?
- No sé… anywhere but here.

Fue así como terminamos saliendo del Parque Arauco y caminamos hacia la parte de atrás. Él me hablaba emocionado de que nuestra generación estaba perdida, perdida entre otras dos que eran una mierda: los mayores, unos huecos y los menores, peor. Yo sólo lo escuchaba y, aun que concordaba con que la generación que seguía era un asco, difería un poco en cuanto a la otra. Pero no quise entrar en polémica. Sólo escuché y seguí sus pasos. Me sentía plena, demasiado tranquila, como si no hubiese micros que me dificultaran escuchar su discurso medio existencial. Y fue ahí donde me bajó la duda: ¿me gustaba Pablo ó me tenía obsesionada, seducida? ¿Hipnotizada, tal vez? No sé.

- Venía aquí con la Maca. Nos echábamos en el pasto a
“conversar”, pero para variar, terminábamos agarrando hasta que se tenía que ir. Eso fue lo malo: solo agarrábamos. Aun que en el momento, no me quejé para nada.

Sin darme cuenta, terminamos en el Parque Araucano (irónicamente, atrás del mismo Parque Arauco) y cuando me di cuenta, estábamos en medio de todo y ni rastros de mall había. Estaba tan distraída, que ni siquiera me fijé en el comentario que hizo sobre la Maca, su ex, la cual me revienta los nervios por lo estúpida que es y Pablo lo sabe, al igual que sabe que me enferma que hable de ella.

Pablo paró y se sentó en el pasto y, por primera vez en los últimos minutos, se calló, y me quedó mirando.

-¿Nunca se te ha ocurrido… qué pasaría si tu y yo…?

Me hice la tonta por un momento.

- Creo que no se me había pasado por la cabeza.- le mentí.
- ¿Pero nunca se te ha ocurrido? ¿nunca has cachado si hay una cierta… onda?

Ni aun que hubiera sido una película, hubiese sido más perfecto.

- No. No sé en verdad.

Sonrió. Y se fue acercando. Olí su aliento. Dentyne de canela.

- Yo tampoco.

En ese momento tuve ganas de gritarle. De pegarle. De desmentir lo que acababa de decir, de decirle que me gustaba, que es un imbécil por no darse cuenta y un ególatra por tenerme así para el hueveo; porque él sabe que por lo menos me atrae, y a él, le encanta calentarme la sopa. Lo miré con la mirada más asesina que pude poner.

- ¿Y por qué preguntas?
- No sé, se me ocurrió.- ahí exploté.
- ¿Y qué si pasara algo? ¿y qué si sintiera algo? ¿y si hubiera onda y tu eres muy huevón para darte cuenta?

Me miró como si hubiera salido recién del Peral.

- ¿Qué?
- ¿Sabes qué? Ándate a la mierda.

Me paré y me fui. Más que profundamente herida y con el corazón roto como algunos lo pondrían, hirviendo de rabia. ¿Quién cresta se cree él para venir a huevearme así? ¿Quién cree que soy? ¿La Maca? Si eso cree, que se vaya a la mierda. Tengo mejores cosas que hacer. Mejores personas en que pensar.

Sunday, May 29, 2005


Puntos de convergencia. Lugares donde nunca más los verás... gente que nunca mirarás a los ojos.Posted by Hello

Saturday, May 28, 2005

Summer 04': Parte 1

Es raro el hecho de que, en verdad, no tengo ganas de salir. También es raro el hecho de que lo anterior, me importe. Estoy tirada en el suelo de mi pieza, ideando formas con qué arreglar esa mancha de humedad que tiene mi techo blanco y que me molesta sobremanera. Me llaman casi todos los días y yo miento pretendiendo que no estoy, que salí ó que estoy muy ocupada. ¿Haciendo qué? Gracias a Dios, eso no se les ha ocurrido preguntar, ya que no creo ser capaz de inventar otra mentira que avale la anterior.
Santiago está desierto. No hay absolutamente nadie. Todos en la playa, todos de vacaciones, todos en Cachagua, carreteando en la noche para llegar a acostarse a las 10 de la mañana del día siguiente y levantarse con el hachazo a las 4 de la tarde. Así es la vida de algunos. Y créeme: la envidio. Pero no, estoy aquí, en Santiago, mirando el techo y pensando en lo bien que lo están pasando otras personas. Soy patética.
Por cierto, me llamo Antonia, tengo 16 años y estos son los mejores días de mi vida, los cuales paso echada en mi pieza viendo tele.

- Antonia…. Teléfono- es mi prima chica. Se ha quedado con nosotros unos días para escaparse de su vieja, que la tiene más como empleada que como hija.
- Se te olvidó de nuevo.
- ¿Qué cosa?
- Decir que no estoy.
- Ah… verdad. Pero ya cagaste, tienes que contestar. Toma- me dice y me pasa el auricular, mientras yo la miro con la cara más maleante que puedo poner. Suspiro y me hago la amable.
- ¿Aló?
- ¿Esa era tu prima, verdad?
- Sí… la de la otra vez.- Es la Paula
- Tienen la voz muy parecida.
- No me ofendas, por favor.
- Bueno. Vamos a salir hoy día ¿Quieres ir?
- ¿A dónde van?
- Al cine… pero no sabemos qué película ver.
- Tengo cosas que hacer.
- Estás muy ocupada últimamente, ¿ah?
- Sí, tu sabes, haciendo cosas aquí y allá…
- Si no quieres salir sólo dímelo.
- ¡No es eso! Es que…
- Filo, mañana hablamos ¿ya?
- Cómo quieras…
- Chao.

La Paula es mi mejor amiga. He estado con ella en hartas cosas, pero ahora, no quiero nada de nada. Sólo estar en mi casa y tratar de descifrar qué cresta hago aquí. Pero si le digo eso, ella no lo entendería. Sólo me vendría con la misma huevada de que estoy desaprovechando mi juventud tirada en el piso y viendo el techo, que me pierdo de la mitad de mi vida haciendo nada y que el mundo pasa y el tiempo también y que sólo me daré cuenta de eso cuando ya sea demasiado tarde.
Si me diera ese discurso de nuevo, lo más probable es que, sólo para callarla, tomaría mi bolso, me vestiría más decentemente y saldría con ella a pretender frente al mundo que soy una huevona más que le encanta esta vida y que no puede esperar a que el mundo se caiga a sus pies. Como el tipo de mina que aparece en las series gringas, que pierden su virginidad con un imbécil y que luego lloran y se la sufren para encontrar, finalmente, a otro imbécil igual al anterior, pero que usa una polera distinta y que le parece más fascinante. Pero a fin de cuentas, es el mismo pelotudo.

Me paro y voy a donde la Carla.
- Para la otra trata de acordarte las cosas que te encargo. No estoy para nadie. Acuérdate.
- ¿Cuál es el afán de quedarse en la casa y no recibir llamadas? – me dice como para pillarme y darse la oportunidad de decirme algo profundo.
- ¿Cuál es tú afán de quedarte en el computador todo el rato hablando con gente que en tu vida has visto?
- Eso es problema mío…
- Esto también es problema mío. No te pido nada muy extraordinario, sólo di que no estoy. ¿Puedes hacer eso ó es muy difícil?
- Estamos simpáticas ¿ah? Sí, sí puedo.

En verdad, no es que no quiera recibir llamadas. Lo que pasa es que no quiero recibir llamadas de la Paula, me da lata tener que inventarle más excusas. No por el hecho de herirla, sino sólo por ahorrarme problemas. El caso de Pablo es diferente. Creo que sería capaz de pagarle a la Carla para que me pasara una llamada de él. Lo malo es que él llama cuando quiere no más; eso es lo que me apesta: me invita a salir cuando no tengo ganas y, cuando quiero salir con él, se desaparece por semanas enteras. En verdad lo que más me apesta es que yo sea tan saco de huevas de no atreverme a llamarlo e invitarlo a él. Eso sí que es peor.
No. Creo que lo peor, es sentirme tan chica al lado de él. Me siento tan superficial, tan cabra chica. Es ahí donde se le notan los 2 años más que yo que él tiene. Y eso es poco, considerando que hasta hace una semana, yo pensé que eran 3. No debería importarme, pero me importa. Me persigue.

Thursday, May 26, 2005

Thesis statement: Rejection to growing

En inglés me están haciendo escribir un ensayo que tenga que ver con "The Catcher In The Rye". Nos dijeron que probaramos algo con Holden como ejemplo (Holden es el protagonista de "The Catcher InThe Rye" para aquellos que no lo han leído). Yo, personalmente, tomé la negación a crecer como el tema de mi ensayo. He estado dando vueltas el libro y la internet para escribir, lo más convincentemente y con tanta autoridad como un psicólogo certificado, que Holden tenía una fobia a crecer y a todo lo que tenía que ver con dejar el simple y hermoso mundo de la niñéz. Al hacer esto y llegar a mis argumentos, me dí cuenta que en cierta manera, también sufro lo que sufre el pobre-no-tan-pobre Holden Cauldfield: yo también tengo un poco de fobia a crecer. Por supuesto que no voy a dejar todo de lado para vivir en una cabaña y en un lugar donde nadie me conozca, ni tampoco tengo como sueño estar en el borde de un acantilado tratando de evitar que niños inocentes caigan en la maduréz; pero sí tengo el miedo a tener que ser responsable, a tener que cambiar y, por sobre todo, a estar sola conmigo misma.

Y es que es inevitable: tarde ó temprano todos caemos en el bendito acantilado y no hay ningún guardián en el centeno que pueda evitarlo. Todos vamos a tener que asumir que no hay nadie más a quien hecharle la culpa, más que al bendito reflejo en el espejo; que no hay nadie que nos ayude con lo que tenemos que hacer; que no hay consideraciones especiales: que estás solo frente al mundo y lo más parecido a la compañía, es esa silueta de tí que te observa y se ríe cuando caes. Fuera de eso, eres tú versus la realidad.

Antes de eso, todo es más fácil: no faltaba la excusa que dar, el justificativo que mamá te hacía para enmendar tu error, la segunda oportunidad que te daba la vida porque no sabías más que eso, ni tampoco faltaba a quién culpar por lo que dejaste de hacer. No hay una verdadera responsabilidad, no hay una verdadera soledad. Pero de lo que no nos damos cuenta, es de cuando aprendemos a pedalear solo, cuando nos damos cuenta que estamos solos, que hemos caído.

Cuando mi viejo me enseñó a andar en bicicleta, él afirmaba la bicicleta desde mi asiento mientras yo me preocupaba de pedalear y sostener el manubrio, sabiendo que en todo momento, mi padre estaba ahí afirmándome para no caer. Fue entre pedaleo y pedaleo que no me dí cuenta que mi padre no iba detrás de mí, sino que estaba en la esquina de la calle saludándome emocionado mientras su hija andaba en bicicleta por primera vez. Obviamente que después de darme cuenta de eso, entré en pánico y tuve un cercano encuentro con el pavimento de la calle.

El caso es que pasa lo mismo cuando crecemos: los padres siempre están ahí detrás de tí, hasta que sin darte cuenta y muy poco a poco, ellos empiezan a retirarse. Luego, ves detrás de tí y te das cuenta que andas solo, y que no sólo andas a velocidad media, sino que ahora puedes volar sin que papá sostenga tu asiento.

Creo que estoy un poco asustada de eso: de que suelten mi asiento y me pase lo mismo que me pasó cuando aprendía a andar en bicicleta. No debería estar asustada, pero lo estoy.

Si en el fondo, soy una niña. De cuarto medio, de 17 años y de 1,75mtrs., pero aún así una niña. Una niña que siente el borde del acantilado en las plantas de sus pies y la brisa la balancea hacia atrás y hacia adelante... un paso de la niñéz; a un paso del acantilado de la madurez.

Wednesday, May 25, 2005

Imágenes andantes

Y los ves caminado por la calle como a cualquiera. Ni siquiera los diferencias del resto de la gente. Son personas que parecen ser reales, cuando ni siquiera son una copia de otra: son hologramas; representaciones gráficas de una realidad inexistente que ellos mismos se inventan para poder camuflarse entre las masas. Ellos no son. Ellos existen, respiran, pero no son nada. Hasta ellos mismos han perdido la noción de la realidad y desconocen qué es lo que tienen dentro, qué es lo que realmente piensan ó cómo realmente se sienten.
Viven detrás de una muralla que se construyen paso a paso con los ladrillos de otras personas: una muralla que sacia a todos de una u otra manera, y que por ende, los sacia a ellos. Pero siguen sin ser nada. Siguen siendo una mera idea de persona que no existe; una persona que más que una persona, es un personaje que nunca sale del actor. Para ellos eso es la vida: un acto, una obra, una mentira.
Te veo todos los días y cada vez que me hablas tienes algo diferente. Cada mes eres una persona totalmente distinta, y desde que te conozco, nunca te he visto como realmente eres. Siempre dices lo que la gente quiere oír, siempre haces lo que se espera de tí y siempre piensas una reflexión comunitaria. En cierta forma, me das pena. No lástima, sino que pena. Debe ser horrible llegar a casa todos los días para verte en el espejo con la cara descubierta de esa máscara que te pones para enfrentarte al mundo. Debe ser horrible pensar diferente que otra persona y tragártelo todo por miedo a que te recriminen, por miedo a autorecriminarte.
Te diría todo esto a la cara, pero seguirías con tu acto y me mandarías a la mierda como lo has hecho tantas veces; harías lo que tus amigos esperan que hagas, y me dirías que no me meta en tus asuntos. Y tendrías razón. No es de mi incumbencia y realmente, tampoco me importa. Sólo quiero que sepas que lo noto; que ya conocemos tu acto y sabemos cómo terminará la obra, al igual que sabes que inmediatamente después empezará otra. Y así seguirás hasta que un día, tengas que salir de la burbuja en que vivimos todos y te enfrentes con la gente que no te tiene paciencia, con aquellos que conocen tu acto sin siquiera haberlo visto y no les gusta. Y no lo quieren ver.

Eres una imágen andante. Eres un holograma que vaga por los pasillos. Eres un intento fallido de realidad. ¿Quién escogerás ser cuando te quedes solo? ¿De acuerdo a quién construirás tu muralla?¿Cuál será la forma que adoptarás?

¿Quién eres? ¿Acaso te conoces siquiera?

Monday, May 23, 2005

Rutina

Con este frío me dan ganas de salir a caminar un rato. Caminar sin tener un rumbo predeterminado, sólo para ver qué pasa. Caminaría con las manos escondidas en los bolsillos de mi parka y con los oídos protegidos por los audífonos que escupen música ambiente, sólo para poder sentirme en una película con soundtrack. Sin darme cuenta, estaría caminando por Pedro de Valdivia y, al llegar a Providencia, me bajaría la urgencia de hablar con alguien; de econtrarme con alguien casualmente y no hacer nada más que hablar. Bajo esa urgencia, me vería a mí misma ir a lugares donde he estado con gente que me importa ó donde podría llegar a encontrarmelos de casualidad. No es por el azar que me he visto bajando a la estación del metro y me quedo ahí parada como una idiota, esperando que de pronto la gente se disuelva en el espacio para dar cabida a la persona que espero. Y lo he hecho varias veces y al hacerlo, realmente no entiendo por qué. Nunca me encuentro con nadie por más que quiera que así sea.
Luego de ir a todos esos lugares y no encontrar a nadie, me sentaría en un banco y miraría cómo pasa la gente, los autos y cómo el viento se lleva las hoja de likidambar. Lo más probable es que me ponga triste al darme cuenta que no tengo con quién compartir todo eso, que me ponga nostálgica y hasta me den ganas de ir a mi casa, acostarme y ver TV para sacar mi mente del asunto. También me ha pasado. Pero no; hoy no. Hoy no dejaría que el viento y el frío me deprimieran. Hoy, cambiaría el track de mi CD y pondría una canción con menos contenido que un capítulo de "The Ashlee Simpson Show", me pararía y seguiría caminando... más bien bailando por la vereda. Empezaría a cantar la canción en silencio, a la vez que cierro los ojos y me siento como en un video; empezaría a caminar más rápido y llegaría a correr un rato y, si es que la verguenza no me supera, llegaría a cantar la canción en voz alta. La gente me miraría raro y yo sólo sonreiría.
Creo que eso haría hoy. Pero lo más probable es que me quede en mi casa, escuchando la canción sin contenido en la intimidad de mi computador y bailando como idiota al frente del espejo del baño (cada una baila como puede... y lo peor es que no sería la primera vez que lo hago). Haría lo mismo, sólo que sin moverme: buscaría a gente con la que me gustaría hablar en algún lugar común. Estaría en MSN para ver si se conecta, para preguntarle qué es lo que hace y tomar el desafío de esperar una respuesta que nunca llega (cómo me revienta que hagan eso). Y sería eso.
Nada de bailes por Providencia, nada de búsqueda en el metro, nada de nostalgia por las hojas de likidambar. Sólo la mera rutina. Yo no sé por qué miran a la rutina tan en menos. Yo la amo... ó al menos la aprecio.

Just the same old rutine... the same old habits... and, you know what? I'm not complaining

Sunday, May 22, 2005


De lado y en negativo, las cosas pueden parecer distintas... incluso mejores. Posted by Hello

Saturday, May 21, 2005

Confesiones entre líneas

Hace un rato leía el capítulo 3 de "Rayuela" por segunda vez. En algún momento me perdí en la idea de unas buenaventuranzas urbanas, y no pude seguir con las ideas ramificadas de Cortázar. Empecé a pensar en todas las cosas que son difíciles de hacer, en todas las cosas que me (nos) da miedo hacer y cómo son felices quienes sí pueden hacerlo:

Felices los acompañados, pues en la carencia de uno, está la fuerza del otro.
Felices los originales y coherentes, pues ellos son los únicos que pueden verse al espejo y negar que viven una mentira.
Felices los que buscan el amor más allá del sexo, porque son ellos los que, luego de tanta espera, encontrarán algo mucho más grande que ambos.
Felices los consecuentes, pues son ellos los únicos que morirán con la conciencia tranquila.
Felices los mentirosos, pues viven en un mundo eternamente hermoso.

Creo que, en cierta forma, me da miedo estar acompañada. Tal vez porque tengo miedo de desilusionar a la persona que está conmigo ó porque me tenga que ver enfrentada a su eventual éxodo de mi lado simplemente por revelar mi alma.

También creo que me es difícil ser consecuente con lo que pienso; no importa cuánto me lo repita a mí misma, a la larga sí terminan importandome las opiniones de los demás. Me confieso insegura, es una de mis tantas fallas.

De lo único que no tengo miedo, es de esperar al amor. Admito que algunas veces me he preguntado por qué lo hago y por qué no corto por lo sano. Sería tan fácil inyectarme la morfina de un cariño falso que se disfraza de beso y poder acostarme cada noche con una preocupación menos en mi psiquis, con una inseguridad menos en el espejo y sin el peso enorme en mi subconciente que no para de preguntarse qué es lo que hago mal. Sería enormemente fácil y, a pesar de que no juzgo a quienes lo hacen ni tampoco los piensos hipócritas, yo no lo hago. Simplemente sigo con el peso del tiempo y la espera en mi espalda, hasta sentirme una piedra en el camino de muchos que pasan y luego se van; dejándome justo donde empecé. Pero creo que no tengo miedo de seguir esperando. Llámenme ilusa e inocente, pero tengo la esperanza de que tarde ó temprano, tendré a alguien con quien reírme mientras vemos el techo de alguna habitación.

Soy una mentirosa. Me confieso una mentirosa: no tengo problemas en mirar a alguien a los ojos y camuflar la realidad en una sarta de palabras lindas y baratas. Soy una mentirosa... una mentirosa a medias. A pesar de mi frialdad para inventar historias sin siquiera una arruga en mi naríz, ni una mancha en mi conciencia, aún no me he visto capaz de mentir a la gente que realmente me importa. Y es que no puedo. Uso las mentiras como una especie de escudo, una formade no mostrarme tan estúpida e inocente frente al mundo. Pero la verdad de las cosas es que lo soy. Soy una niña, soy una estúpida y soy inocente y hasta ingenua; pero eso sólo lo pueden decir los integrantes de mi círculo. Cualquiera me podría catalogar de una persona dura, irónica y hasta inmutable frente algunas cosas; esa es parte de mi personalidad, un rasgo que se rodea de otro tanto de ingenuidad, de palabras, pensamientos y confesiones melosas, de lágrimas entre retos y de risas cuando no entiendo algo.
En mi calidad de mentirosa, algo de un mundo irreal vivo. Un mundo irreal y hermoso que se manifiesta en ciertos días de la semana, cuando mi honestidad con el resto de la gente se esconde tras una sonrisa y un par de saltos hiperkinéticos. En otras palabras, puede que no sea capaz de mentirle a mi círculo, pero al parecer sí soy capaz de mentirle a mi centro: a mí. En esa mentira, yo sigo siendo una niña y no puedo decir que me molesta.

Felices los que viven así. Felices los que se saben así. Felices los que van más allá. Felices los que perseveran. Felices los que miran más alto. Felices los que ven el vaso medio lleno.

"Felices los que eligen, los que aceptan ser elegidos, los hermosos héroes, los hermosos santos, los escapistas perfectos"

Julio Cortázar ("Rayuela")

Tuesday, May 17, 2005

Analogías literarias

Soy una dejada. Ultimamente me he puesto a darle vueltas al asunto y, a mi pesar, llegué a la definitiva decisión de que soy de esas personas que empiezan entusiasmadas y dejan todo a medias. Los libros son ejemplo. Tengo una lista enorme de libros que quiero leerme. Me los consigo, los empiezo, me embalo y después los dejo ahí... pendientes. Lo peor es que no dejo de leer, sino que me empiezo con otro que no me aguanto tener ahí sin empezarlo. Es así como tengo "Porno", "The Vampire Lestat" y tantos otros más dando vueltas por mi escritorio sin ser leídos.
Lo mismo me pasa con las relaciones. Cuando conozco a alguien, me entusiasmo con esa persona, quiero conocerla, salir con ella y todo lo demás. Pero llega a un punto, en que simplemente no se puede, ya sea por horarios coincidentes ó cualquiera de esas cosas banales que no te permiten hacer lo que quieras. Y ahí quedan. On hold. Ahora, es distinto el no poder dar vuelta la página a una relación y pasar al siguiente capítulo, a no querer dar vuelta la página porque sabes que aquél, es el último capítulo de un libro que no quieres terminar. Eso también me pasa. Y mucho.

Caso#1: Un libro que empecé el año pasado. Me entusiasmé tanto que creí tener el último y mejor best seller en mis manos. Pasé de capítulo en capítulo, viendo lo lindo que iba; pero a medida que avanzaba, me daba cuenta de que en cada página, yo me iba haciendo más protagonista que el mismo protagonista de la historia, y me ví a mí misma leyendo un libro sobre cómo me la sufría por alguien que, al parecer, no me pescaba ni en bajada. Trágico, pero verdad.
Con este libro siento algo así como síndrome de negación: tengo muchas más páginas en mi mano izquierda que en la derecha, sé que el decenlace se acerca y que el punto final está a la vuelta de la página. Pero me niego a llegar a él. Me niego a dar vuelta la página para encontrarme con un sólo párrafo y otra página, esta vez, en blanco. Así que lo dejé ahí: on hold.

Caso #2: Un libro que me acaban de prestar. Me lo prestó uno de mis mejores amigos. No supe que lo tenía hasta que lo ví dando vueltas con él en los recreos. Nunca pensé que fuera capáz de leer ese tipo de literatura, pero lo hacía, y terminé haciendolo yo también. Lo empecé hace poco, el principio era entretenido y con cada página que pasaba, se hacía (y se hace) más fascinante. Con lo fascinante de este libro, vino también lo complicado. Este libro no es un libro que puedas leer a la ligera. Este libro te atrapa y te presenta un enigma en cada capítulo.
Siento que no estoy lista para este tipo de novelas. Siento que no es lo mejor leer este libro ahora. Quiero dejarlo ahí un tiempo para ver si es que eso me capacita para poder leerlo eventualmente. Pero hasta ahora, no he podido hacerlo. No he podido soltar el libro ni un minuto. Le he pedido ayuda al amigo que me lo prestó, quien con todos sus esfuerzos, trata de distraerme. Pero cuando se ausenta por un minuto, ahí voy y tomo el libro nuevamente para sumergirme en su infinidad de letras.
Quiero dejar este libro. Necesito dejar este libro. Tengo que dejar este libro.

Voy a empezar "Rayuela". Tal vez así se me despeje la mente.

Un libro para dejar otro libro. Un clavo para sacar otro clavo. Un amor para olvidar otro.

Saturday, May 14, 2005

"Por favor, deje su número y un mensaje..."

Ese día me sentía derrotada; sola. Me sentía en el medio de un huracán de emociones ajenas, donde la única que me pertenecía, era la frustración. Todos corrían, todos reían, todos hacían recuerdos memorables y decían palabras que trascenderían en sus existencias. Yo no hacía ninguna de esas cosas. Yo simulaba ser una mariposa dentro de un capullo y me alienaba del resto; porque no quería oírlos pasarlo increíble mientras me sentía tan miserable; porque no estaba ahí.
Fue en ése momento en que me acordé de tí; en que por alguna razón, me dieron ganas de hablar contigo a pesar del ataque de atacaba el pudor a llamarte y hacer parecer todo natural.
Decidí que no tenía por qué hacerlo.Decidí que quería hablar contigo y lo haría. Y te llamé. Y esperé. Y no contestabas. Y no contestaste. Las ganas de hablar contigo quedaron ahí: en una llamada perdida y en una esperanza de que llamases de vuelta.
Fue en medio del caos y después de un rato que la esperanza se volvió hecho y me llamaste. Yo seguía en mi capullo anti-masas cuando el celular me sorprendía una vez más. Creí que nunca vería tu nombre en aquella pantalla, y fue justamente eso lo necesario para hacerme salir del lugar corriendo y buscando silencio para escuchar tu voz y sentirme aliviada.
Grande fue mi sorpresa cuando me contestó una tipa que me decía que tenía una llamada perdida desde mi celular. Peor aún fue la sorpresa cuando me dijo que había sido ella la que había recibido el mensaje que escribí para tí la semana anterior. El color rojo carmín que tomó mi cara en ese instante, era la mezcla entre la verguenza y el odio.
No creí que me hubieses dado tu número erróneamente a propósito. Eres un pelotudo y has caído bajo, pero me resisto a pensar que pudieras caer TAN bajo. Tampoco creí que te hubieses confundido.... aun que con tu memoria es más que fácil comprenderlo.
¿Qué había sido entonces?
Realmente no me importó.
No sé por qué, pero el hecho de que no me haya podido comunicar contigo, me hizo darme cuenta de que no vale la pena. De que tengo razón, y que, a pesar del cariño, nunca funcionaría. De que no necesito que vengas y me salves de mi incertidumbre, me digas que todos son unos pelotas y abras mi capullo, para que sea una chica más feliz mirando a todos desde un síndrome de superioridad tan grande como tu ego. No. No lo necesito. Tampoco necesito tu nombre en mi celular. No necesito el hecho de tener que tramitar, sacar un número y pedirte una cita en tu ocupada agenda: necesito que estés ahí cuando te necesito.

Es por eso que tu nombre no figura en mi lista. Es por eso que seleccioné tu nombre y apreté "Borrar": porque eres una pesada carga sobre mis hombros y mi alma, porque eres un camino que no me lleva a ninguna parte y, por sobre todo, porque eres un número incomunicable. Que no tiene conexión. Que no tiene sentido y que sólo está conformada por una voz femenina que te dice una y otra vez: "Por favor deje su nombre..." (y como si se le olvidara decir algo) ..." y un mensaje":

Hola, soy Sandra... lamento informarte que eres un número borrado de mi lista. No tengo cómo comunicarme contigo. Si quieres hablar, sabes cómo hacerlo. Si no estás interesado, mejor deja las cosas como están y olvídate del capuccino que nos tomamos aquel 14 de agosto.
Bip.

Wednesday, May 11, 2005


Sería mi Mr. Right... si no estuviera ya casado y no a miles de km. de distancia... y si lo conociera claro! Posted by Hello

¿Cuándo?

Tal como le pasa a una treintona que ve a sus amigas y compañeras de soltería caminando por el altar, yo veo a mis amigos llegar un lunes en la mañana para decirme que su soltería encontró su final. Provisorio, pero final de todas maneras. Emocionada les digo que los felicito y sonrío cuando ellos, con una cara chocha indescriptible, te cuentan toda su historia de amor como si fuera una película. Y te sientes feliz por ellos. No cabe duda: tu amigo encontró novia, todos están felices y contentos. ¿Qué más se puede pedir?.

A la vez que pasa todo esto, piensas que sí, que sí hay algo más que se podría pedir: un novio para tí (ó una novia en el caso de los hombres). Y es que mientras todo el mundo escucha atento a tu amiga contar su romántica historia, tu sonríes con ella al mismo tiempo que te sientes como si estuvieras sentada en una sala de espera, con número en mano, esperando una llamada que no llega. Un número que no gritan. Y sigues sentada ahí, esperando ilusionada a que digan tu número mientras arrugas el papel en tus manos sudadas por el nerviosismo. Derrepente, sientes que gritan un número; lo escuchas con atención y abres tu mano sólo para encontrar que ése, no era tu número. Era el número de la persona de al lado, y sintiendo una combinación rabia/tristeza, ves a la tipa que tuviste al lado más de una eternidad, irse del brazo con el chico que quería. Y te quedas ahí... esperando a que llamen tu número, asumiendo otra larga espera.

Es horrible darse cuenta que en verdad, es eso lo que sientes. Que no puedes sólo estar feliz por tu amiga ó por tu amigo, sino que siempre está ese escozor por dentro, preguntándote cuándo será el día en que seas tú la que tengas a todos tus amigos al rededor, escuchando tu hermosa historia de amor.

Cuando la Coni me contó de su pololeo, tuve en dudas en cuanto quién estaba más feliz: ella ó yo. Me sentí muy hueca cuando me dí cuenta que las dos saltabamos como estúpidas mientras me contaba todo, pero no me importó. No fue sino hasta que vino mi mejor amigo y me dijo "Sandra... y tú ¿cuándo?" que me dí cuenta que la Coni me había dejado sola en la sala de espera y que yo seguía ahí, número en mano, esperando a que me llamaran. No supe qué decirle. Me hubiese encantado contestarle y recitarle todos los argumentos correspondientes al caso... y lo hubiera hecho de saber cuáles eran. Me quedé ahí tratando de inventar excusas. Ninguna de ellas funcionó, y el único recurso que me quedaba era cambiar el tema. Lo hice y empezamos a hablar de algo que ya no recuerdo... mientras yo trataba de responder la pregunta a mis adentros sin encontrar ninguna respuesta.

Desde entonces, sigo haciendome la misma pregunta: ¿Cuándo será el día en que griten mi número?, ¿cuándo podré irme de esa maldita sala de espera?, ¿cuándo podré botar el papel que, ya casi no tiene número pues se lo ha comido el nerviosismo y la impaciencia?.

Y me reitero: ¿Cuándo?

Friday, May 06, 2005

Números en un canvas: teoría del balcón.

Tuve un pasado matemático. Tuve un pasado donde las 3 horas reglamentarias de matemática, no eran suficientes y tenía que tener 3 más. 6 horas de matemática a la semana. Tuve un pasado felíz en mi matrix personal, donde todo se traducía en números y un dolor de cabeza al final de la clase.
Tengo un presente artístico. Tengo un presente donde las formas se ven como conceptos, donde ya no puedes ver tranquilamente algo sin fijarte en las estúpideces como la forma, el color, el matíz, la estructura, el valor y todas aquellas cosas que eran lindas cuando ibas en 8vo básico. Tengo un presente infeliz entre trabajos tontos, miradas complacientes y entre la destrucción del ego que recién se recupera de la crítica de la clase anterior.
Sí, cambié mi calculadora por un pincel; mi portamina por un carboncillo y mi lindo cuaderno por una croquera. Y no, no estoy felíz. Mucha gente me diría que estoy loca. Que, obviamente, dibujar, pintar y todo eso, es harto más entretenido que estar todas las clases entre cuatro paredes resolviendo ecuaciones y aprendiendo cosas que, en tu vida vas a usar, a menos que titularte de ingeniero, conforme un ítem en tu plan existencial. Y sí, puede que, en cierto grado, eso sea más entretenido... pero no es mi caso. De alguna manera, han convertido el dibujo (que es algo que siempre he desfrutado y he hecho desde que tengo memoria) en algo horribley hasta tedioso. Tampoco es lindo cuando cada clase te tratan como a un idiota. Y no exagero: IDIOTA.
Verán, los que estamos en mi clase de arte (eje artístico para los que entienden la jerga) somos aquellos que no estuvimos el año pasado en la susodicha clase y que, como yo, disfrutaban sus días ya sea hablando del existencialismo de algún filósofo, recogiendo hojitas y bichos ó resolviendo ecuaciones que nunca creíste tenían solución. Es por eso que el depto. de arte de mi colegio, hizo una operación de "separación por el bien de los fieles al arte". Me explico: a todos aquellos que no dimos nuestros dos años enteros al eje artístico, nos ponen en una clase aparte (algo así como "Art for dummies Vol. I"), nos tratan como imbéciles y esperan que, eventualmente, hablemos de Bauhaus como si fuera nuestro nicho primario. Es así que he tenido que quedarme adentro de una sala, bancandome que me miren desde algún tipo de balcón mientras miro por la ventana al resto de los artísticos que van a dibujar al metro. No es nada de como me lo imaginé. No es como lo que yo tenía. Es peor. Mucho peor.
Dicen que el arte, es una rama muy competitiva y sufrida. Que muchos la ven en menos, que muchos se involucran y pocos sobreviven. Es cierto. Lo malo es que, después de todo, no quiero ser artista. Tengo dudas sobre si estudiar ó no arquitectura. Tengo dudas sobre si es que hice lo mejor ó no al dejar mi clase de matemática. Tengo dudas sobre si es que quiero seguir aquí.
Sobre lo que no tengo dudas, es si es que soy feliz ó no en el plan artístico y sobre si es que me cambiaría ó no. No, no soy feliz en el plan artístico y no, tampoco me cambiaría. Por alguna extraña razón siento que estoy haciendo lo correcto; que a pesar de que no me guste ahora y de que me la sufra mucho y de que patée la perra cada vez que terminan las primeras dos horas del lunes y del viernes, se supone que esto es lo que debo hacer: que mi ego debe ser destruido una y mil veces para aprender a no sucumbir ante comentarios imbéciles. Que tengo que dibujar una y mil veces para poder satisfacer una profesora que odia mi trazo y aprender que no tengo que satisfacer a nadie mas que a mí misma. Que tengo que putear al plan artístico todos los primeros recreos del lunes y el viernes por todo lo que resta del año, para aprender que sí me sirvió de algo. Seré una especie de víctima; aun que no una mártir: Me niego a sucumbir subyugada por el arte y figurar en la lista de sus desertores. Me la sufriré y cuando termine todo, miraré hacia atrás y me daré cuenta que todo sirvió de algo y que todo valió la pena: aprenderé que la gente idiota, se ve aún más idiota cuando te dejan de ver desde un balcón y te miran hacia arriba.

PUNTO APARTE: "Lucky" pasó a la historia. No fue solo uno el que leyó el post de la "tropa de idiotas"; parece que fueron más. Britney Spears se incluye a la banda sonora de una serie numérica.

Tuesday, May 03, 2005

1, 2,3... esto es sólo una prueba

Y empezaron los llamados "simulacros de PSU". Para mí, eso de simulacro me suena más a una etapa de la operación Daisy ó algo así, pero a las autoridades escolares, por alguna extraña razón, les gusta ése término. En fín, hoy tuve el primer ensayo tipo "simulacro" en el colegio. Con esto de simulacro, quiero decir que no sólo te sientas a perder 2 horas y media de tu vida, sino que vas a salas donde te separan por RUT y tienes que entrar carnet en mano y hacer toda la parafernalia que involucra participar en el peor sistema de educación superior del mundo.
Así que ahí estaba, en una sala de clases normal, con mi lápiz número 2 en mano tratando de tomarme en serio aquella prueba que se me presentaba en un cuadernito. Creo que la presentación física del facsímil en cuestión, no me inspiraba mucho respeto. Me recordaba a esa guías que te pasaban en música, que no duraban más de los 45 minutos que duraba la clase (si es que no menos), y terminaban alfombrando el suelo a la hora del recreo.
El primer ensayo fue el de verbal. Me fue mejor de lo que esperé. Me aburrí menos que la vez anterior. No quiero cantar victoria. Ya veremos qué dicen los puntajes.
Una historia diferente fue el ensayo de matemática... "mi fuerte". Ja. Subestimé al cuadernito ese. Lo admito. Jugué una especie de ping-pong con las preguntas: contestaba una y omitía otra. Llegaba hasta ser gracioso. En resumen, me fue como las pelotas. El cansancio psicológico me superó y terminé tirando la toalla. Cero remordimiento. Cero cargo de conciencia. Sí, soy mediocre; demándenme.

Anyway, post ensayo, seguí en la onda de "vida universitaria" y terminé en el preu nuevamente. Creo que si me hablan más sobre la geografía chilena, llegaré a un punto en que me auto exiliaré; pero debo admitir que le tomado un poco más el gusto a la materia (¿¿¡¡POR QUÉ SOY TAN ÑOÑA?!?!). Debe ser por el factor Brit. El chico Brit. Ja. El chico Brit es un chico que está en mis dos clases: en matemática y en historia. Él, por alguna extraña razón, me llamó la atención desde el primer día. Luego me llamó más la atención su forma de vestir (soy débil y un poco superficial... no.... en verdad sólo soy humana). Hace poco descubrí un parche de Suede en su mochila. Es medio patético eso de tener parches de las bandas en las mochilas. Especialmente cuando uno está en terminando el colegio, pero aún así me llamó la atención. Hoy descubrí una bandera británica pintada con plumón en su intento de estuche. Patético. Lo sé... pero aún así tierno. I'm becoming a softie... I know. Es medio ñoño eso sí; pero me dan ganas de conocerlo ¿nunca les ha pasado eso?.

En fin... creo que iré a dormir. Hablando con alguien por MSN me dí cuenta de que hace mucho tiempo que no sueño. Es decir, sueño despierta... es algo inevitable, al menos para mí. Lo que digo es que, hace mucho tiempo que no me despierto con esa sensasión de no saber si todo fue un sueño, un deja vú ó la más pura realidad. Menos me he despertado rogando al cielo porque no haya sido un sueño. Creo que lo hecho de menos.
Empezaré una nueva odisea: en busca del REM.
En busca de un sueño.... cualquier sueño.

Sunday, May 01, 2005

Bailaora urbana

Creo que nunca había visto algo así. Cómo ella lo miraba. Cómo él hacía sangrar su guitarra mientras, le lanzaba a ella, miradas de ternura. Ella bailaba con sus venas ardíendo, con su corazón ya entregado al hombre que le regalaba la melodía, haciendo del piso, una reververación de las llamas del infierno. De vez en cuando ella me miraba con una mirada seria que detrás de esas retinas llorosas, escondía la felicidad; todo esto al mismo tiempo que su vestido hacía ondas al ritmo de la guitarra de su amado. Él seguía sentado mirándola con la misma pasión con que tocaba su guitarra, con la misma pasión que la tocaba a ella con la mente mientras bailaba: amándola, sufriéndola, llorándola.
Y así siguió... mientras yo me convertía en un espectador más de su amor flamenco; sin poder hacer nada más que mirar maravillada cómo se amaban en público, cómo la guitarra lloraba melodías sevillanas que te llegaban al alma y deséando yo poder bailar al ritmo de una guitarra para dejar de ondear mi vestido al ritmo de los autos de la ciudad.