Wednesday, October 25, 2006

Mi primera intravenosa

Desde hace más de 5 años que nadie me enterraba una aguja en el brazo. La última que me enterraron una (hablando de cualquier parte del cuerpo), fue cuando me dió una fuerte gripe el año pasado. Antes de eso, fue el pinchazo que me dieron en una posta de Pozo Almonte hace más de dos años, cuando me enfermé en medio de mi viaje de estudios e hice a todo mi curso (unos cuarenta adolescentes con ansias de parar para ingerir más alcohol), desviarse una cantidad considerable de kilómetros. Antes de eso, la única persona que me enterraba agujas, era yo misma, en un intento valiente por perforarme las orejas.

Sin embargo, y a pesar de que hasta el viernes en la mañana estaba en perfectas condiciones, ese mismo día en la tarde, recibí mi primer remedio intravenoso. Mi brazo ahora es el orgulloso símil de un heroinómano. Todo comenzó, como algunas buenas historias, en la ducha. En pleno de mi semi diaria lavada de pelo, sentí un tirón en el cuello y me dí cuenta que no lo podía mover. Bueno, para ser honesta sí lo podía mover, pero no sin paralelamente sentir un horrible dolor. Anyway, después de las tres horas que me tomó vestirme y bajar las escaleras, mi madre decidió llevarme al médico. Una exageración si me preguntan a mí, pero con todo lo que tenía que hacer ése día, un tirón en el cuello no podía frenarme.

Sin siquiera notarlo, me vi sentada en un box de emergencias; mi mamá estaba a mi lado izquierdo acompañándome, y eso lo sé sólo por una cosa de oído, porque, obviamente, nunca pude voltear el cuello para verla. Minutos después, llegó una doctora que se parecía a esas internas de "E.R"; esas que son todas lindas y tienen la cara de "Estoy haciendo del mundo un lugar mejor con este trabajo; ¡viva yo!". Entró, y sin siquiera saludarme o preguntarme el nombre (eso es a lo que yo llamo relaciones públicas), me preguntó qué me pasaba. Le conté exactamente la misma historia que conté en el párrafo anterior, y sin un átimo de timidez, puso sus manos en mi cuello, empezó a moverlo y preguntó si me dolía. Pensando que era una broma, yo le decía que sí con un tono irónico, pues no es muy difícil imaginarse que alguien que llega con el cuello chueco al box de una clínica, va a chillar de dolor si es que se le mueves; pero no, ella, a pesar de haberse titulado y haber sacado suficientes puntos como para entrar a medicina, al parecer no pudo hacer el maldito link mental y empezó a mover mi cuello como si fuera un joystick de Atari. Yo apretaba la camilla y le seguía diciendo que me dolía, hasta que la chica por fin captó el concepto de "dolor", dejó mi cuello tranquilo y sin mirarme a mí o a mi mamá, se fue a ver mi ficha. Mientras anotaba con esa rapidez de escritura que sólo los doctores tienen (y que deben enseñar en algún ramo específico en la universidad, al igual que deben enseñar a descifrar tales jeroglíficos), me decía que me pondrían un relajante muscular, un calmante y que me recetaría más calmantes para el fin de semana. En pocas palabras, la tipa me dijo que pasaría dos días con el cuello chueco y más encima dopada. Comenzaba a verme en aprietos cuando empecé a pensar en las entregas que tenía para la universidad, y se me ocurrió (brillantemente), que nadie con calmantes fuertes en el cuerpo puede escribir un ensayo decente que te salve el ramo.

La tipa se fue y empecé a considerar la obtención de un certificado médico. En eso, llegó la enfermera: una señora teñida, con cara de abuela y lentes que demostraba tener toda la dulzura que la doctora había perdido en su entrada y salida del box. Sin pensarlo dos veces, y después de saludarme, saca la aguja y desvirga introvenosamente mi pobre brazo. Long story short, pasaron horas y yo no sé si dormí o no. Me acuerdo de haber escuchado la historia del tipo que estaban atendiendo en el box del lado; un tipo que se enterró un cuarzo en el pie mientras nadaba en la piscina de un amigo. Me acuerdo que el tipo estaba nervioso porque pensaba que lo iban a retar en su casa y recuerdo cómo le contaba a la enfermera que lo curaba, que su tía (con la que estaba viviendo), era media histérica. También me acuerdo (y esto cuando estaba ya más conciente), que me tuvieron que poner más calmantes porque, como veían que la cosa no se me pasaba, tenían que sacarme radiografías, y para hacerlo, tenían que enderezarme el cuello.

Para cerrar, no tenía nada en el cuello, sólo una distención muscular que me dura un poco hasta el día de hoy, pero no es muy grave después de todo. Mis viejos insisten en que es porque estoy muy tensa, pero yo no estoy tan segura de eso. Hoy por hoy, tengo el cuello derecho y el punto rojo en la parte anversa de mi codo ya se borró, al igual que esos residuos de pegamento que dejan los parches curitas.

Cuando iba a las clínicas y veía a la gente en camillas, siempre me pregunté cómo sería que te pasearan de un piso a otro con una bolsa y un tubo saliendo de tu brazo. Quién diría que un día cualquiera, podría experimentarlo y darme cuenta, que es más entretenido de lo que parece. Sin considerar las penosas circunstancias que te llevan ahí, claro.

Saturday, October 21, 2006

I want my childhood back!

Ya no doy más. Creo que lo único que me mantiene despierta es la insulsa cantidad de cafeína que consumo todos los días y lo único que me hace dormir bien, son eso antiestamínicos que todo todas las noches. El peso del año se siente presionando en la espalda, y en mi calendario cuento los días para terminar con las clases. Ando como zombie. Tengo que hacer ensayos, leer, estudiar... y no tengo ganas de hacer nada de eso. Con suerte tengo ganas de quedarme viendo películas púberes en HBO (¿cacharon que ahora están dando "Coyote Ugly" denuevo?) y lo peor es que ni eso puedo hacer, porque desde que vinieron a cambiarme el internet, la recepción del cable en mi pieza es algo más que deficiente y tengo que escuchar la voz de los padrinos mágicos con un chirrido de fondo nada agradable.

Y filo. Se supone que queda poco, pero parece que queda lo peor. Más encima, ando con ganas de trabajar un poco para sustentar económicamente las vacaciones. Temo que, muy en el fondo tampoco quiero hacerlo, pero es necesario. Fuck.... ¿en qué momento la vida se volvió tan cansadora?, ¿Qué pasó con los días en que uno iba al colegio, estudiaba 2 veces a la semana para sacarse notas más que decentes, y las vacaciones significaban hacer nada?Yo insisto en que alguien llegó y se robó mi niñéz, y aún estoy decidiendo si es que eso me gusta o no.

Nada como ser una pendeja, para tener el derecho inalienable de ser caprichosa, hacer una pataleta de vez en cuando, tener esos ojos que derriten a los adultos y los ponen a todos como hordas de robots a tu voluntad; que te regalonéen y te justifiquen las metidas de pata con "déjala... ¡es una niña!".

Nada como ser tierno infante.Sopesando pros y contras, aún no me puedo decidir en si es que es mejor ser niña o adulta, aunque al parecer es sólo una cuestión de empaque. El contenido, sigue siendo igual de inmaduro que cuando tenía 6 años.

Monday, October 16, 2006

Sebastián

Sebastián es mi amigo. A Sebastián le baja la loca y cambia cosas que hasta ese día, parecían fijas. Es algo así como un idealista, pero no de esos activos; es más bien un idealista de sofá. Sé que algún día encontrará algo que lo haga moverse compulsivamente, pero creo que aún no lo encuentra.

A Sebastián no es bueno hablarle en las mañanas. Al parecer, la mitad de su cerebro (la parte intelectual y que da las facultades comunitativas básicas) le cuesta mucho despertar, y para esa altura del día, sólo y con suerte, funcionan las capacidades motoras. Algunas veces me sorprende que llegue sano y salvo a la universidad. Sebastián ha tenido dos blogs. Ambos los cerró de un día para otro; el último de manera reciente. Sebastián llegó y un día me mandó el link de su blog. Me encontré con dos líneas escritas en esa destestable letra Times New Roman y con tamaño 26, que decían "Blog cerrado". Sebastián me explicó que ya no quería tenerlo. Que derepente se dió cuenta que no le gustaba, y lo cerró. Sebastián es medio contradictorio en ese aspecto: algunas veces piensa mucho las cosas, y otras veces actúa impulsivamente. Tal vez siempre piensa mucho las cosas, sólo que no lo dice. Quién sabe... Sebastián puede llegar a ser muy hermético.

Con Sebastián fantaseamos en tener un programa juntos. Derepente pienso que él fantasea más que yo, o tal vez él lo ve más factible que yo. Yo sólo le digo "bueno" a todo lo que dice al respecto, aunque sería increíble que pasara.

Sebastián es todo literato. Derepente de forma abrumadora. Él habla de libros como yo hablo de las películas que veo por las tardes en HBO. Y habla de los autores grandes, de esos que me enseñaron para la PSU de lenguaje, pero que realmente nunca leí. Ahí, Sebastián y yo no tenemos tema en común. Hablar con él de literatura, sería como darle un monólogo. Yo sólo podría acentir y decirle (para la obviedad del caso) que no he leído el libro del cual habla. Él tratará de explicarme, pero al final la cosa terminará en un "tienes que leerlo" y una mirada por la ventana.

A Sebastián lo vi por primera vez en abril del año pasado. A Sebastián le hablé por primera vez en marzo de este año. Sebastián estaba conmigo en preu, y nunca le hablé. Él entraba a la sala, comía algo, se sentaba y se quedaba ahí. Algunas veces, pude oir a la pasada que escuchaba a The Killers. Tal vez debí decirle que le bajara el volumen a su walkman, pero nunca lo hice. Creo que la única vez que lo ví hablar con alguien, fue con Simón y otro tipo que parecía ser de su colegio. Simón es el mejor amigo de Sebastián. También estaba conmigo en preu. Tampoco le hablé ahí. También le hablé por primera vez en marzo de este año.

Sebastián me contó que recuerda que yo estaba leyendo "Rayuela" una vez, y que se reía con Simón de que tuviera el libro con un post it fucsia cada 2 hojas. Cuando me lo contó, Sebastián moría de la risa, y lo único que atiné a hacer, fue excusarme para pasar la vergüenza.

En la U no veo mucho a Sebastián. Él está en clases diferentes y tiene amigas diferentes. Él me dice que no encaja bien con algunas de mis amigas. Creo que yo no le he dicho que no ancajo bien con algunas de las suyas. Y no es que nos desagraden nuestras amigas. Es simplemente que nos sentimos aporte. Ése es uno de los puntos en que, con Sebastián, confluímos.

Sebastián, una noche, me preguntó cómo se llamaría nuestro programa. Yo le dije "República Independiente". Sebastián rayó papa y después me dijo que era muy cliché. Aún así, hicimos un blog al respecto.

Sebastián tiene cara de niñito y mide sólo un par de centímetros más que yo. Sebastián tiene cara de bueno, pero es la pura cara.

Sebastián es uno de mis mejores amigos y sólo lo primero que se me vino a la cabeza para escribir en esta noche en que alguien se lleva una hora de mi reloj.

Saturday, October 14, 2006

Neo jazz: Jamie Cullum


Para los que pensabamos que el jazz era cosa de viejos o de gente demasiado alternativa, ahora hay un nuevo escenario donde fijar los ojos. La idea de que el jazz se restringía a discos de Ella Fitzgerald y a clubes del Soho de NY, está obsoleta y ahora viene de la mano de Jamie Cullum. Sin que le importe qué es lo que tira el mercado mundial, Cullum ha hecho una exitosa y original mezcla de jazz, pop y rock que es capaz de cautivar a cualquier oído escéptico de la música del siglo XXI. Es así como en el 2003, lanza su tercer y más conocido album "Twentysomething". De este LP, se desprende el single "All at sea", que puso a Cullum en el ojo de los fanáticos y de la industria en general.

Ahora, los discos de estudio de Jamie Cullum, no son la gran cosa; es decir, no es que sean el eslabón perdido de la música, ni mucho menos, lo que tampoco quiere decir que sean deficientes de alguna manera. El punto, es que Cullum no brilla por sus discos de estudio, sino por sus presentaciones en vivo. Cullum, quien compone, canta, toca el piano y la guitarra (entre otros), es de aquellos músicos que no se limitan sólo a cantar las canciones de sus álbumes, sino que hacen un espectáculo musical que va mucho más allá. Y no estoy hablando de que el tipo saque a un par de bailarinas y se pavonée por el escenario como lo hace Robbie Williams en sus conciertos (tema que tocaremos pronto), sino que la maravilla es pura y meramente musical. Cullum entra al escenario con su deficiente estatura, en jeans y una polera; nada más simple incluso para la estrella que tiene vibrando a Inglaterra y que ni él mismo se lo cree. Una vez que se presenta, no es gran cosa; podría ser el amigo de tu amigo en una tocata escolar, pero en el momento en que Jamie se sienta en su piano, la historia es otra. El piano del intérprete de "Get your way", se vuelve una extensión de la retorcida e improvisada mente de un músico de jazz, y las notas fluyen por sí solas al son de un contrabajo y una básica batería.

Ver a este tipo en vivo (cosa que no he hecho, pero que me encantaría hacer), es simplemente espectacular. Yo me he limitado a las grabaciones de presentaciones en vivo y me imagino, que si él es capaz de traspasar semejante energía a través de una grabación, es porque en vivo debe ser simplemente genial. Les recomiendo a este jazzista con cara de niño de siete años, porque en serio vale la pena. No hay muchos artistas contemporáneos que, como él, sean capaces de traspasar tanto por medio de un par de notas.

Aquí hay una presentación de Cullum en el show de Jay Leno, que forma parte de la presentación de su nuevo disco "Catching Tails". Aunque no es tan espectacular como los shows que hace vivo (no por televisión, me refiero), es lo mejorcito que hay en YouTube.com, ya que el resto parecieran ser sólo videos de fans en conciertos, aunque aún así igual valen la pena.
Aquí está el video oficial del primer single de "Twentysomething", "All at sea". La canción es buenísima. Enjoy.

Thursday, October 12, 2006

Hojas de alcachofa

Dicen que la gente trabajólica usa el trabajo como una especie de droga que los eleje de un problema mayor. También dicen eso de la gente que hace cualquier cosa compulsivamente, y por ende, creo que muchos de nosotros entraríamos a formar parte de las líneas de Mentirosos anónimos.

Últimamente, mi vida ha estado en calma. Creo que demasiado en calma, para mi gusto. Para variar, la U me ha estado quitando más tiempo del que me gustaría, más energía de la que tengo y me exige más neuronas de las que nunca tuve (que nunca fueron muchas, por cierto). Y bueno, la U exige y tal como una máquina condicionada, yo respondo. Yo derepente me cuestiono de que sea porque amo mi carrera o porque quiero ser la mejor en lo que hago. No; yo creo que la cosa va más por un tema de orgullo: poder ser capáz de decir que esta cosa no me la gana, que sobreviví y todo eso. También derepente me cuestiono si es que eso es bueno o malo, pero ese no es el punto. Por lo menos no hasta que me venga una crisis existencial

El punto es que la U me exige y yo respondo sin cuestionamientos. Duermo menos, me estreso más, paso las pruebas (algunas) y todo se acabó. Pero, paralelamente, siempre hay otro compromiso esperando mi atención; otra prueba para la cual estudiar, otro libro que leer, etc, etc. Yo no me siento infeliz. Para nada de hecho, pero empiezo a preguntarme si es porque hay algo más importante que estoy tirando debajo de la cama esperando que algún monstruo (el mismo desorden), se lo coma. Y ahí viene la idea de la monotonía; de que mi vida está bien, pero no hay nada que me mueva el piso o que me haga sentir que el día se pasa más rápido que lo habitual.

En eso estoy: pensando en qué podría estar mal mientras tomo otra hoja de mi alcachofa, la sumerjo en jugo de limón con esas burbujas de aceite que trato de ignorar para poder comer tranquila, y le dejo la marca de mis dientes. Y no encuentro muchas cosas de qué quejarme (cosa que es rara en mí). Me quejo de mi crisis creativa. De que ya no puedo escribir como antes y no estoy segura de si eso me gusta o no. Tal vez de que siento que las vacaciones están tan cerca y tan lejos (far away, so close!)... tal vez estoy cansada. Me quejo del clima. Todavía no puedo creer que estemos a mediados de octubre y el suelo muestre rastros de lluvia. Pésimo, pero no me queda más que adaptarme. Siempre está la frazada de la cama y una buena película en HBO.

Pero bueno, creo que no es algo recomendable esto de andar buscando ni problemas ni males. No a menos que esté dentro de mis planes una potencial depresión crónica. Mejor me quedo aquí y les aviso si es que en algún momento, entre hoja y hoja de alcachofa, se me presenta una divina epifanía y me doy cuenta qué es lo que está rotundamente mal con mi vida hoy en día. No creo, pero les aviso sólo por si acaso.

Thursday, October 05, 2006

¡Uh, nene, llévame a un lugar con parlantes!



Y sí. Voy a seguir rayando papa porque ya estoy lo suficientemente loca. Acabo de encontrar el nuevo video de Gustavo Cerati. Corresponde al último single del "Ahí vamos", "La excepción", que es la mejor canción del disco sin ninguna duda. El video está increíble, así que aquí se los pongo.

Dato aparte: ya apareció la edición número 19 de Indie.cl, en la cual su anfitriona se pegó la más grande de todas las peladas de cable, y reseñó el concierto del susodicho Gustavo Cerati el 26 de agosto del presente año. Chequéenlo y revivan los mágicos momentos... o sepan lo que se perdieron.