Sunday, April 30, 2006

Fe de erratas

Con respecto al post "Mina" publicado en este mismo blog, y con referente a ciertos comentarios que me han llegado (creo que la mayoría, expresados en los comentarios del susodicho post), debo decir lo siguiente:

1.- A pesar de que algunos sí entendieron la dinámica del post, hubo gente que no lo hizo y, por consiguente, debo quitarle toda la gracia al chiste y explicarla (y es que no hay peor asesino de un chiste irónico, que una explicación del mismo): el post no refleja PARA NADA mi postura personal frente al tema. Creo que la gente que viene leyendo el blog hace un tiempo, puede entender que no soy partidaria de "jóteate-a-un-mino/agárrate-al-mino/desecha-al-mino", sino que todo lo contrario. El post fue escrito en primera persona, pero desde un punto de vista que engloba a todo el género femenino y lo lleva al extremo (porque está bien que las mujeres seamos locas, pero no somos todas y no es nunca para tanto; por más que así lo crean).

2.- El post fue creado por acotaciones que me habían hecho amigos hombres en un determinado período de tiempo acerca de las mujeres y el proceso de conquista (¿nunca les ha pasado que variadas personas, sin conexión alguna, te hacen un comentario de igual naturaleza con respecto a un tema X?). El punto, es que todos ellos me hicieron 3 tipos de comentarios:
a) "¿Por qué a las mujeres les gustan los hueas?"
b) "Para gustarle a una mina, hay que ser un pelotudo: hay que hacerlas sufrir, no llamarlas, mostrarse indiferente; y sólo así te van a pescar"
c) "Yo he probado eso de comportarme como un huea, e incluso he llegado advirtiendo 'oigan, no se metan conmigo que yo soy lacho', ¡y resulta que las minas me llueven!"
Bueno, la cosa es que siendo fémina no me pude quedar indiferente ante tales observaciones (que no pude sino encontrarlas, muy a mi pesar, más que verdaderas) y, como diría Carrie Bradshaw, "I couldn't help but wonder": ¿Qué cresta es lo que nos pasa?. O sea, he conocido a amigos hombres que son un 7, el mejor novio que a alguien se le podría ocurrir y, sin embargo, son dejados a un lado y cambiados por otro. Una podría apelar a que, "bueno, hay gustos para todo", pero lo que queda es que toda mujer dice buscar más o menos lo mismo, y sin embargo optan por algo totalmente contrario a ello (y yo no me excluyo de este grupo; cosa que me preocupa más aún).
Fue a partir de esto que escribí el post y no como una manera de manifestar mi alma de manipuladora fémina empedernida.

3.- Con respecto a otros comentarios que llegaron, diciendo que eso no era cierto y que sólo pasaba con las mujeres inmaduras, bueno, debo decir que hay ciertos temas en los que las mujeres siempre seremos inmaduras: en que siempre nos vamos a confundir y siempre meteremos la pata; y uno de ellos, es el tema amoroso. No creo que ninguna mujer, por lo menos hasta mi edad, tenga el tema de los hombres controlado y también creo que esto de irnos por los pelotudos, es un error más que recurrente a la hora de enfrentarnos con él.

Anyway, eso era lo que quería aclarar. Sé que acabo de matar parte de la escencia de ese post (que, por cierto, me gusta mucho), pero al parecer era necesario esclarecer ciertas cosas.

Cualquier comentario, opinión o crítica, son libres de expresarla.

Saturday, April 29, 2006

Trauma del arito de perla

Yo nunca supe de eso del "arito de perla", hasta que me lo mencionó la Jesu. Íbamos al concierto de Oasis y, mientras aún corríamos por Bilbao, le pregunté cómo iba la U. "Bien" me dijo, con un dejo de insatisfacción. Cuando se lo hice notar me dijo "es que es la gente... o sea, muy buena onda, pero son todas... aritos de perla, po". Nunca se me hubiese ocurrido, pero entendía lo que quería decir. Arito de perla: chica necesariamente ABC1, asidua a la feria de Vitacura, preferentemente de colegio de puras mujeres... arito de perla, po.

La que me lo mencionó por segunda vez, también fue la Jesu, esta vez en un contexto totalmente distinto y con una significante brecha de tiempo entremedio. La divisé a lo lejos y quise ir a saludarla: "¡Hola, Jesu! ¿cómo estás?". Ella me abrazó y antes de decirme nada me dijo: "Ah ya... andamos de aro de perla" y yo me quedé ahí, sin entender absolutamente nada. ¿Aro de perla?, ¿yo?, ¡¿Qué cresta quiso decir con eso?!

Otra brecha de tiempo. Otro contexto. Estoy en una reunión de exalumnos de mi colegio: casi toda mi generación y gran parte de generaciones anteriores, están presentes (incluso los tipos de 4to medio por lo que babeaba cuando estaba en 8vo básico). Entre la masa, diviso a gente de mi edad. Sin dudarlo dos veces, voy a daludar a mis ex compañeros de colegio. La Coni se acerca y me dice "Sandra... ¿qué onda?";
la miro con una cara tipo de-qué-me-estás-hablando y, como si se hubiese puesto de acuerdo con la Jesu, me dice "¡tus aros!... ¡LA PUC TE ABSORVIÓ!" y yo, simplemente, no puedo creerlo. Y es que me pregunto ¡¿qué tiene que use un aro pástico que intenta ser perla?! y más que nada ¿¡A QUÉ ES A LO QUE SE REFIEREN CUANDO ME LO HACEN NOTAR INCLUSO ANTES DE DECIR UN MÍSERO "HOLA"?!

Sé que se puede decir que me traumé un poco con esto (y con todos lo comentarios con respecto a los aros que surgieron durante la noche; que no fueron pocos por cierto), pero creo que tengo un poco de razón para hacerlo. Siento que los comentarios (aparte de ser en buena y de connotar un hueveo enorme), van también por otro lado. Tal se crea que, al salir del colegio, cambié; y puede que tengan razón, pero creo que el cambio no lo hace un aro de perla, y menos el intento de plástico que llevo en la oreja y que intenta desesperadamente ser aro de perla.

Y sí, no me traumé un poco, me traumé bastante para ser honesta porque no siente que he cambiado... o al menos no tanto para la cara de horror con que me miran mis amigos del colegio. Estoy feliz como estoy; estoy haciendo algo que me gusta, conociendo a gente nueva e increíble y poniendome aros que no son los que uso siempre. Creo que mi trauma va más allá de los aros de perla, y tiene más que ver con el hecho de que no me estoy relacionando bien con lo pasado... o lo pasado no se está relacionando bien conmigo; cosa que también es posible.

El punto es que nadie cambia por un aro y no se pueden poner etiquetas por lo que llevas colgando del lóbulo de la oreja... aunque derepente y, aunque no me guste, eso puede darte una pista de con quién estás tratando.

En mi caso, ¿eso será bueno o no?

Wednesday, April 26, 2006

Péndulo

Uno es humano; se supone que se puede cambiar de opinión, ¿no?.

Y sí, sí se puede. Se pueden encontrar razones a favor o en contra de una postura y, según eso, mantenerla o cambiarla. Cualquiera de las dos es totalmente legítima: pensada, razonada, argumentada. ¿Y qué pasa con aquellas cosas que no son cambiadas por la mente, los argumentos o las evidencias? esas cosas sólo cambian sin ninguna razón. No necesitan darte explicaciones: un día uno puede sentir algo y, al otro, algo totalmente distinto. Creo que tengo (tenemos) el derecho de cambiar de opinión (o como dice el término inglés más adecuado para este caso) o a un "change of heart".

No se trata de jugar con los sentimientos de nadie y menos autoimponerse emociones. Son cosas que se dan porque sí. ¿se siente mal cambiar tan drásticamente? derepente sí: porque ya no se siente tan lindo como antes, ya no hay mariposas en el estómago ni incertidumbre a la vuelta de la esquina: se vuelve a cero.

No hay nada que hacer. Sólo dejarlo ahí.

Tal vez, eventualmente, las cosas se desenrreden un poco y, eventualmente, vuelvas a sentir aquello denuevo.

Tal vez las mariposas encuentren un motivo para volver.

Saturday, April 22, 2006

Mina...

Romperle el corazón a un hombre, es el mayor placer del mundo. Reírme de los mensajes cursilones por MSN y las interrupciones de mi vida normal con un "te quiero" en forma de SMS, es uno de los gustos más grandes que me doy. Porque para eso estoy; porque, a pesar de que diga lo contrario, esos tipos no me gustan.

A mí me gustan los pelotudos. Me gustan los que me miran y me toman del brazo, sólo para hacerle notar al mino que pasa que no estoy disponible; a ése que me dice tiernamente que me quiere cuando me va a buscar a mi casa y que luego me niega un beso porque tengo brillo en los labios. Me gustan los que saben que, cualquier salida decente, se hace en un pub o en un cine, mientras más concurrido mejor: todo sea por no intercambiar palabras en demasía. Me gustan los chicos que me cuentan de su día y que, al escuchar el mío, toman un trago de cerveza desviando la mirada a la vez que emana un "mmm" de alguna parte de su tórax. Me gustan los minos que me piden un tiempo dos días antes de salir de vacaciones y que luego me llaman 2 días antes de entrar a clases para volver; los que esperan al aniversario para decirme que se les fue el amor, los que me dicen que me extrañan y me quieren y que, después, sólo me hablan para preguntarme por el teléfono de una amiga, sin siquiera pretender que le importa qué ha sido de mi vida. Me gustan los chicos que no me dan la mano porque lo encuentran ridículo, los que creen que regalar una canción no tiene sentido porque no la puedes tocar, los que no son capaces de verme a la cara cuando quieren a otra, los que se aburren fácil y me descartan como un día en su calendario, los que dan besos fogosos con los ojos abiertos y torneando las pupilas. Como dice el comercial, soy mina; y no miento al decir que me gustan pelotudos.

Las cursilerías son una pérdida de tiempo. Los "te quiero" y "te extraño" en forma de mensaje también. Hay hombres que son tan ridículos. Esos que parece que se mueren por mí, que me sorprenden cualquier día para sacarme de mi rutina como un acosador; esos que creen que cantarme una canción no es solamente un acto de degradación humana, sino que además lo encuentran un gran mérito de romántico empedernido. Esos que creen que cocinarme es mejor que llevarme a comer a otra parte; esos que me miran y me miran, y me preguntan cosas de mi día como si estuvieramos en un interrogatorio. Esos que me dejan cartas secretas entre mis cuadernos diciendo cuánto me quieren, esos que me toman de la cintura sin importar en donde estémos. A esos hombres son a los que disfruto ver sufrir: porque el amor los vuelve vulnerables y su corazón es incluso más fácil de romper que un papiro. Y es que soy mina. De eso, disfruto.

Es que, coon los pelotudos, las cosas son más excitantes, más sufridas y mucho más dolorosas. Soy mina y, para ser honesta, a mí me gusta sufrir. Quiero alguien que me tenga rogando a Dios todas las noches para que no me engañe; ése que me dé razones para estar tiritona todo el día. Quiero estar con un tipo que me haga sentir como que por fin domé a una bestia que ha tenido un número interminable de chicas antes que yo, y un número aún mayor de one night stands. Quiero que me haga sentir que, a pesar de todas "ellas" siguen siendo sus amigas, soy yo a la que escogió por encima de todas. Quiero un chico que me dé razones para estar contenta cuando un amigo me diga que no hizo nada la otra noche que no salió conmigo, y que me dé argumentos para desquitarme cuando me digan que se metió con mi mejor amiga. Quiero un chico que me haga llorar, que no me llame nunca, que me tenga en una constante incertidumbre de amor e indiferencia; quiero un chico que un día me bese en frente de todos sus amigos, que al próximo ni siquiera me tome la mano y que al siguiente me diga que ya no me quiere. Quiero un mino que me dé motivos para odiar al mundo y para empapar la almohada de lágrimas y rimel, uno que me recuerde que no debo comer para no engordar, que me mire con cara extraña antes que me diga que me vaya a cambiar el top que me compré en la tarde y que tanto me gustó.

Y es porque soy mina: me encanta sufrir, adoro llorar, amo vivir en la incertidumbre, me fascina estar con alguien con quien tenga que esforzarme para que me quiera y alucino con quejarme del mundo una vez que me tachan de una lista.

Soy mina. Clamo al mundo que busco un chico sensible que me ame hasta morir y se preocupe por mí, pero en cuanto llega, no dudo en descartarlo, tomar su corazón y romperlo en mil pedazos. Porque eso es lo que quiero me hagan a mí... aunque aún no entiendo por qué.

Y no entiendo... ¿por qué nos gustarán tanto los pelotudos?

Thursday, April 20, 2006

Algo extraordinario

Llegué a esa conclusión. Caminando con el mundo en los hombros, con el viento helado en la cara y el cansancio en las piernas, con el movimiento hecho por una inercia inexplicable, que no tenía razón ni argumento (como la mayoría de las cosas en verdad), y viendo a lo lejos cómo los semáforos cambiaban y siempre me saludaban con esa luz roja que me pone los pelos de punta. Y sonreír no era una opción. La misma fuerza inexplicable que movía mis piernas y las ponía una delante de la otra, era incapáz de contraer los 50 y tantos músculos que se requieren para una sonrisa; tampoco había motivo y ni siquiera ganas. Sólo quería llegar, terminar con esa caminata que ya parecía eterna, que me pesaba más en mi cabeza que en mi cuerpo, acabar con la idea de que nada era suficiente y que siempre había un pero; siempre una injusticia en mi contra y una fuerza opositora que no podía vencer. Sólo quería irme y hacerme ínfima en el horizonte.

Pero las calles pasaban y nada parecía mejorar; sentía cómo el mundo había confabulado en mi contra para hacerme esta broma (que les salió muy bien después de todo), que me hacía sentir como un soldado caído en la batalla del Somme. Y entendí que estaba exagerando, y que no era el mundo el que estaba en contra mía, sino que yo estaba en contra del mundo, de sus reglas, de sus imposiciones, de la gravedad, del deber, de la soledad. Y no quería más. Pensé en mi cama, en cómo me hundiría en esa frazada que me cobijó desde que medía menos de 1.5 mtrs., en cómo sumergirse entre sábanas podría ser la solución a toda la vida y... no, no era sólo eso. No podían solucionarse todo con una cama, había algo más: algo que me hiciera contraer esos músculos que me permitieran burlarme del mundo con una sonrisa, ese motivo sin sentido que me impulsara a caminar, eso que hiciera que los semáforos cambiaran y el cielo se volviera de ese tono azul pastel que tanto me gusta; eso que barriera con el camino sonoro de hojas secas que me precedía y que formaba una orquesta al compás de mis pasos; algo que hiciera que el liquidambar de mi casa dejara de sangrar: algo que evitara darme vueltas en la cama antes de acostarme.

Fue ahí que llegué a la conclusión; entre medio de Los Conquistadores y Los Navegantes. Amparada en una fila de árboles de hojas verde-amarillas, me di cuenta que necesitaba algo.

Algo extraordinario.

Y no tiene mucho sentido. Es sólo un capricho. Esto de buscar (o más bien esperar) un quiebre que rompa todo el esquema, que vuelva mi día inolvidable, que haga que esa fecha sea marcada en el calendario de mi vida y no quede siendo un evento aislado dentro de las cientos de noches y amaneceres que he visto. Algo que haga pasar esa ventana en mi horario, como los cinco minutos previos a una prueba, esos que pasas con la excitación a flor de piel, y te dan ganas de correr por todos lados y gritar y terminar con todo eso sólo para poder respirar profundo y reír un poco. Necesito algo que me haga prescindir de mi cama y todas las capas de ropa que me aislan del frío, del infinito café que me mantiene en movimiento, del maldito reloj, del aún más maldito despertador y de esa intrínseca necesidad de hacerme ínfima en el horizonte.

Y sólo con darme cuenta de eso, el cielo es un poco más azul y el camino un poco más despejado; se hace más fácil pensar en algo que me motive a poner un pie después del otro y a contraer esos resagados músculos faciales para poder sonreír denuevo

Y el mundo derepente no es tan malo. Y la idea de hundirme en mi cama ya no es tan oscura. Y las ganas de hacerme ínfima en el horizonte, se van yendo a lo lejos...

Saturday, April 15, 2006

High school reunion

Ayer vi a mis ex compañeros de colegio. Los mismos que compartían aula conmigo y que usaban el mismo uniforme que yo. Esos que ahora están dispersos por las universidades de la capital y los que no. Esto último fue el motivo de la junta: Kappés, uno de mis mejores amigos, ese que ha estado toda mi vida presente y del cual es imposible separar mi existencia, volvía a Santiago por la semana santa. Él se fue a Valdivia a estudiar antes de que me pudiera despedir. No lo veía hacía ya meses. Sería una verdadera high school reunion.

Y ahí estabamos todos: los chicos de siempre, las personas con que peleaste porque no te entregaban su parte del trabajo, los que te hicieron reir más de alguna vez con esas anécdotas escolares y con los cuales tienes miles de historias. Para mi sorpresa, estando ahí, eramos sólo 3 chicas y yo era la única que estaba sola. La So se quedó toda la noche en los brazos de su novio (el mismo del colegio), la Pitu no se soltaba de la mano del suyo (cosa que no hace desde el colegio); y yo estaba de espaldas a la chimenea, viendo cómo todos conversaban: cómo todos seguían siendo los mismos.

Y yo me siento diferente. ¿Por qué me siento diferente? no es como que lleve años en la universidad y que mi grupo humano sea 100% distinto. No es como si hubiese hecho un reciclaje de mis amigos y me hubiese olvidado del resto. ¿Por qué me sentía aparte?. Las chicas estaban todas iguales y, la única diferencia con los chicos, era que ya nadie les decía que se afeitaran y que se cortaran el pelo y, por ende, todos estaban con el pelo largo. Y todos hablaban entre sí, como si me hubiese cambiado de colegio y estuviera con mis antiguos compañeros. Todos parecían tener algo que contar, como si hubiesen pasado toda la semana juntos; mas yo, no.

Y me sentí impotente, y me dió rabia, porque todos parecían más felices y adaptados que yo; porque yo sentía como de otro planeta. El colegio no se había acabado hacía mucho, todos seguíamos siendo los mismos pendejos de antes (algunos un poco más... ¿o será que se me había olvidado?), ¿por qué me sentía así?

La única razón por la que me quedé, fue Kappés. Era buenísimo recordar que él estaba aún en mi vida, aunque fuera a 800km. de distancia. A él no lo había perdido, pero me pareció que al resto sí.

Así pasó la noche: entre risas y nostalgia, entre saludos evitados, actualizaciones y conversaciones forzadas; entre la que era antes y la que creo ser ahora.

Wednesday, April 12, 2006

Un paréntesis y reflexiones simultáneas

"¿Has sentido algo mejor que el bajo en tu estómago?" le pregunté mientras las piernas me temblaban. Él era de los míos. De los que sí habían sentido eso, de los que encontraba una de las mejores sensasiones del mundo al sentir las vibraciones de la música chocar contra los pies y subir por todo el cuerpo. Yo no era la única. Ya no era una loca.

No sabía qué me pasaba. Estaba ahí... y derepente desaparecí: viví un paréntesis del cual no recuerdo más que un par de acordes y un sentimiento de comodidad que ningún sillón me podría haber dado; una sensación placentera. Yo le llamé "el éxtasis", un acercamiento al nirvana que le iba a explicando a él mientras mi cara esbozaba una sonrisa y mis párpados cerraban mis ojos a medias. Él sólo reía.

Y fue la sorpresa de la noche. La buena compañía, tal vez. La necesidad de salir de la rutina, hacerme el moretón que ahora exhibo en mi brazo izquierdo, la rebeldía de dejar de lado las responsabilidades de la U y los miles de textos que tengo que leer. Me hacía falta un poco de rebeldía; se nota en la sonrisa, tal como Pablo notó el acontecimiento de algo bueno en mi vida. Nunca supe cómo lo hizo, pero al mirarme él lo supo... en fin. Era necesario. Y fue rico; y entretenido y toda una velada increíble donde me recorrí la mitad de Santiago.

Me dijiste que nos veríamos cuando quisieramos. ¿Qué pasa si es que quiero verte cuando no debería?

Me dijiste que no esperara nada de tí. ¿Qué pasa si te digo que tampoco puedes esperar nada de mí, porque simplemente no tengo nada que dar?

Tú lees esto y tal vez alzas las cejas... tal vez sonríasy no estés seguro de nada. No sé. A tí también es difícil seguirte el paso.

Yo, de lo único que estoy segura, es que me pondré roja cuando me hables de esto.


PS: ¿ves que eventualmente hiciste una aparición aquí?

Saturday, April 08, 2006

(We) girls can be cruel


Siempre he creído, irrefutablemente, que no me metería NUNCA con un tipo que estuviera pololeando. Mucha gente me ha preguntado "¿y qué pasa si este tipo resulta ser el chico de tu vida?, ¿acaso no lo intentarías?". La respuesta a esa pregunta, y a comentarios como "que eres fome" e "igual la pensaría", es siempre NO. Y no porque no me atreva a competir ni porque quiera ahorrarme un par de dolores de cabeza (lo cual viene con el hecho de no meterse en las patas de los caballos), sino por respeto a la mina que está con el chico en cuestión; o como me gusta ponerlo a mí, por algo llamado "solidaridad femenina".

Y es que siempre nos quejamos de que somos nosotras versus ellos; las chicas y los chicos, la pugna en la que siempre nosotras tenemos la razón (no importa la idiotez que estemos defendiendo). Nos quejamos de que estamos solas contra la horda masculina, que no tenemos nada más que a nuestras girlfriends. Y es ahí cuando el cuadro se encrudece, porque ya no se trata de la batalla de hombres contra mujeres, sino de tí y tu grupo, contra ellos y el resto de las chicas. Ese es el orden que tenemos las féminas, porque, fuera del grupo (o más bien tropa) de las amigas, el resto conforma parte del enemigo: incluso aquellas chicas que forman parte de nuestro equipo biológico.

Ahora, ¿por qué nos separamos en pequeños grupos, cuando podríamos tener a todo nuestro género de nuestra parte?, ¿por qué nos vemos una a otra como la competencia a la que no tenemos ni el más mínimo recato en destruir?
Bueno, creo que podría estar horas pensando en eso y en cómo la vida que hemos llevado desde la raíz de los tiempos nos ha hecho de esta manera, pero la verdad, es que es algo que ya llevamos inherentemente en el genoma. Somos así per sé. There is no such thing as "solidarity among women", eso es sólo una idea preconcebida que la revista "Tú" nos hace creer cuando tenems 8 años. La solidaridad que tenemos entre mujeres, se restringe sólo a nustro círculo más cercano, por el cual se da todo. El resto, la mayoría de las veces, no cuenta.

Derepente pienso que ese tan hablado instinto competitivo que tienen los hombres, no es un tema propio de los chicos, sino algo humano que también tenemos nosotras; sólo que nosotras, dejando las armas de lado, somos aún más violentas (o tal vez despiadadas) que nuestros contrarios. Tal vez porque no jugamos con pocos ataques grandes, sino que con constantes e incansables ataques diarios (literalmente). También tenemos la ventaja de que, cuando competimos entre nosotras, conocemos al enemigo íntimamente. Sabemos dónde duelen los golpes o, si no duelen, cómo darles el impulso para que finalmente cumplan su objetivo.

Aún yo no entiendo por qué siempre he tenido la consideración por la "novia de turno", cuando en el resto de los temas, soy tan despiadada como cualquier otra chica. Tal vez algo de la "solidaridad femenina" quede en mí, por más ínfima que sea. Hay que pensar que hay chicas que ni eso tienen.

Pero no importa la mínima consideración que nos asalte derepente. Una cosa es segura: la lucha es eterna. Se lleva a cabo todos los días bajo nuestras propias narices y no nos damos cuenta. Cada mirada, cada comentario es una bala más en medio del frente de batalla. No importa cuánto creamos que no nos importa, siempre está ahí.

Y los tacos, son sólo un accesorio más de nuestra guarnición de guerra.

Thursday, April 06, 2006

Sudden twist

En algún momento entre las 12 de la noche del domingo y las 10 de la mañana del lunes, algo salió mal. Y es que no es normal que me quede dormida en la mañana. Menos que ande como zombie por la tarde; que me desvele por la noche y que ande arrastrando los pies como si la fuerza para levantarlos, fuera ocupada en respirar y pestañar (podría decir "pensar", pero hasta de eso tengo dudas).

Podría atribuirselo al cansancio, al hecho de que se me vienen semanas llenas de pruebas, a que estoy resfriada o al hecho que, el lunes por la mañana, el futuro había dejado de ser incierto: todo iba a ser como siempre lo pensé. Y habrían más lunes como ése. De hecho, demasiados incluso para mi gusto. Y el sentimiento se repetiría el martes, el miércoles y me acompañaría a acostarme el domingo.

Le dije a la Paula: "Creo que nunca fue. De haber sido, estaría golpeandome el pecho y llorando cuando el mundo se olvidase de mí... y no lo hago".

¿lo hago?

Y es que ni de eso estoy segura. Creo que fue lindo sentir la guata revuelta de vez en cuando y jurar por mi vida que, en cada paso, un angel ponía un pedazo de nube. Fue rico sentir que, como dice la Vero, no estaba volando sola y, para variar, no estaba cayendo sin paracaídas. Pero parece que sí. Parece que la cosa no era un vuelo en American Airlines, sino una caída libre con un paracaídas en proporción Barbie. Pero ¿es tan terrible?, ¿estoy sufriendo tanto?

La verdad, es que no (o al menos no hasta ahora). Para ser honesta, creo que por primera vez me siento bien. Y para ser más honesta, siento que esto aún no termina. Que todavía pueden volver los querubines a poner nubes bajo mis pies o que todavía puedo pasarlo peor: el paracaídas puede tener, sopresivamente, un hoyo en el medio.

Y ya no sé. No quiero producir "Matrix 4" sin siquiera haber visto la 1 (si es que entienden la metáfora), no quiero imaginarme un vuelo idílico cuando lo único que experimento, es la revoltura de mi estómago debido al vértigo. Ya no sé nada. Lo único de lo que estoy segura es de eso y que todo se ha vuelto un poco más simple. Demasiado simple para mi gusto.