Tuesday, November 29, 2005

Insomnio

Ayer soñé contigo. Soñé que me despertabas acariciandome el brazo y que, cuando abría los ojos, me mirabas fijo y con tu expresión seria; esa que pones cuando te enojas. Soñé que te sonreía y te abrazaba, pero aun con eso nunca cambiaste tu expresión. Soñé que te preguntaba qué pasaba. Soñé que me decías que no te pasaba nada. Soñé que me levantaba y mientras me tomaba el pelo, te miraba a los ojos. Soñé que asumía que estabas triste, pero no sabía por qué. Soñé que me acostaba y que me apoyaba en tu pecho, oyendo cómo tus respiros y tus pulsasiones formaban una sinfonía. Soñé que podía escuchar tu ceño fruncido y tu puño apretado al igual que podía sentir tu mano en mi cintura. Soñé que te besaba y te susurraba algo al oído, pero no me acuerdo qué fue. Soñé que me mirabas y esbozabas una tímida sonrisa; tan tímida como tú. Soñé que sabía que eras así de tímido, pero no me preguntes cómo lo sabía. Soñé que te besaba en la comisura de los labios y que ahí, me quedaba dormida nuevamente. Soñé que te conocía.
Soñé que te amaba.
Soñé que me moría si te levantabas de esa cama.
Soñé que me despertaba y ya no estabas. Soñé que trataba de dormir nuevamente, pero no podía. Soñé que eran las 4:16 de la mañana y una lágrima dejaba una mancha en mi almohada.

Saturday, November 26, 2005

And it's wrap

Y listo. Ya no más clases, no más trámite, no más colegio, no más sala, no más uniforme. Hoy, soy oficialmente una ex-alumna del colegio Saint George (Old Georgian, para los que se manejan en el tema). Ayer, por fin me gradué y con eso, puse fin a mi etapa escolar.

Es rarísimo. Me sentí en el aire, sin saber qué hacer. Me había graduado... and now what?, ¿qué se hace ahora? pues bueno, lo que se hace al fin de todo evento social: saludar a la gente.
Todos me felicitaban y me preguntaban si estaba muy emocionada. Sinceramente, no sabía qué decirles. Les decía que me sentía rara, que no me la creía y que no sabía qué hacer. Y era cierto. Esto de estar diploma en mano y medalla en el cuello, no es lo que se dice algo cotidiano para mí. Lo más raro, era ver a mis amigos que aún siguen en el colegio. Pensaba en cómo ellos seguirían con sus vidas y yo me iría a otro lugar; en cómo no los vería "crecer" todos los días. Con todo eso, admito que estaba lista para caer en un espiral de nostalgia que me dejaría encadenada a las puertas del colegio en señal de protesta, pero no fue así. Al contrario, me sentí feliz y aún no me explico por qué. También fue raro hablar con la gente que ya no estaba en el colegio. Esos que alguna vez vi con uniforme y que ahora son los únicos links que tengo con el "mundo real" (o no tan real, como me dijo Simón). Me siento en el medio de todo sin pertenecer a ninguna parte y no sé por qué.

No quiero explicarme las cosas. No quiero analizar esto en demasía. Sólo quiero vivirlo y sentirlo, a pesar de que es demasiado rápido para mi gusto.

Sandy ya salió del colegio. Sandy ha superado pruebas. Sandy está grande... pero no por eso más madura. Sandy sigue siendo la pendeja de siempre; siempre sintiéndose rara en su propia piel.

Nada fuera de lo normal en todo caso.

Thursday, November 24, 2005

Puedo morir tranquila

Desde que escuché "Black" por primera vez, me pregunté cómo serían los Pearl Jam en vivo. Cómo sería saltar con la intro de "Do the Evolution" y cómo sería gritar "Alive" en medio de una turba enardecida.

Bueno, ayer tuve la oportunidad de mi vida.

Ayer, a eso de las 11am, figuraba en mi cama y con pijama, con la idea de estudiar un poco para después ir a Pearl Jam. No pasaron 5 minutos cuando una amiga me llama y me dice que la entrada de San Carlos está llena de gente. 20 minutos más tarde, estaba arriba de una micro con destino a San Carlos y con una botella de agua de un litro. En la micro ya se vivía la expectación. Contándome a mí, éramos 8 los que íbamos con destino a sentirnos vivos y a los que nos daba lo mismo si es que teníamos que esperar más de 5 hrs.

Pasaban las horas, el calor, el agua, el cansancio y la humilde quemada camionera; todo en medio de la fila y con picnic esperando a ser devorado en las improvisadas bolsas de minimarket. Ya eran las 4:30pm y llegaba nuestro turno de hacer la carrera a buscar buenos puestos. En mi vida me he creído atleta y siempre he pensado que tengo más resistencia que velocidad. Digamos que esta vez ambas fallaron. Para ser honesta, no quedamos en un puesto tan malo.... en teoría. No sabríamos la verdadera calidad del puesto hasta pasadas las 8, cuando empezaba a tocar Mudhoney y sintieramos lo que era ser un pedazo de vaca siendo preparada para ser vendida como carne molida. Mi grupo de amigos, a causa del efecto cannabis ajeno y la euforia, se fue separando y sólo quedamos 4. Para mi suerte, quedé con chicos que me protegieron (los amo y les debo de mi vida... literalmente), ya que los dos tipos que estaban a mi lado, me apretaban en direcciones contrarias. Fue ahí cuando Kappés (foto superior izquierda) me tomó de la mano y me sacó de ahí a punta de codazos (mi héroe).


A Mudhoney los escuchamos desde afuera y no fue sino hasta las 9 que nos atrevimos a entrar a la jungla de gente para ver a Pearl Jam.

Juro que no puedo explicar lo que fue estar ahí y sentir toda la energía de la gente que te rodeaba, la voz rasposa de Eddie Vedder entrando directamente a tus oídos en palabras ahogadas en vino de cortesía; la guitarra, los solos espectaculares de espaldas y cómo podías sentir la caja de la batería reverberando en tu pecho. Todo eso mientras cantas, con las últimas fuerzas de tu garganta, las canciones de siempre que ahora te suenan distinto: ahora te suenan y te saben mejor; inventas la letra de canción que no te sabías y reventabas los pulmones con las clásicas canciones de Pearl Jam, siempre con tus amigos al lado haciendo de todo, algo mucho mejor.

No sé si se nota del todo, pero juro que aluciné. Lo pasé increíble y cumplí, no digamos un sueño, pero sí un anhelo que tenía desde hace tiempo. Ahora puedo dormir tranquila por las noches. Ahora, un camión podría atropellarme, y no importaría. No moriré sin haber visto a Pearl Jam en vivo. Eso ya es mucho decir.

Las fotos son de pésima calidad (lo sé), pero es todo lo que mi humilde celular pudo hacer. Con un poco de imaginación, ¡hasta pueden decifrar la imágen!

Monday, November 21, 2005

Islas de ocio

Entre todo el estudio y el colpaso nervioso (cosa de la cual ha habido una especial cuota, especialmente ayer), estos últimos días he tenido espacios de expansión para mi pobre mente. El sábado me fui de shopping con Coto y terminamos viendo "Se Arrienda". Sé que es súper atrasado y que la mayoría de la gente hasta se ha repetido el plato, pero como yo soy una sumergida en otras cosas (juro que no más relevantes), me quedo parando el dedo y colgada con las películas de moda. Anyway, la ví y me encantó. La encontré demasiado buena y tanto Coto como yo quedamos como para adentro y medio marcando ocupado. Comentamos la película y la dimos vuelta una y otra vez. Derepente me pregunté qué es lo que debe sentir Fuguet cuando sabe que provoca ese efecto en la gente con su película. Yo creo que es justamente ése sentimiento el que hace que alguien se arriesgue y se dedique con un proyecto así. Luego de la película fui a ver a un amigo a su cumpleaños. Así que todo bien.

Pero mañana se viene el mejor tipo de esparcimiento que puede tener la mente. Mañana se viene Pearl Jam. Estoy emocionadísima. ¡Por fin la entrada que tengo en mi escritorio hace tanto, va a tener su efecto!. Al respecto, ya escribí en High Fidelity (el otro experimento de blog), por lo que sería una idiotez que escribiera lo mismo aquí.

No hay nada qué decir. Mañana, Eddie lo dirá todo.

Friday, November 18, 2005

Amapolas sobre la alfombra.

Y pensar que ya lo había hecho antes. Y pensar que aún le dolía hacerlo; se sentía asqueada, mareada. La mano le temblaba un poco.
- Igual que la primera vez y que todas las veces después de esa.
Su vista lo enfocaba a él; a sus ojos, brillosos e inocentes, inconcientes de que ella sería lo último que verían. Todo fuera del contorno de su objetivo, era borroso.
-Pensar que no sabe nada... que no tiene miedo, que no se niega.
Él ladeó la cabeza hacia la izquierda, no entendiendo por qué ella lo apuntaba con un arma. Ella cerró los ojos, apretó labios; tensó su muñeca; apretó el gatillo.
La floreada pared de la habitación se tiñó de rojo. La alfombra parecía tener amapolas regadas sobre ella.
-Yo no puedo tener mascotas. Mejor busco un trapero.


Este cuento lo escribí en clases, jugando con un amigo a la carta rusa. Al final, me gustó tanto que decidí guardarlo para alguna vez publicarlo. No sabía dónde estaba y hace una semana me acordé de él. Hoy lo encontré de casualidad ordenando mi pieza (que a estas alturas, más parece un campo de batalla), adentro de una mochila que hace un tiempo dejé de usar.

Thursday, November 17, 2005

Crealo o no...

MENTIRA

¿Se acuerdan del torneo de blogs en el cual participé con la Feña? Bueno, los chicos de la UAndes no pudieron contenerse y publicaron fotos y comentarios sobre el encuentro.

Vea los blogs que nos dieron patadas en la raja y cómo no sabemos posar para una foto (o para varias en realidad), aquí.

No les aseguro una tarde de lectura valorable, pero sí les aseguro un par de risas.

En otros asuntos:
Créalo o no, su servidora ha terminado 4to medio de una manera total y absolutamente oficial (¡ya todo terminó!), con el muy humilde promedio de 6.4 y sin ningún promedio 7.0 (no me pregunten cómo hice eso).
Créalo o no, las manos que tipean en este momento y la espalda que se retuerce de dolor en este mismo instante, han logrado (mafiosamente por cierto) burlar al DEMRE y hacerlos creer que fui a más de un 74% de mis clases de filosofía. Una mentira del porte de un buque si me permiten decirlo.
Créalo o no, en este momento planeo ir a estudiar. La conciencia llama y el tiempo apremia.

Aunque no lo haré sin antes ir a tomar once.

Tuesday, November 15, 2005

Someone to hold my hand

Ya se ha vuelto costumbre esto de ir a Providencia todos los días, aunque admito que si tuviera un metro más cerca, no lo haría. Y siempre es lo mismo: a medida que cruzo el puente de Pedro de Valdivia, parece que poco a poco la densidad poblacional aumenta y me encuentro con mil personas en las mismas que yo. No sé por qué, pero al principio siempre me daba la imprensión de que Providencia a esa hora, estaba poblada por oficinistas en receso; y no sé si es por la primavera o por el hecho de que a algunos se nos acabaron un poco los compromisos diarios, que ahora el tramo de Pedro de Valdivia al metro, está lleno de parejas que caminan en contra mía. Es como si yo les llevara la contra... como si fuese yo la equivocada. Algunas veces tiendo a pensar que es así.

Sin darme cuenta, me encuentro caminando por esa calle a unos 30km por hora, con lentes de sol y con la mirada fija al frente, sin permitirme emocionarme con lo que pasa a mi alrededor; sin dejar que la felicidad de las parejas estivales siquiera toque mi piel. Algunos podrían decir que es envidia patológica; eso de que quiero lo que no tengo, pero no es un argumento. En nuestra calidad de seres humanos, somos todos los que sufrimos de esa paradoja insoportable, por lo tanto la envidia no se asocia sólo a mí. Y en todo caso, no creo que sea envidia. Yo creo que más bien es pena. Pena a estar sola, pena de estar obligada a ver para el lado: pena de mí misma.

Para ser honesta, el otro día me puse a darle vueltas al asunto. He jurado varias veces que no lo haría, o por lo menos por este mes, pero me resultó inevitable. Me puse a pensar que no busco alguien a quien besar apasionadamente. No andemos con idioteces: no es nada difícil encontrar a alguien con quien tirar un rato. El mundo nocturno está regido por las hormonas y es muy fácil entrar en el juego. El punto y lo complicado del asunto, es encontrar una persona que simplemente te tome la mano. Es eso. Una persona que te lleve de la mano mientras cruzas la calle o que te pase el brazo sobre el hombro en medio de Providencia para cuestionar a otra chica que no se explica por qué está sola.

Me revienta tener que estar pensando en esto ahora. Me prometí que no lo haría, que dejaría que las cosas pasaran y que me concentraría en las cosas que requieren mi total atención en estos momentos... pero estoy aquí denuevo, cuestionando la vida en pijama y redactando la demanda al cielo alegando el porqué de mi soledad.

Y listo. No quiero darle más vueltas al asunto... aunque estoy segura que, aunque no lo quiera, lo haré igual.

Feliz soledad a todos.

Sunday, November 13, 2005

Decisión en la costumbre de siempre


Me quedan 23 días. Sí, los tengo contados uno a uno. Incluso podría hacer el cálculo para las horas, pero eso ya entraría en la psicopatía. ¿Qué se hace ahora? he estado un año o, mejor dicho, casi un año preparando algo que se acabará en menos de 48hrs. y para la cual me quedan 23 días. Los facsímiles serán mis mejores amigos.

Por un tiempo, pensé que a estas alturas les escribiría mi carta de renuncia al blog por el mes de Noviembre, pero un día cualquiera, caminando de Providencia a mi casa, decidí que no sería así. Decidí que lo mejor será no cortar mis entradas períodicas y no sólo por uds. (los aprecio a montones... Dios, hablo como estrella de rock que entra en rehabilitación), sino más bien por mi sanidad mental. Si el blog ha sido una especie de terapia de grupo por más de un año, ¿cuál sería la lógica en dejarlo cuando más lo necesito (y créanme... by God I do need it!)? idiota decisión. Eso sí, no se extrañen si me leen colapsada, chata, psicópata o todas las anteriores; deben entenderme, yo soy psicópata per sé... pedirme que no lo sea en estas circunstancias es mucho.

Ya. Me revienta tenerlos leyendo sobre mi proceso PSU, así que mejor cambio el tema. Hoy en la tarde (la misma en que me quejaba de mi asqueroso resfrío primaveral y la cual precedía a una noche igualmente miserable), mi mejor amigo me llamó para que lo acompañara a la fiesta de una de sus "amiguis" del preu (yo no uso usualmente esa palabra, pero en este caso, es absolutamente necesario). Sería una fiesta de colegio de monjas cerca del Bellas Artes. No me podía negar, y no específicamente porque la fiesta prometía, sino porque mi mejor amigo me llevaría con pintura o sin ella.

Es la 1:45am y volví hace un rato de la susodicha fiesta. Les cuento que fuimos los primeros en llegar (mi mejor amigo, un amigo de él, el amigo del amigo de mi mejor amigo... y yo) y nuestro clímax se centró en la piromanía efectuada en un rincón de la casona de linda fachada. Eso y las caras espantadas de las minas que pasaban frente a la puerta.

Y es eso. Estoy otra vez aquí; post carrete como tantas otras veces.

Esto es de fondo, toda una costumbre.

Thursday, November 10, 2005

Noche en el submundo: parte II

El sueño se había pasado. Ya no podía cerrar los ojos; mis fuerzas estaban concentradas en morderme el labio, apretar el puño, evitar pestañar. Un ácido sabor salió de mi labio. ¿Por qué Diego diría el nombre de la Francisca durmiendo? ¡y más encima diciéndole Pancha!. ¿Estaba soñando con ella?, ¿habría pasado algo con ella?, ¿le habría hablado? Diego nunca ha sido muy amigo de la Francisca. A Diego le cuesta entrar en confianza con la gente.

Yo parecía mina. Mi imaginé todos los casos posibles habidos y por haber en mi cabeza, en un lapso de 1 minuto.

Ya no podía domir. La noche estaba arruinada. Estar tirado ahí carecía de sentido. Me levanté y me senté con la espalda apoyada en la pared de mosaicos. La mochila seguía donde mismo y tomé el polerón para taparme un poco las piernas. La única luz en el lugar, la de mi reloj, me decía que eran las 4:58am; y no podía pensar en otra cosa que en la Francisca y Diego. Diego es mi mejor amigo. Diego no haría nada que me perjudicara... ¿cierto?. Además, Diego no tiene facilidad con las minas. Siempre le ha costado hablarles, son siempre ellas las que se le acercan. La Cata me hizo un comentario de él el otro día. Me preguntó si no estaba saliendo con alguna otra chica. Le dije que no. La Cata me preguntó si estaba seguro y le dije que sí. Ella se puso a escudriñar el patio y apuntó a Diego con la mirada como una cazadora furtiva sin el mínimo decoro o vergüenza. Le pregunté cuál era el asunto con Diego y ella me dijo que tenía "algo"; algo atrayente según ella. ¿Verá la Francisca lo mismo en Diego?

En ese momento la figura de Diego durmiendo me resultaba repugnante. Por primera vez lo ví y me provocó odio. No estaba seguro de nada: ni de Diego, ni de la Francisca ni de mí mismo. Lo único que podía hacer, era quedarme viendo la oscuridad y escuchar cómo Diego respiraba y apretaba los dientes.

Un sonido interrumpió todo. Alguien abría la reja de una de las entradas. Era un señor en overol, un poco viejo y con escoba en mano. Me levanté, tomé mi polerón, mi mochila y mi corbata lo más silenciosamente posible y me acerqué a él.
-Hola.- le dije murmurando. Él me miró extrañado.
-Jóven, ¿qué hace aquí a esta hora?
-Nada... me quedé encerrado. No me vieron.
-¿Y pasó la noche aquí?.-me preguntó consternado.
-Sí... menos mal que llegó o si no me hubiera despertado el guardia.- El señor se corrió para dejarme pasar.- Gracias... chao, que esté bien.

Y me fui. Diego no se mencionó. No creo que el señor se haya percatado de su presencia hasta unos minutos más tarde, al prender las luces. Para ese entonces, yo ya estaría llegando a Apoquindo. Diego no me encontraría esa mañana. Mejor. Así evito hacer algo de lo que podría arrepentirme. ¿Me arrepentiría?

Wednesday, November 09, 2005

Noche en el submundo

No nos vieron. Cerraron el metro, y no nos vieron. Se fueron todos, pasaron a nuestro lado, pero no nos vieron. Fue increíble quedarse en ese lugar solo. Solos. Diego estaba asustadísimo; igual que yo en un principio. Luego se fue soltando, igual que yo después de un rato, pero no lo suficiente. Y no nos vieron. Lo más increíble es que no nos vieron. Buscamos todas las salidas, pero ninguna abría. Estaríamos ahí hasta las 8 o 9 de la mañana (¿a qué hora es que abre el metro?), sin más abrigo que nuestros polerones y sin más almohada que nuestras mochilas.

Era estación Los Leones. Todo estaba cerrado. No quedaba más opción que pasar la noche acostado en la fría cerámica subterránea, apoyados en la pared cubierta por mosaicos brillantes y obras de arte. Diego seguía dando vueltas. Yo me había resignado. Me quedé sentado en una esquina viendo cómo Diego aún no podía creer nuestro cautiverio subterra.
-Pero... ¿cómo es que no nos vieron?
-Simplemente no nos vieron... cálmate.
-¿Qué vamos a hacer?
-¿Qué queda por hacer? quedarse aquí y esperar a que alguien venga.- Le dije lo más calmado que pude. Diego es un histérico. Siempre lo ha sido. Es de esos tipos que se estresan por la prueba que tienen en 3 días más. Eso sabiendo que lo sabe todo y que no importa cuántas veces más se lea la ficha, es imposible que aprenda más.

Diego es mi mejor amigo desde que lo conocí en primero medio. Eso fue hace unos 3 años atrás. Nos sentaron juntos porque el profesor quería que estuviera más atento en clases. El promedio de Diego bajó 2 décimas ese año.

-¡Pero la próxima vez que alguien baje, va a ser en 8 horas más!
-¿Tienes algo más interesante que hacer?.- le dije todavía calmado, sacándome la corbata y desabrochando el primer botón de la camisa celeste. Diego paró y me miró fijo.
-Buen punto.- Diego paró en seco y se sentó a mi lado.- Y ¿qué se hace? tenemos 8 horas para matar.
Miré el techo y me dí cuenta de que nunca había visto el techo de una estación.
-Nada. Sólo esperar.

Mi reloj marcaba las 3:47am, pero sabía que no era cierto. Tiendo a adelantar mi reloj para nunca llegar tarde a ninguna parte. Si hay algo que me molesta, es la impuntualidad. A eso salí a mi madre; ella es una histérica cuando se trata de la hora. Había dormido ya casi 1 hora cuando me desperté. La espalda me dolía y la calculadora se me enterraba en la mejilla a través del bolsillo chico de la mochila. Me levanté un poco y ví que Diego dormía a unos 2 metros de mí. Supuse que la conversación lo dejó exhausto. Siempre queda cansado cuando se desahoga con el tema de la universidad. La mamá de Diego quiere que él estudie ingeniería. El papá quiere que estudie economía. Diego no quiere ninguna de esas cosas. Diego quiere estudiar literatura. Diego tiene miedo de decírselo a sus viejos, aunque sabe que tarde o temprano tendrá que hacerlo. Cada palabra que le dicen en los almuerzos dominicales, Diego se la guarda y luego espera hasta el lunes para desahogarse conmigo. Creo que soy el único amigo de Diego. Para él, todos los demás son conocidos.

Saqué la calculadora y la puse abajo del cuaderno de biología. Acomodé mi polerón y me acosté mirando a la muralla de mosaicos. Por un momento, la cerámica pareció tibia. Me acordé de la Francisca. Apuesto que está en MSN esperando a que me conecte y ya está pensando en llamarme al celular. Lástima que se me haya quedado en la casa de mi viejo. La Francisca no es mi polola... pero casi. Hemos salido un tiempo juntos, pero nunca ha pasado nada más que un par de besos y unas tomadas de mano.

Empecé a cerrar los ojos. Diego dijo algo pero no le entendí. Me di vuelta para ver qué era y me dí cuenta que estaba dormido. Me acomodé denuevo mirando a la muralla y cerré los ojos. Diego dijo algo otra vez. Esta vez sí le entendí. Dijo "Pancha". Cómo me odio que le digan Pancha.

Sunday, November 06, 2005

Las últimas 24hrs: The end of an era and the end of an ego

Y listo. Así como si nada, el colegio se despidió de los 4tos medios sin previo aviso. Ayer, interrumpieron el súper "control de matemática" sin nota, para hacer el simbólico caminito en el que iríamos de vuelta al comienzo por el mismo camino: bajando por los 3eros y los 2dos, para llegar a los kinder. Y así fue. Clavel rojo en mano y una niñita en la otra, nos fuimos por la puerta por la que entramos hace 14 años. Ya no habrá otro día en que me ponga el uniforme como si nada. Ni tampoco otra mañana en que diga "Fuck, me eché la vasta denuevo" o "¿¡dónde está mi corbata?!". La próxima vez que use el uniforme, será en 20 días más, en que tendremos que sacarnos la foto con el rector y pretender que todos nuestros familiares, que insistieron en asistir, son tus mejores amigos.

La pregunta es ¿qué se hace ahora? bueno, la respuesta es simple: seguir estudiando. Me quedan exactamente 30 días para dar la prueba que he estado preparando por meses. Si lo pienso, después de todo lo que ha pasado este año, 30 días para poder respirar tranquila nuevamente no es nada. Queda poquísimo para salirme del cacho. Vamos que se puede.

Hoy fuimos con la Feña a un torneo de blogs en la UAndes. Fue piola, no íbamos con más expectativas que las de un almuerzo gratis, pero salimos con la "mención honrosa" del mejor post. Debo admitir que suena bastante deprimente, pero bueno, no siempre se puede ganar. Si les llegara a interesar, el site es molkoplus.blogspot.com (Uso links. Una de las enseñanzas del "Making blogs for dummies", bastante ilustrativo por lo demás). El sitio ganador lo pueden encontrar en senalesdeltransito.blogspot.com. El resto de las direcciones se me olvidaron, pero si llegase a interesarles (tendrían que estar más que aburridos) entren a la página de la UAndes y ahí encontrarán eso y fotos de su humilde servidora con cara de idiota.

Sólo como aclaración, el post anterior fue pura y mera ficción. No voy a la U y ciertamente, no tengo novio. Estúpido sería aclarar que este, no es un snob. En fin, para los que se pasaron rollos, ahí está la verdad: soy una chica que sólo puede tener novio en cuentos fictiosos.

Yo me retiro. Me empezó a picar la garganta y eso, el 99.9% de las veces, no es signo de nada bueno. Este post es uno de los post más aportes que he escrito y creo que será el último en que usaré tanto link.

Thursday, November 03, 2005

Mi novio es un snob

Mi novio es un snob. Usa poleras con nombre y apellido, una pulsera de "Un Techo para Chile" y zapatillas blancas.
Mi novio es un snob. Interrumpe nuestras citas con su eterno e imparable celular, sólo para luego besarme y jurarme que lo va a apagar. Nunca lo hace. Siempre lo pone en silencio y no aguanta las ganas de contestarlo cuando vibra. Yo me hago la enojada. Nunca me resulta.
Mi novio es un snob. Su mundo conocido termina en Plaza Italiay cuando vamos al centro, me siento como una guía en un safari. Su nicho es la Plaza San Enrique y le encanta ponerse el gorro de guía cuando me lleva para allá.
Mi novio es un snob. Fuma Lucky Strike y toma Bacardi con limón. Cuando nos quedamos solos, asaltamos el bar de su padre. Yo me tomó una cerveza, él se toma un Campari.
Mi novio es un snob. Me invita a tomar un café a el Bosque y me habla de cómo Isidora Goyenechea se parece a Nueva York en verano.
Mi novio es un snob. Saluda a sus amigos con un abrazo y una Corona en la mano, y se despide de ellos con un beso en la mejilla.
Mi novio es un snob. Me manda mensajes de texto en medio de clases y me espera afuera de la U en el auto que su viejo le regaló el año pasado.
Mi novio es un snob. Yo detesto a los snobs, pero a él lo adoro. Me revienta que sea snob, pero me encanta que crea que tomarse un café cerca del Bellas Artes es alternativo.

Somos una contradicción en 4 patas, pero nos llevamos bien...

...tan bien como los snobs.