Saturday, July 29, 2006

Del ocio, la desconexión, la anagnórisis y otras hierbas

Completé una semana desconectada del cybermundo. Normalmente, creo que habría corrido al cybercafé más cercano al cabo de unas 5 hrs., pero para mi sorpresa, no fue así. Creo que he desarrollado un sistema de apoyo psicológico en el caso de que el MSN deje de funcionar y que el computador sencillamente decida no prender más. Ahora, de qué trate ese sistema de apoyo, eso es otro cuento porque ni yo entiendo cómo es que sobreviví; y no lo digo porque el computador y la conexión a banda ancha se hayan convertido en el último tiempo en un artículo de primera necesidad para toda la humanidad, sino que esto se aplica estrictamente a mi caso. La vida sin internet, sin el blog, sin MSN, sin el mail y los fotolog de pelolais para matar el tiempo, era sencillamente inconcebible, especialmente en las vacaciones cuando uno tiene más tiempo libre. Anyway, independiente del misterioso proceso que pasé, el punto es que no morí y me dí cuenta que talvez no soy tan adicta a esto de la tecnología como digo serlo, lo cual se convirtió en una de las anagnórisis (entiéndase algo así como una epifanía, revelación, alcachofazo, caída de teja o como uds. quieran llamarle) de la semana.

Obviamente, en el momento en que digo que fue "una de las anagnórisis", se sobrentiende que hubo más de una y esa tomo lugar ayer.¿Les ha pasado que en el peor momento y en el peor lugar, y más encima con la compañía menos apropiada, se dan cuenta de cosas un tanto trascendentales y empiezan a flotar en el espacio; sin poder responder coherentemente a lo que se les dice y menos decir un comentario acertado a la conversación que se está llevando a cabo a su alrededor? bueno, siendo honesta a mí me ha pasado un par de veces y odio que eso me pase. No sólo porque tener que pensar en el asunto que acabas de descubrir, analizarlo y darle vueltas una y otra vez, sino que también tienes que pensar en excusas verosímiles para decirle a la gente que está contigo. Se descargan las típicas preguntas como el "¿estás bien?", a lo que uno responde (obviamente) "sí". Lo malo viene cuando la gente insiste y saca el temido "es que no, yo sé que no estás bien... ¿qué te pasa?" y uno se queda helado. ¿Cómo explicarle a esa persona (que tal vez no sea la compañía no-adecuada, pero que sea parte de un entorno no adecuado) que te acabas de dar cuenta de algo que te molesta o te frustra profundamente, y que lo único que quieres es irte de ahí lo más rápido posible e ir a tu cama a ver la repetición del prime time de Sony a las tantas de la madrugada?
No sé si sea tan bueno, pero en tales casos yo opto por seguir mintiendo. Tiendo a pensar que tengo un lado donde soy una mentirosa patológica (lo que a veces, me produce bastante orgullo si debo mencionarlo), y es aquí donde ése lado aflora y me insta a reír y decir "sí, obvio que estoy bien... no seas rollento". A veces eso ni siquiera funciona bien. Me han dicho que miento mucho, pero que no sé cómo hacerlo.

ah... if only he'd known...

Y ahora ya no estoy segura de muchas cosas. El tiempo libre de internet y del mundo conocido (¿mencioné que hubo un par de días donde llevé vida familiar exclusivamente?) me sirvieron para enfriar un poco la cabeza y ponerla lista para enfrentar la realidad desde el otro lado de la vitrina. De repente eso es un tanto desagradable, pero sirve cuando nuestros ojos se distorsionan y empiezan a ver el mundo de una manera que no podría estar más alejada de lo que realmente es.

Yo ya me tomé esa pastilla de realidad (sí, la misma de Neo) y creo que estoy en un estado de shock. Ya saben, cuando uno tiene su primer golpe con la verdad y se niega a aceptar que las cosas son así.

Pero lo son...

Ahora, es sólo un asunto de aceptarlo, acostumbrarse y crear una nueva estrategia de ataque... o encontrar un nuevo objetivo.

Sunday, July 16, 2006

Manejada libertad

Para mí, sacar la licencia para manejar no era sino un permiso para que mamá me mandara a comprar al supermercado. De hecho, al principio siempre creí que mis padres me alentaban a sacarla para poder decir "oye, Sandra, házte una paleteada y anda a pagar el seguro de (introdúzca cualquier cosa aquí; en estos tiempos, creo que hasta el mouse de mi computador tiene seguro)" o un "Sandra, falta pan, anda al supermercado y compra... ¡ah! y tráete también (introdúzca una larga lista de cosas que se pueden encontrar en un supermercado, incluyendo ropa)".

Después, cuando ya estaba en las clases prácticas y el promedio de las paradas del auto era menor que el promedio de pasos que daba desde la escuela de conductores a mi casa, empecé a pensar que mis papás tendrían que prestarme el auto de vez en cuando para realizar tareas, no del todo prácticas. Ya me veía recorriendo Santiago por las noches y haciendole ojitos a los chicos lindos que pararan a mi lado en los semáforos.

Stike #1

A mis padres les costó MUCHÍSIMO entender que algún día tendría que manejar de noche y que algún día tendrían que prestarme el auto para salir. Las excusas como "no, si confiamos en que manejas bien, pero el resto..." y "¡quiero dormir tranquila esta noche!", eran el pan de cada día y yo ya me estaba cansando del asunto; ¿para qué sacar licencia si tus padres no te prestan el auto? (sobrentiéndase el hecho de que yo carezco de auto).

Cuando mis padres se calmaron un poco y empezaron a pasarme el auto (tanto como para mandados como para poder salir -con un toque de queda bastante déspota por lo demás-), yo juré que la vida comenzaba a tener un sabor un poco más dulce. Me veía corriendo por la Kennedy, pagando tags hasta morir, pelo al viento, radio reventándome los tímpanos y miradas coquetas en los semáforos.

Strike #2

MENTIRA. Por alguna ley de Murphy que tiende a ser un axioma en mi vida, a mi lado en los semáforos, nunca hay alguien a quien hacerle ojitos, sino que está el típico viejo yuppie con oficina en Tabancura, arriba de una Rexon y con la señora en el asiento del copiloto porque es primera vez en todo un mes que la lleva a comer afuera. Cero glamour y cero historia de amor carretero. Y en cuanto a la emoción, bueno, digamos que saqué mi licencia en marzo y no fue sino hasta ayer que tuve una manejada extrema. Una de las buenas. Nadie creería que una rotonda y una canción de Madonna pueden llegar a superar (y con creces) cualquier montaña rusa de Fantasilandia.

En mi historial de conductura, tengo tres rayones (el último un tanto más grave que el otro), unos cinco bocinazos, una pasada en luz roja, dos comidas de ceda el paso e infinitas paradas de motor y cambios mal puestos. No es tan malo después de todo (considerando el tiempo, créanme que han habido peores). Soy la mejor estacionándome en paralelo y lo peor que Chile ha visto a la hora de estacionarse de punta. Tuve que hacerle un rayón a los autos de mis dos padres para poder aprender a entrar bien el auto de cola (cosa que, ahora hago, sorprendentemente para mí, bastante bien) y salgo cada vez de mi casa, rogando a Dios no tener que despertar a mis padres en medio de la noche para explicarles que los discos Pare sí tienen la facultad de salir de la nada.

El nerviosismo y la tensión de cambiar a quinta y que aún haya gente que te pase, es parte de mi rutina diaria. Son cosas que pasan, pero que valen la pena con creces cuando, a cambio de eso, tienes una probada de lo que en los libros de historia, llaman libertad.

Wednesday, July 12, 2006

¿Y ahora qué?

¿Se acuerdan de esos toboganes de los juegos?, ¿esas torres destartaladas, de tablas de colores, que tenían subidas y bajadas?, ¿esos a los que uno tenía que subir mil escaleras con un saco en el brazo, sólo para luego tirarse y sentir la velocidad por un par de segundos?. Bueno, yo nunca me subí a uno de esos. Nunca le encontré la gracia a hacer una cola enorme y tirarme por ese resbalín XL, sólo para sentir mis tripas en la garganta 2 segundos y luego frenar. La emoción no valía la pena y la decepción de la frenada era demasiada. Todos los niños se paraban de sus sacos con una cara de "¿y ahora qué?" y yo sólo los veía por detrás de la reja.

Con respecto a todo esto, creo que sinceramente me equivoqué. La bajada y la velocidad sí valían la pena y, a pesar de que la decepción con la frenada es muy grande, siempre sirve para darse vuelta y ver que el tobogán sí te dejó algo: un poco de emoción.

Para mí, este semestre ha sido el tobogán más grande en el que me he subido en todos mis años. Más grande que lo que fue todo el año pasado, y mucho más emocionante que aquella montaña rusa llamada PSU. Puedo decir orgullosa, que no importó cuantas subidas y bajadas tuviera ni cuántas veces creí que me iba a caer, porque pasé todos los ramos (obviamente no con excelencia, pero sí muy decentemente) y estoy, oficialmente, estresada y feliz.

Pero el tobogán ya me hizo frenar. Me quedo sentada en mi saco, sin subir nuevamente al tobogán, por casi un mes entero y no tengo nada que hacer. Absolutamente nada. Hay gente que hace cosas en las vacaciones: carretea todos los días, van a la playa con amigos y se revientan, van a trabajos, etc. Yo, por mi condición de estresada (uds. creían que era broma, pero no lo es), debo poner mi sentido altruista en hold y quedarme en Santiago por el mes de Julio. Pensaba quedarme en la casa, leer un par de libros, dar vueltas por Providencia y todo lo demás que hago cuando estoy en estado de hibernación. Desafortunadamente, el día de ayer, comenzó la frutración de mi paseos invernales y el resto de mis planes. No sólo empezó el síndrome de lluvia crónico que vive Santiago en este momento, sino que para peor y por un motivo que aún desconozco, la luz de toda mi cuadra y las calles aledañas, se cortó. Si me hubiesen dado un novio en esa situación, yo habría sido feliz: tormenta, oscuridad, un par de velas y el calor del scaldasonno aún reinando en mi cama; nada podría haber sido mejor. Pero bueno, volviendo a la realidad, en la cual carezco de novio, me vi imposibilitada de ver el final de lo que sea que estaba viendo (dado por el hecho de que desconozco lo que veía, asumiré que tampoco era muy bueno que digamos) y, por supuesto, de salir a cualquier parte donde sí hubiera luz. La única forma de leer, era con una velatón y el riesgo de incendiar la mitad de mi casa, cosa que, por supuesto hice, ya que el aburrimiento me consumía.

Luego de un par de horas de estar leyendo (de haber terminado un libro y empezado otro), me dí cuenta que no era sólo que no hubiera luz, sino que sencillamente, no había nada que hacer. Pasé de estar dentro de una olla de presión universitaria, a quedarme varada al final del tobogán sin siquiera atinar a pararme y a hacer la fila para tirarme nuevamente. Recordando a los niños con cara de decepción al final del tobogán, me dí cuenta que yo no tenía una cara decepcionada, sino feliz; cansada, pero feliz. Los cinco ramos y los cuatro meses, me dejaron con la satisfacción de que la U (por lo menos por ahora) no me la ganó; que puedo llevar una vida paralelamente (aunque un tanto limitada) y que hacer amigos es mucho más fácil que enfrentarse a aquellos que creíste que lo eran en un principio.

El semestre terminó. Empiezan las vacaciones y las revoluciones empiezan a bajar de a poco. Sólo me pregunto si tanto tiempo libre me hará mal... ya saben, el cambio de ritmo y todo eso.

Veo a las próximas semanas, no hay nada en mi agenda y, muy a lo Carrie Bradshaw, I can't help but wonder...

¿Y ahora qué?

Monday, July 10, 2006

INDIE.CL: Número 17 online

Ya chicos, ahora que la U se terminó (por este semestre) y el colegio los deja sueltos por un par de semanas, tenemos tiempos para recrear nuestra jóvenes e impresionables mentes en algo que sea totalmente (o por lo menos parcialmente) inútil.

El nuevo número 17 de Indie.cl está online ahora. Su humilde servidora aportó el la sección de tendencias sobre los chicos de los 90' y lo pueden leer directamente aquí.

Ahora soy partícipe de un nuevo blog magazinezco con mi colegui Bruno Córdova (después te cobro la tarifa de publicidad por tu nombre en este blog); todo el ocio y la farándula en www.farandulismo.blogspot.com. Aún no he aportado con nada, pero ya se me ocurrirá algo.

Las vacaciones son un tanto más largas que las del colegio, así que podré darme el GRAN lujo de postear un poco más seguido. Ahora, de postear cosas coherentes, no les aseguro nada porque estoy casi segura de que la universidad terminó con todos los links mentales que permitían hilar más de una idea en un solo párrafo.

Tuesday, July 04, 2006

Es que... se murió mi gato

Dentro de la lista de excusas estúpidas, esas que se ocupan para explicar el olvido de un trabajo, tarea, fecha importante o cualquier cosa por el estilo, está sin duda la más típica "Es que... se me murió mi perro (gato, pájaro, iguana, ferret, hámster, cualquier animal que se te pueda ocurrir)". En situaciones normales, uno se ríe de esas excusas, no les presta importancia y las pasa por alto. El que se te muera tu mascota regalona, NUNCA es tan terrible como un muy elaborado "ayer estuve toda la noche en la clínica porque mi papá tuvo un accidente..." etc, etc.

Y es que uno nunca se pone en el lugar del que da la excusa (en el caso de que sea una excusa verídica). Uno nunca piensa en ponerse en los zapatos del pobre tipo que se le murió el perro que, hace no tantos años, cabía en la palma de su mano y que después, bastaba que moviera una pata para hacerlo caer de la cama. Yo también me reía de esas excusas... hasta hoy.

A las 7 y algo de esta mañana, el Oddie, mi gato de toda la vida, el mismo que me vió pasar del jumper a la falda, de los Pokemón a The O.C, de los Backstreet Boys a Gustavo Cerati y del colegio a la universidad, daba su último par de maullidos para avisarme que no habría más calambres en mis piernas al quebrar la mañana (traten de tener a un gato de 7 kilos durmiendo toda la noche a los pies de sus camas). Con un último espasmo, el gato que tantas veces califiqué como el gato más lindo del mundo, daba su último respiro y me dejaba sola con mi neurótico perro.

Al poner todo en palabras, en verdad me parece tonto. Uno llora por la partida de un amigo, por la muerte de un hermano o un ser querido. Uno nunca considera a la mascota como todo eso, pero no es hasta que el regalón se muere, que te das cuenta que en verdad sí lo era. Y sí: no bastó salir de vacaciones, no bastó que mi equipo llegara a la final del mundial, no bastó tener un día de 22°C en Julio; nada bastó para sacarme la tristeza de saber que no oiría el ronroneo de mi gato otra vez.

Así, con la cara de 4 metros, volví a mi casa después de la universidad y de una buena cuota de lágrimas derramadas. No me pregunten por qué, pero cuando venía caminando por Pedro de Valdivia, a eso de las 6 de la tarde, encontré una de esas flores que Candy-Candy soplaba en el viento. Era la primera que veía en muchísimo tiempo y no resistí en cortarla (demándenme con la GreenPeace). Fue llegando al semáforo de los Conquistadores cuando, pensando en mi difunta mascota, soplé la flor y, por primera vez en todo el día, sentí que el nudo de pena que tenía en el pecho se iba. Sonreí y por un momento, ignoré que me sonaba el celular. Era Sebastián. Me preguntó por qué me había demorado tanto en contestar. "Estaba soplando una flor..." le dije, soriendo verdaderamente por primera vez en todo el día.

Miento si les digo que no me siento tonta escribiendo esto (nunca pensé que lo haría), pero creo que fue necesario: para botar un poco la pena. Para tranquilizarme un poco. Para no olvidar.

Monday, July 03, 2006

That 2 inches step

The image froze right there. You smiling at me with those brown-almost-green eyes; and that grin, God I remember that grin!

I don't remember who spoke, what song was in the atmosphere, who was there and who hadn't arrived; I don't remember anything but your face and my heart pounding in my chest, my knees week and my legs bending like string. Your upper lip was calling me and I didn't know what to answer. I froze. I froze with your image right there.
In my mind, I started wondering if my hands were made to caress your back and if my lips were made to fit yours. I imagined a million nights together, a hundred kisses, ten embraces and just one heart pounding in the shadows of your room.

And everyone dissapeared all of a sudden: there was only you and me in that place, no music, no words, no moving. Just you, me and the sound of your breath. I thought of screaming, of jumping all around and smiling untill my face hurt. But I just couldn't move. My muscles didn't respond and as much as I did want to stand up, I just wasn't able to.

You had me hipnotized. Paralized. Haunted. Yours.

Did you want me to move? Did you want me to take that step? Were you dissapointed? Will you ever forgive me?

No... don't ever forgive me.