Sunday, October 30, 2005


Buenísimo. Lo próximo es tener el "Playing the angel" en mis manos. Posted by Picasa

Eventos aislados

Evento aislado #1:

Inauguré el transantiago. Ya eran unos 3 días en que mis amigos me contaban cómo no creían su experiencia en las micros blancas. Escuché que se iban a velocidades civilizadas, que el micrero insistió en que pagaran escolar (¿cuándo y dónde se ha visto eso por favor?) y muchas otras cosas que me hicieron dudar si vivo en Chile o no. Luego de habermelas dado de futura novata PUC yendo a San Joaquín con uniforme, Coto me dejó en Pedro de Valdivia con Irarrázabal. Cuando me bajé, no tenía idea adónde iba a ir (mi casa, el preu, Providencia), pero sí sabía cómo me iba a ir: ahí estaba la micro blanca esperando a que yo me subiera y experimentara toda la adrenalina de andar en micro. Mi primera sorpresa fue cuando le pregunté al micrero si dobablaba en 11 de Septiembre y este me contestó con voz amable y una gran sonrisa que sí, que doblaba por 11 de Septiembre y llegaba hasta Escuela Militar (recorrido 615 por si acaso... llega a Las Condes también). Sin dudarlo dos veces, me subí, pagué escolar sin esconder mi corbata de colegio particular y el señor conductor me indicó que fuera para atrás porque ahí había asiento y esto con un respectivo "por favor pase". Juro que no lo podía creer. A mi nunca me han tocado micreros que me hayan tratado mal, sino micreros que no me han tratado y punto; pero esto se desbordaba de toda expectativa y experiencia anterior con cualquier conductor de cualquier recorrido.

Mi siguiente sorpresa fue cuando la micro empezó a andar. Había completo silencio. Nada de gente gritando para poder conversarle a alguien a dos centímetros de ellos ni nada por estilo. Mis oídos podían escuchar sonidos a menos decíbeles y estaba feliz. Cuando eso ya era mucho, el señor micrero me sorprendió abriendo y cerrando las puertas cuando la micro estaba completamente detenida. Ya no tuve que ver la vereda pasando como una máquina para correr antes de saltar y pedir al cielo que mis pobres y débiles tobillos resistan el impacto sin miedo a un potencial esguince. Fue un viaje placentero. Lo juro.

No entiendo cómo hay gente que se queja de este proyecto. Las mismas personas que decían que los micreros era energúmenos al volante, ahora se quejan de que van muy lento. Hay que hacer saber que este es un paso fundamental para convertir a Santiago en la metropolis que todos queremos que sea. La hipocresía aquí, no sirve.

Evento aislado #2:

El viernes cumplí mi sueño frustrado por tanto tiempo: fui a la Blondie. Ya, sí sé que es exagerado decir que era un sueño frustrado y todo eso, pero debo admitir que lo era. Mis viejos son súper jodidos con mis salidas y bueno... para ellos el ir a la Blondie no era la opción. Filo, la fiesta de Depeche Mode fue la excusa perfecta. Así que partimos con Tomás y la Jesu a la Alameda y a la Blondie por primera vez (para todos). Al principio estuvo medio lento, pero cuando salió Modo (banda tributo a Depeche Mode) las cosas cambiaron. Juro que fue lo más cercano que he tenido de ver al propio David Gahan y compañía en vivo. Lo pasé excelente y desde entonces he escuchado sólo discos de Depeche Mode en mi casa.

Dato freak de la noche: Salvé a la Jesu de un tipo dark muy freak que le ofrecía cigarros y la acosaba, diciéndole que ella era mi polola. Lo que uno hace por las amigas.

Wednesday, October 26, 2005

Think I'm getting older...

Que ya me duela la espalda es mucho. Ojalá fuese por estar mucho rato en el computador, pero ni siquiera es eso. Hoy, caminar de mi preu a Escuela Militar fue mucho; y caminar de la estación Pedro De Valdivia a mi casa, demasiado. Juro que nunca me había pasado, siempre me ha gustado caminar y no tengo problema con hacerlo. De hecho, siempre he pensado en que, un día en que tenga tiempo y ganas, caminaré de mi casa al preu para ver cuánto es (o cuánto se me hace, que es bastante diferente).

Hoy, ni siquiera tuve que caminar, tomar el metro y caminar de ida nuevamente. Me fui a la casa de una amiga a estudiar y luego ella, en su calidad de ciudadana conductora (en contraste con mi eterna calidad de peatona) me fue a dejar al preu. Después de la siempre agotadora clase de lenguaje, salí y las cuadras de hacían eternas, los semáforos cada vez más cortos y la gente que pasaba a mi lado, cada vez más rápida.

Por primera vez en mucho tiempo, me subí al metro compitiendo con una señora por el asiento. Creo que la tacleé al entrar. Luego me dí cuenta que estaba en Escuela Militar y que el esfuerzo había sido totalmente innecesario. No habían pasado ni dos minutos desde que posé mi cansado trasero en el asiento de vagón francés, cuando la conciencia me baja y no soy capáz de hacerle caso a la cansadas pantorrillas. Me paré y me apoyé en el poste que está enfrente de la puerta; ese mismo que parece un go-go pole y que, si tienes suficiente imaginación, puede ser el centro de tu espectáculo subterráneo (el cual puedes ver simultáneamente en el vidrio de la puerta y en la cara de espanto de los yuppies que se suben en Tobalaba).

Pasó Alcántara, El Golf, Tobalaba, Los Leones (no, no ví ninguna página del metro; créanlo o no, ya me sé el orden) y finalmente, mi gloriosa Pedro de Valdivia. Me bajé e hice el esfuerzo por subir los escalones de 2 en 2 como siempre lo hago desde que me dí cuenta de que las pantys ya no podían disimular las chancherías del invierno. Por un momento, creí que mis 5 años de ortodoncia (medios dolorosos por lo demás) iban a tener un encuentro cercano con los escalones del metro. Afortunadamente siempre he tenido buen equilibrio. Luego de jugar con esas puertitas que parecen monitos porfiados (¿se acuerdan de esos que venían en las promociones de 7Up y que tenían plomo en la base?), me enfrenté al siempre presente olor a fritura de Pedro de Valdivia. Entre tanta escolar en jumper y tipo en terno, reina ese olor que emana el mini Fuchs y la fuente de lomitos. Siempre me ha dado un poco de asco y trato de salir de ahí lo más pronto posible. Fuck, escaleras denuevo. Vamos, el verano. Primer par de escalones: chao pantys; segundo par de escalones: hola faldas!; tercer par de escalones: hola shorts!; cuarto par de escalones: hola traje de baño!; quinto par de escalones: chao dientes derechos! esta vez sí estuvo cerca.

Cuando vi el quiosco de siempre y el Banco de Chile, me llegó una cachetada: estaba cansada. La espalda me seguía doliendo y las piernas también. Pensé en mi abuela que no soporta más de 15 minutos caminando. Entendí que lo de ella tiene justificación: tiene 83 años. Yo no tengo ni un cuarto de su edad. El orgullo me impidió ir más lento.

Ya cruzando Los Conquistadores, empecé una charla conmigo misma tratando de convencerme que las 5 cuadras que quedaban no eran mucho. Dícele eso a mi hombro y a los 7 kilos que llevas en tu puto bolso. My bet. No pude ganar la discusión con mi lóbulo derecho, pero por lo menos acortó un poco el camino hasta mi gloriosa cama.

Llegué, tiré el bolso y me eché abajo de mi plumón. Había estado ahí hasta que mi hermano salió y el acceso al computador se liberó.

Mañana tengo prueba de matemática. Tengo que ir a estudiar. Me da una lata horrible.

Todo for a greater good.

Sunday, October 23, 2005

Inherente importancia

Para ser honesta, la cosa no tiene mucha lógica. Se supone que algo te importa porque tienes algún tipo de feeling con ese algo o, en este caso, con ese alguien. Cariño, gusto, simpatía, experiencia, vivencias, amigos en común, vínculos idiotas, cualquier cosa que los ligue. Pero ¿qué pasa si no hay un vínculo notorio, o más bien racional, que los una?. Lógicamente, si no existe ése vínculo, la importancia por ese alguien se pierde. Y está bien, pero ¿qué pasa si, simplemente, no es así?

Pasa. Sentir una inexplicable preocupación por quien no deberías y no por enemistad, sino porque no tendría que ser, porque no te agrada o porque piensas que no se lo merece.

Pasa con esas personas que a ratos, te revientan. Que a ratos te tratan mal. Esas mismas a las que juras no dirigirles la palabra nunca más en tu vida. Pero lo sigues haciendo y no tienes bien claro por qué. Y lo piensas y le das vueltas una y otra vez, y finalmente te das cuenta que esa persona es una pelotuda, pero que sin embargo, te importa. No queda más que hacer. Es algo que está y no te lo puedes explicar. Lo más probable, es que pienses que eres masoquista. Que una persona así no se merece ni tu preocupación, ni tu cariño, ni tu tiempo; y lo más probable es que sea cierto. ¿Qué se hace en esos casos?

Nada.

No hay nada qué hacer.

Tal vez algún día descubramos cuál era el vínculo que nos unía con esas personas y por qué les aguantamos cosas que no se las aguantamos ni a nuestros padres. Tal vez, eventualmente, sepamos el por qué de esa importancia inherente. Esa que nos hace preocuparnos más de la cuenta. Esa que nos hace llorar más lágrimas de lo presupuestado

Wednesday, October 19, 2005

De inspiración ajena

Una persona un tanto especial para mí, hizo una invitación abierta a presentarse. A exponerse en una fiesta voyeurista. Lo hallé gracioso. El termino, digo. Me dieron ganas de participar a mi propia manera: no posteando en su blog, sino que en el mío. El sabe que me revienta pensar que puedo ser una de sus tantas groupies, al igual que sé que a él le revienta que le diga que tiene un séquito de groupies que lo siguen.

Y empiezo:

Aún no decido si me llamo o soy Sandra. Tengo 18 años recién cumplidos, pero me siento como si todavía tuviera 15; aunque mi edad mental puede diferir un poco de ambos. Vivo en un barrio de viejos, en el mismo en el que viví al principio de mi vida. Por aquí aprendí a andar en bicicleta, me caí más de alguna vez en patines, aquí tengo más de alguna anécdota y, a los 5 años, me perdí en la noche. Tengo dos hermanos: José Pablo, el futuro ingeniero comercial y la Antonia, que ha marcado mi vida indeleblemente y más que ningún otro miembro de mi familia. Tengo muchos conocidos y pocos amigos que, a pesar de ser pocos, son los mejores que uno podría tener. Mis padres son medios jodidos, pero me gusta pensar que son así porque me quieren mucho. Mi vieja es lo máximo. Me río con ella hasta que a ambas nos duele la guata y somos complices en muchas cosas. Con mi viejo, la cosa es especial. Nunca hemos sido mejores amigos y tampoco lo siento tan cercano en cuanto a lo que es mi "vida personal" ni nada de eso, pero sí sé que es la última persona que se irá de mi lado si el mundo se acabase. Tiene una paciencia que ya me la quisiera yo (ya que soy todo lo contrario; salí más a mi mamá en casi todos los aspectos), y un cariño infinito. Lo que sí me heredó, fue su porfía; que no ha encontrado competencia. No sé muy bien lo que quiero hacer con mi vida. Sí sé que quiero viajar, conocer dónde estoy parada, enamorarme, bailar hasta que realmente los pies no puedan, casarme algún día y tener un par de hijos. Sé que quiero que el primero sea hombre y se llame Lucas. No me pregunten por qué, simplemente me gusta. Actualmente mi vida se divide en lo que queda del colegio, la casa y el preuniversitario. Es bastante triste; mi vida social ha sufrido la potencia de 4to medio, pero debo admitir que no me molesta. Soy bastante ñoña y confieso que no considero ir el a clases como una tortura. La PSU me tiene inquieta, pero estoy hallando un "estado de calma" (sonó Zen, intento serlo, pero no lo soy). No logro visualizarme en el 2006, pero tengo algo de fé en mí misma, por mínima que sea. Sigo esperando que en algún momento, mi vida se convierta en una película y que Santiago se convierta en mi Nueva York. En parte, ya lo es. Tiendo a ser media conservadora (¿te acuerdas lo que me dijiste después de ese helado de Cookies'n'Cream?), pero derepente me nace el alma media progresista y me hallo defendiendo temas que "se supone" debería atacar. No creo en el aborto, pero creo que mi opinión podría cambiar si es que fuera yo la embarazada. Sí creo en el sexo premarital, creo en el amor antes de encontrar a la persona con quien pasarás el resto de tu vida. Soy un poco asustadiza y enrollada en cuanto a las relaciones. Confieso que incluso he autosaboteado algunas. Necesito a alguien que me pare los carros, que me diga que todo estará bien y que me abrace cuando tengo frío. Quiero a alguien que me hable toda una tarde sobre el disco que escuchó la noche anterior, alguien a quien pueda mirar a los ojos sin necesidad de desviar la mirada y con quien pueda estar en silencio sin entrar en la incomodidad. Soy melosa y hasta cursi. Creo en el amor un poco a la antigua; en eso sí soy conservadora.
Creo en Dios, en Jesús, la Virgen y los Santos, mas no en la iglesia. Creo en mis amigos y en mi familia como la droga que me mantiene viva y centrada. Me encanta Providencia de noche y no hay nada mejor que caminar por Apoquindo cuando ya está oscuro. Tengo problemas con aceptarme a mí misma y siempre he tenido un rollo enorme con la comida. Me dicen que soy muy autoexigente o, mejor dicho, "autoexplotadora". Profesoras me han dicho neurótica. Me gusta pensar que así es. Soy pendeja, pero no me enojo con la gente con facilidad. Sé perdonar, pero aún intento aprender cómo olvidar. Siento que me quieren más de lo que quiero yo y soy muy ingranta en cuanto a llamadas y cosas así. No soy muy carretera, aunque me gusta mucho bailar. No fumo, aun que sí lo he probado y me han dado ganas de fumarme uno que otro cigarro. No he probado ninguna droga ni tampoco pienso hacerlo. No veo la necesidad. Me gusta el tequila Margarita y el vodka, aunque no soy buena para tomar pues me aburro muy rápido. Nunca me he emborrachado y tampoco le encuentro la gracia. Me encanta el café, pero tiende a hacerme mal. Me gusta la pizza fría y el helado de pistacchio. La mayoría de los momentos de mi vida están registrados junto a una canción y me gusta pensar que mi vida entera se puede quemar en un CD de 20 canciones. Corrigo, tal vez sean más.
Sé que nací, sé que vivo, tengo presente que me queda mucho más adelante y más claro está que un día moriré. No tengo rollo con eso. La muerte no me asusta. Es la soledad la que resquebraja un poco mi valentía. La poca que tengo.

Tuesday, October 18, 2005

Bueno, malo, peor y promedio.

¿Qué peor que ser malo?

Tengo una escala. A mis ojos y en la jerarquización de las cosas, uno puede aspirar a 4 niveles: ser bueno, ser malo, ser peor o ser promedio. Creo que este último es lo peor que puede pasar. Siempre he sentido que la originalidad es parte de nuestra esencia, nos conforma y nos hace únicos (¿acaso no es eso lo que quiere decir la palabra?), nos hace nosotros en nuestra más pura composición. Eso de seguir lo que te dictan los instintos, la cabeza o, en el más cursi de los casos, el corazón, y hacerlo sin que te importe un forro lo que piense el idiota que te mira con cara fea mientras camina en dirección contraria; eso, creo yo, es lo más preciado que podemos tener o llegar a tener. No hay nada peor que pasar desapercibido e invisible, comuflarse entre la multitud, ser un un tono más dentro de la misma gama de colores.

Tampoco es una cosa de vestirse como payaso y salir a la calle. Seguro que así no pasas desapercibido, pero el punto no es el cómo te vistes (es decir, no "sólo" el cómo te vistes), sino cómo eres: de ser y hacer lo que quieres o sientas correcto sin miedo a que te recriminen. Lo de la vestimenta es algo medio secundario, pero aun así creo que la ropa que te pones refleja mucho de cómo te enfrentas al mundo. Y hay que reconocer que, para ponerte ciertas cosas, hay que tener una actitud bastante especial y esa misma actitud, se refleja al resto. Hay que pensar en toda la gente que se viste como se viste el resto o como la última revista de Falabella les dice que se vistan. Admito que algunas veces caigo en eso al igual que todo el mundo. Después de todo, son contadas con los dedos las personas que siguen sus instintos al pie de la letra y no siguen la "Temporada primavera/verano Marrakesh" de la tienda que anuncia la estrella de teleserie de turno.

La cosa no se trata de ser mejor o peor que otra persona, sino ser uno mismo. Creo que eso es suficiente para ser un párrafo destacado en medio de todo un tomo enciclopédico. Sin ser originales, no somos nada. Pasamos a ser fotocopias de una imágen idealizada y un soldado más de la tropa.

Lo mejor, es salirse del promedio. Ser uno mismo. Créeme, aunque somos tantos, nunca encontrarás a uno igual a otro y el ser peor que otra persona nos constituye de igual manera que si fueramos mejor.

Yo le tengo miedo a muchas cosas. Todas, en verdad, son porquerías. A lo que realmente le tengo miedo, es a mentirme a mí misma y a ser una curva más en un gráfico del censo. A pesar que, en lo libros, más que eso no soy.

Friday, October 14, 2005

Give me a break

Hoy fui a misa por primera vez en mucho tiempo. Bueno, de hecho no fue una misa normal, mi prima se confirmaba y fui a "apoyarla" (¿se necesita apoyo cuando uno se confirma?, ¿onda, cheerleader?). Pensé que sería una buena oportunidad de reencontrarme con la fé y dilucidar por qué sentí que era necesario confirmarme. Encontré todo lo contrario.

A eso de los 25 minutos de ceremonia, por ahí cuando el obispo (porque en estas ocasiones no es un cura el que preside, sino que el obispo himself) empezó a hablar, decidí poner atención para ver si el espíritu santo me iluminaba a mí también... de nuevo. El obispo empezó a hablar de los "cristianos perfectos" y de cómo uno, incluso después de la confirmación, puede irse por "un camino incorrecto" o hasta dudar de su fé. Yo ya me sentía indentificada y le tomé simpatía al viejo en la túnica. En eso, justo cuando yo empezaba a sonreír y decía "¡ASÍ QUE NO SOY TAN FREAK DESPUÉS DE TODO!" para mis adentros, el obispo de pone a hablar de la campaña del gobierno contra el SIDA. Fue en ese preciso segundo en que yo subí una ceja en signo de desaprobación. Supuse que empezaría a hablar de cómo está en contra del condón y todo eso que se supone que tiene que decir por ser parte de la iglesia y también supuse que no duraría mucho. Error. El viejo alargó el discurso por 30min.

En esos 30 min., la ceja de la desaprobación se ponía cada vez más alta y juro por Dios, que no podía creer lo que escuchaba. Empezó a decir que el condón no era un método anticonceptivo, que era una mentira porque no prevenía el embarazo, que la única forma de luchar contra el SIDA es la abstinencia y el "matrimonio fiel", y (esta es la guinda de la torta) que no podíamos comportarnos como "bestias" dejandonos llevar por nuestros instintos,0 que debíamos obedecer los deseos de Dios padre y tratar de llegar a la santidad.

Alguien le podría hacer el favor a ese cura y decirle que el condón sí es un método de anticoncepción 98% efectiva, y que él no va a venir a contrariar estudios clínicos y científicos que así lo afirman y que, además es la única forma de prevención contra una enfermedad que tiene a ciertas naciones infectadas en más de un 50%.

A la mierda con el cura ese; el punto es que encontré que con la iglesia, tenemos más de algún punto en que diferimos enormemente y hasta nos podríamos llegar a agarrar a combos. Y me da lo mismo. Creo que tengo un poco asumido esto de mi rol como pseudo-desertora de las líneas católicas, y ya no me importa tanto como antes.

A la mierda con la crisis de fé y las posturas octogenarias de la iglesia.

Desde hoy (confirmada y todo) me declaro "cristiana a mí manera". Y punto.

Alguna objeción, ya saben dónde atiende el de arriba.

Thursday, October 13, 2005

Designios

Así como los siete jinetes del apocalipsis anuncian el fin del mundo, los designios que anuncian el fin de mi vida escolar van llegando poco a poco.

Ya no tengo clases normales. Nunca más tendré una clase de teología (si es que no entro a la PUC... dudémoslo), ni de inglés, ni de historia del arte, ni ninguna de esas clases en que te podías dar el lujo de echarte un rato en el banco y "descansar la vista" un poco.

Hoy plantamos un árbol con los niñitos de pre-kinder. Estuvimos con ellos compartiendo sus sueños y sus esperanzas, y hasta me dió pena no poder ofrecerles más. Me puse a pensar en cómo nos ven ellos: nos ven como el ejemplo, como lo que ellos serán cuando grandes. Lo que no saben es lo que ocultamos y lo que no les mostramos para preservar su inocencia por el mayor tiempo posible. Será por eso que cuando éramos chicos queríamos crecer, porque sólo conocíamos la parte bonita de "ser grande".

Es medio desalentador decirlo, a pesar de que sea verdad. A mí me gusta pensar en que un niña me mire y crea que soy lo máximo. Y no es por una cuestión de ego, sino una cuestión de admiración, eso que todo los sorprenda y que todo lo que hagan ellos te sorprenda a tí. Fue lindísimo. Súper mamón en verdad... pero soy mamona. No puedo negarlo.

Y es eso, y la electricidad en el aire cuando empiezan a sacar fotos para el anuario, el rollo que rodea a la graduación, lo de la PSU, es todo. Todo me anuncia que se aproxima el final y que no hay nada que yo pueda hacer para retrasarlo. Pensé que para estas alturas, estaría sumergida en una depresión horrible, pero no es así. Como que lo asumí y lo acepté dentro de lo que es: "una etapa de la vida" y toda esa mula que te dicen los psicólogos cuando les dices que tienes pavor de crecer.

En verdad, eso es lo que digo ahora... hablemos cuando esté en mi último día.

Monday, October 10, 2005

Cosas que quiero decirte luego de tanto tiempo

Es obvio que serán contadas con los dedos de una mano, las veces que nos veamos las caras nuevamente y, cuando lo hagamos, tengo miedo de no poder ser lo suficientemente dura como para decirte todo lo que tengo que decirte. Me dicen que tengo corazón de abuela contigo, que hace mucho rato debería haber cortado contacto contigo, porque me haces pésimo; pero dentro de todo, parece que no puedo... o tal vez no quiero, aún decido sobre esto.
La próxima vez que te vea, me vas a recibir con una sonrisa, un abrazo y un beso en la mejilla, ignorando completamente que en mí hacia tí, hay tanto amor como odio. La próxima vez que me veas, pondrás tu brazo alrededor de mi cuello y me preguntarás cómo estoy. Me dirás que no me estrese, que todo es una pelotudez y que no me preocupe por cosas que mañana no tendrán ni la más mínima importancia. Y tendrás razón. Y yo te miraré, sonreiré y te diré que es cierto al mismo tiempo en que mi cabeza se pregunta dónde están todas las cosas tiernas que me has dicho cuando estamos sólos.
La próxima vez que te vea, voy a apartarte de todos tus amigos y de toda esa gente que siempre está contigo y te llevaré a alguna banca de Providencia. Nos sentaremos y me preguntarás qué es lo que pasa. Yo no seré capaz de mirarte a la cara y por un instante, creeré que tengo la fuerza y la convicción suficiente como para poder decirte todo: que yo no te importo ni un cuarto de lo que me importas tú a mí, que eres un pelotudo por tenerme en este tira y afloja que me revienta sobremanera, que estoy enojada contigo y que niguna de tus excusas será lo suficientemente buena para disculparte. En ese momento, tomaré aire y te miraré a los ojos. Sentiré el ya familiar temblor en mis rodillas y me bajará esto de que estoy siendo muy dramática. Tú me mirarás y empezarás a hablarme de cualquier cosa con el tono ligero que tienes tú. Yo intentaré por todos los medios de poder ponerme seria y decirte que en verdad te importa un carajo el que yo esté enojada contigo, pero tú no me dejarás. Empezarás a hablar como siempre y no podré callarte. Siempre te han gustado los monólogos, esos que me hacen sentir un poco tonta y pintada en la pared.
Lo más probable, es que al final de todo, no te diga absolutamente nada. Que me ría como siempre lo hago y que luego regresemos a la horda de gente que te rodea para empezar otro acto de mi simpatía. Y estaré frustrada por dentro y pensaré en gritarte y hacerte una escena frente a todos sólo para que no puedas empezar otro soliloquio y, luego de decirte todo lo que tengo que decirte, irme sin esperar que me alcances para una explicación.
Pero no lo haré. Nunca he podido hacerlo por más veces que lo he intentado. Y me quedaré ahí sonriendo como siempre, atragantándome con todo lo que tengo que decir.
Pienso que sería más fácil sacarte de mi lista, de mi celular y borrar toda huella de tu paso por mi vida. Ya lo he hecho antes. Sería más fácil, pero aún no logro convencerme de hacerlo.
¿Debería?

El mundo de Cata

Sigo en mi proceso de evaluar a las nuevas generaciones para poder entenderlas un poco más. Para eso, he utilizado a mi prima chica como ratón de laboratorio. Ella tiene 4 años menos que yo y nos llevamos muy bien. Tiendo a pensar que somos de la misma calaña (o yo soy muy pendeja... no lo sé), pero a pesar de que la diferencia de edad no es tanta y de que tenemos actitudes muy afines, ella vive en un mundo y yo vivo en otro totalmente aparte. Es la edad, el entorno, el tiempo, lo es todo.

Cuando las barreras físicas que nos separan ceden, convivimos en una simbiosis que ya se lo quisieran los organismos macrobióticos. Es en esos momentos en que ella me comparte su mundo y yo trato de traspasarle lo poco que sé y que he sacado de mis 18 años vividos en esta tierra. Es poco, pero me gusta pensar que de algo le sirven. A pesar de mi altruista intención, cada vez que me siento como la grande de las dos, me sorprende con algo nuevo, ya sea algún termino que en mi vida había escuchado, alguna verdad que no se me había ocurrido o alguna locura instantánea (figurabamos ayer tocando timbres y corriendo como no lo hacía desde hace más de 5 años), y me desbarata todo esta idea de la prima modelo.

Fue ella la que me dijo qué era "perrear". Juro y confieso que hace un tiempo yo no tenía idea de lo que era. Estando con ella en MSN, hasta he aprendido a decifrar el abekcedariu, esa maldita jerga que usan algunas personas que se reniegan a la existencia de la "C", la "Q" y la "O" en sílabas finales. He visto de cuántas formas diferentes se pueden poner fotos con estrellas en un fotolog, cuántos espacios se pueden saltar cuando se escribe y todas las formas en que no importa cuán alto te rías en medio de Providencia. También he aprendido que la ternura puede ser el remedio para cualquier mal patológico, que correr en un supermercado es una de las cosas más entretenidas que puedes hacer, que la amistad está por sobre todo y que el mundo no es justo, incluso cuando tienes 14 años.

Recuerdo que cuando eramos chicas, no nos llevabamos bien a pesar de ser las dos primas mujeres que habían en Stgo. Yo siempre sentí que ella me admiraba y yo me enojaba un poco porque algunas veces me copiaba algunos de mis términos o algo de mi ropa. Recuerdo que eso me reventaba y siempre la miraba un poco en menos. No sé si sabe esto, pero estoy casi segura de que lo sintió. Fue en algún momento del verano ante-ante pasado en que todo eso cambió y ella se convirtió en mi familiar favorita. Poco a poco se ha fusionado en mi familia y ya es la hija adoptiva de mi madre y la persona por la cual me puedo preocupar.

Creo que en intercambio de nuestros mundos es constante, inagotable e imparable. Nunca paro de aprender cosas con ella y me gusta pensar que le pasa lo mismo conmigo.

Ahí viene cantando las rancheras que mi tío tiene en el auto, y cubierta por el plumón de mi cama. Nunca he entendido cómo come tanto y por qué siempre tiene frío.

Friday, October 07, 2005


Ni siquiera te diste cuenta que te capturaba... y se supone que yo soy la ingenua. Posted by Picasa

Wednesday, October 05, 2005

Generación SuperPollo

Nunca he entendido muy bien a las nuevas generaciones. Recuerdo que cuando chica tenía un poco de respeto por la gente mayor que yo. Recuerdo que ir a las salas de inglés (rodeadas por salas de 4tos medios) era toda una odisea, que hablar con alguien 2 niveles más grande era equivalente a un alza de enormes proporciones en tu escala de popularidad (pensar que alguna vez me regí por eso) y si alguien más grande que tú te miraba, la opción era no mirarlo de vuelta, sino huir de ahí lo más pronto posible. Suena como miedo hacia los mayores y creo que en cierto modo lo era, aun que nunca supimos de dónde salió. El punto es que, el achorarse con alguien más grande que tú no era la opción, en el caso de un altercado físico, lo mejor era pedir perdón y llegar a la sala rápido.
Siempre creí que cuando creciera, los niños chicos de turno tendrían la misma consideración que tuve yo cuando era chica, pero ahora las cosas no son lo mismo. En los últimos años, me he dado cuenta que los cabros chicos pasan por al lado tuyo y te miran con cara fea, y en el más extremo de los casos, te llega una puteada sin la menor razón; ya no es raro ir por la calle y ver pendejos de 13 años vestidos de flaite, con perforaciones, teñidas de pelo o con una polera del Che Guevara (y podría apostar mi vida a que no tienen ni la menor idea de quién es o que su nombre es Ernesto). Las chicas no se quedan atrás. Niñas de 14 años vistiendo botas altas y faldas a lo Mekano, yendo a discoteques y agarrandose minos tan despistados como ellas porque es lo que ellas escucharon que se hacía en una discoteque.

La generación SuperPollo ha sido críada con padres ausentes, con alimentos transgénicos y TV que muestra implantes de gomas y culos en la proporción 3/1; MTV es su modelo a seguir y el nuevo video de 50Cent, su credo. La tipos mayores no les importan y comienzan a tirar chuchadas desde 2do básico. Las chicas jubilan las Barbies en 4to básico y dejan de ver cualquier dibujo animado por encontrarlos inmaduros.

Recuerdo que cuando era chica, las Barbies eran lo máximo y juntarse con amigas a jugar con ellas, consistía en el mejor de los carretes. Nunca he dejado de ver dibujos animados y más de alguna vez veo "Pinky y cerebro" sólo para recordar por qué me reía tanto... Troz. Tampoco niego mi pasado japoanima, y admito (con todo orgullo) que ví las 3 versiones de "Sailor Moon", que me enamoré de Trunks (el tipo de pelo morado de Dragon Ball) y hasta me leí uno que otro manga.

¿Por qué siento que con los niños actuales no pasa lo mismo?, ¿Por qué siento que antes de siquiera saber lo que significa, aplican la palabra revolución en todos sus discursos?, ¿por qué siento que la generación SuperPollo no tuvo ninguna clase de infancia? y ¿qué cresta es lo que tienen en nuestra contra?

Estoy en una sala llena de pendejos que no superan 8vo básico. Siento que una horda me rodea. Porfavor, ayuda.

Tuesday, October 04, 2005

28 cosas pendientes

1.- Llegar a las 6am después de un carrete.
2.- Ir de shopping y dejar que el consumo me consuma sin importar el precio.
3.- Caminar por Providencia (no por calles anexas, sino que por Providencia misma) cantando alguna canción en voz alta y, si veo que alguien me mira feo, sonreír y seguir cantando.
4.- Terminar de leer "Vampire Lestat".
5.- Empezar como Dios manda (es decir, entendiendo algo) y terminar "Porno".
6.- Pasarme una tarde entera (un fin de semana si es que es necesario) viendo las películas que debería haber visto, pero que no he visto, como por ejemplo: "Magnolia", "Closer", "Eternal sunshine of a spotless mind", "The Godfather" (I, II y III), "Kill Bill Vol. II", "Jackie Brown", "My own private Idaho", entre otras.
7.- Bailar con una persona especial en algún lugar sin música y sólo con una canción cantada a capella.
8.- Dejar de hacerme sonar los nudillos.
9.- Aclarar las cosas con Él y terminar lo que nunca empezó de una vez por todas.
10.- Sacarme la cabeza la idea de que fumar es sexy.
11.- Ir a la Blondie.
12.- Decidir qué es lo que quiero.
13.- Quedarme todo un día tomando sol y sintiendo el olor a la piel tibia por los rayos del sol.
14.- Bailar con un hombre que pueda aguantar 2 horas bailando sin ninguna clase de estupefaciente y que pueda guiarme (y no tenga miedo de hacerlo).
15.- Aprender Italiano.
16.- Aprender Portugués.
17.- Aprender a bailar tango.
18.- Saber para qué cresta me sirvieron tantas clases.
19.- Echarme en el pasto del Parque de las Esculturas con alguien con quien pueda sostener el silencio sin querer tirarme al río.
20.- Conocer NY.
21.- Conocer Europa.
22.- Conocer 3/4 de Santiago.
23.- Aprender a manejar.
24.- Dejar el pan y todo carbohidrato que se le parezca.
25.- Volver a las viejas andanzas.
26.- Teñirme el pelo de algún color medio raro.
27.- Perforarme la oreja donde llevo el aro a presión hace dos semanas.
28.- Olvidar el por qué este número significa algo para mí.

Saturday, October 01, 2005

Y por si fuera poco...

Vengo llegando del primer carrete del fin de semana. Relajado. Son recién las 1:32am y no tengo sueño. Más bien, tengo el cuerpo cansado, medio agarrotado, la espalda me duele un poco, pero estoy segura que es porque me siento mal cuando escribo. Siempre lo hago. Mi hombro derecho (ya sea a raíz del mouse o del teclado) siempre sufre las consecuencias. Debería irme a otro carrete, pero no tengo quién me lleve ni dónde ir. Debería dormirme, pero no tengo sueño y, por si fuera poco, la cama no me llama en ninguna de sus infinitas formas.

Vengo terminando una semana que es la primera semana después de un break. Debería haber sido fácil, pero se me hizo eterna. Siento que no es el primer fin de semana después del asado dieciochero (¿asado?), que la semana duró 8 días en vez de 7, que tuve 4 pruebas en vez de dos y que las clases de preu fueron más largas de lo que deberían haber sido. Sigo cansada, tengo que resistir y, como si fuera poco, tengo algunas de mis últimas pruebas la próxima semana.

Vengo de haber estado con mis mejores amigos, riendome un rato, comiendo basura, reencontrandose con otros rostros; y sin embargo, estoy sola. Porque soy de las minas que se toma la radio y pone música a su gusto y, cuando comienza la versión alterna a una de aquellas canciones que te mueven los cimientos, todo parece un poco difuso, las voces ya no se oyen tan claras, las risas carecen de sentido y las conversaciones pierden la fluidez que solían tener. Y es que, a pesar de estar ida en mi canción, estoy rodeada de gente que quiero, que me es vital para mi superviviencia, pero me siento sola y a veces toda esa gente no es suficiente para llenar el vacío de mierda que tienes dentro y que no sabes con qué llenar. Y por si fuera poco, te sientes mal por sentir que es así.

Pero eres ser humano y aún no te das cuenta que eres un egoísta, que sientes cosas política y socialmente incorrectas, que debes transgredir el maldito manual de Carreño con que te educaron para poder saciar algo que te consume; que algunas veces la propia religión en la cual crees fielmente (sea cual sea) te impide hacer cosas que tal vez deseas; cosas que, al final, no haces, pero que siempre sabrás que quisiste y, por si fuera poco, eso también era tan malo como el hecho mismo.

Y me doy cuenta que no es mi culpa. Que no es la culpa de mis amigos y menos la de mis padres. La soledad que me baja derrepente, es algo que sólo está. Algo que no se reniega, no se reprime porque no hay forma de reprimirlo, porque no tiene caso reprimirlo. Es en ese momento en que llego a la conclusión de que hay que mandarlo todo a la mierda. De que se pueden sentir cosas incorrectas social y políticamente, pero que no es tu culpa, sino que son sentimientos que están ahí, presentes y que no saco nada con sentirme mal por eso. A la mierda el manual de Carreño, a la mierda lo que te enseña la TV (si es que aún enseña algo), a la mierda con lo "políticamente correcto". No es su culpa y, por si fuera poco, tampoco la tuya.

Derrepente me siento sola. So what? no es como si lo pudiera evitar ni tampoco como si pudiera culparlo en alguien más. Sólo es, está ahí y no se irá hasta que se llene el hueco en la boca del estómago que te duele los días en que hace frío. Y te duele y te revienta y no hay razón para sentirte así, pero lo sientes y, por si fiera poco, no hay forma de hacer que dejes de sentirte así: pésimo por estar triste cuando no hay una aparente razón.