Thursday, November 30, 2006

Regina Spektor - Fidelity


¿Rayemos papa? hace tiempo que Regina Spektor anda paseándose por las páginas de revistas musicales, donde se dice que ella es una de las artistas nuevas que la está rompiendo en la escena muscial mundial. Y bueno, esto no es tan nuevo, pero me cayó la teja del asunto cuando ví este video en Via X. Esto es "Fidelity", el single de Regina Spektor que le sigue a "Better". Es interesante y una de aquellas canciones chicle: esas que se te quedan en la mente y no te la puedes despegar.

Necesaria y útil astrología

Cuatro de cada cinco personas a las que le he preguntado, dice no creer en lo que dicen los horóscopos. La mayoría dice que son una idiotez y que es el mismo presagio para todos los signos, sólo que dicho con palabras distintas. Cuando les pregunté, a las mismas personas, si es que leían los horóscopos, todas me dijeron que sí lo hacían. ¿A modo de qué? derepente de entretenimiento, tal vez como una costumbre o simplemente porque les daba esperanzas. ¿En verdad necesitamos que cuatro líneas en un diario gratuito nos dé esperanza para soportar el día?, ¿tan mal estamos?

Yo confieso que también lo leo. De hecho, me llega un horóscopo todos los días a mi mail... now, how pathetic is that? pero la mayoría de las veces lo leo sólo por costumbre, y no le creo a menos que tenga algo MUY bueno que decirme; como esos días en que te dice que estés atenta porque el amor de tu vida te llegará tan repentinamente como ese virus que infectó tu computador la semana pasada. Cuando el horóscopo te dice esas cosas, uno anda saltón todo el día, pensando que al cruzar una calle, tu amor estará conduciendo el auto que por poco te atropella; pensando que algo bueno va a pasar. Obviamente, la gran mayoría de las veces, esa cosa TAN buena que te pronosticó el susodicho horóscopo, no pasa, pero cuando te das cuenta de que no pasó, ya es demasiado tarde. Ya estás en la cama y el día ya habrá pasado. Eso no quita que haya sido un buen día... ¿no?

¿Acaso son eso los horóscopos: una especie de placebo literal que viene gratis con el diario que te entregan al salir del metro?, ¿Acaso será la forma que tiene el estado, los medios o el mercado, de evitar que haya gente matándose en medio del paseo Ahumada, en un dejo de desesperanza y mal humor? No comencemoos a sobreanalizar esto y a enlazar teorías donde los horóscopos figuren como un método de control que tienen "los grandes poderes" sobre nosotros. El punto no es caer en la paranoia, sino entender el efecto que tienen esas cuatro o cinco líneas (que a veces, hasta vienen complementadas con medidores de amor, salud y trabajo; horóscopo del siglo XXI) en nuestro día y en cómo nos enfrentamos éste. Si leer esas líneas todos los días evita que ande pateando la perra todo el día y que me tenga que comer un chocolate para pasar la frustración de que estoy soltera y no se vislumbre a ningún pretendiente en el horizonte, so be it! Yo feliz. ¿Para qué tomar vitaminas energizantes, jugo de guaraná o infinitas cápsulas de Armonyl, cuando puedes leer el horóscopo gratis y tener un efecto similar?

Ahora, ¿qué pasa cuando el pronóstico del horóscopo es malo? Creo que más de alguna vez he leído algo así como:

"Virgo: La situación en el trabajo será complicada; deberás enfrentarte a barreras que sólo con tu esfuerzo y dedicación, podrás saltar. En el amor, tendrás que tener mucha paciencia con tu pareja. Trata de ceder terreno de vez en cuando y no seas tan absolutista. Un consejo: cuenta hasta 20 antes de decidir cualquier cosa. En la salud, trate de cuidar sus comidas; la ansiedad será su peor enemigo en este día".

Con un horóscopo así, yo creo que cualquiera no tiene sólo la posibilidad, sino el derecho de estar idiota todo el día e incluso llamar al trabajo para avisar que te quedarás todo el día en cama. Y es cierto, los pronósticos así, son todo menos alentadores. Pero hay otra manera de enfrentar los malos presagios: lanzarse al a aventura, desmostrar el escepticismo que siempre dijste tener (pero que en verdad sólo aparece cuando te aparecen este tipo mensajes bajo tu signo) y probarle al mundo lo contrario. El método "prove it wrong", es una de las maneras en que el horóscopo puede todavía funcionar de una manera positiva. Esto depende de la persona, pero existe, se da, e igual funciona; eso es lo único que importa.

Mi subscripción a HoroscopoFree.com sigue vigente y mi correo organiza todos los mails en una carpeta que funciona más como una caja de remedios que como una carpeta de archivos. Yo sigo pensando dos veces antes de contestar que no creo en los horóscopos, y admito que mi escepticismo sólo aflora de vez en cuando. Y está bien, un placebo puede ayudarnos a vivir un poco más alegremente. Pensar que hora puedes acceder a esperanza gratis y a domicilio.

¡Qué bueno es vivir en el siglo XXI!

Monday, November 20, 2006

My very own huea

Esto de los hueas ya se ha convertido en algo así como un leit motiv, tanto en este blog como en variados aspectos de mi vida. He escrito sobre los hombres hueas en muchas oportunidades, y sobre cómo nosotras las mujeres los condenamos a la luz pública, pero al mismo tiempo nos encantan y nos tiran todas las hormonas hacia su dirección.

Yo, como todas las minas que son consideradas mentalmente normales (que tampoco son tantas), no me siento especialmente atraída hacia aquellos machos con etiqueta de huea. Es decir, hay mujeres que les encanta eso de que la relación sea un constante tira y afloja, y que adoran vivir en la incertidumbre de que el huea llame o no llame. Bueno, yo no soy una de esas, o por lo menos eso es lo que yo creo. Pero bueno, la vida me ha enseñado a nunca decir nunca, junto con evitar escupir al cielo porque te puedes mojar. Moraleja: eso de escupir al cielo no sólo es un dicho popular, sino que una verdad totalmente comprobable.

Y sí. A pesar de todos los pronósticos y de todos los "no, yo no soy una de esas", sí: me metí con un huea. La cosa no fue nada serio. Nada duradero tampoco. Creo que tampoco se podría decir que tuve una relación, pero al mismo tiempo el término "relación" es tan relativo que llega a ser contraproducente. No, definitivamente no fue una relación. El punto, es que caí por uno de aquellos tipos que me parecían inalcanzables y que veía sólo como un método de recreación visual; esos que andan en un auto pseudo nuevo y se creen tan intocables por cualquier fuerza mundana, humana o divina.

Para ser honesta, en un principio pensé que él no era para nada mi estilo y, digamos las cosas por su nombre, me quedé en el juego sólo porque era un tipo por el cual uno gira la cabeza en la calle. Bajo de mi parte, pero invoco al que esté libre de pecado para tirar la primera piedra. Y bueno, no hay mucho que decir al respecto. La cosa fue pasajera; un "lo pasamos bien, pero aquí no ha pasado nada". No digamos que me ofendí. De hecho, y contrario a lo que podría haber pensado si es que me hubiesen contado esta historia, me dió lo mismo. Y así terminó todo.

Mi huea sigue ahí, en mi lista de MSN, sin hablarme y con esa foto que dan ganas de verlo denuevo, pero que al abrir la ventana, no me invita ni siquiera a tipear un mísero "hola". Algunas veces hablamos, pero muy poco a decir verdad. Nunca entablamos una conversación muy profunda ahora que lo pienso. Él nunca supo que yo era una melómana y que "Trainspotting" era mi película favorita. Quizá fuera por eso que la cosa no pasó de ser lo que fue, aunque su falta de interés en saber aquellas cosas también me daba una clara idea de que no quería que así fuera. Los mensajes que me mandó siguen en mi celular. Los borraré sólo cuando el aparatito me diga que no le queda más memoria, lo cual no está muy lejano. Y no, no es un trato especial, es lo que hago con todos los mensajes; porque no hubo y no hay ningún tipo de apego.

En situaciones normales, como dije, me estaría pegando con una piedra en el pecho, pero no lo hago. Como dije, no es como que me importe mucho después de todo... aunque sí figura como una historia más que digna de ser contada.

Tuesday, November 14, 2006

Vendo mi alma por un par de lucas

Cuando me dí cuenta de que las hojas de mi calendario comenzaban a acabarse, fueron varias las ideas que se me vinieron a la mente. Entre ellas, las nunca bien ponderadas "diablos, tengo que empezar la dieta", "tengo que estudiar para salvar el exámen de aquél asqueroso ramo" o "tengo que comprarle un regalo de navidad decente a mi madre". Esos son los pensamientos de todos los años; nada diferente ahí. Pero este 2006 en particular, y en adición a esta serie de pensamientos clichés de fin de año, se me vino este: "NECESITO DINERO". A pesar de que dejar de almorzar unos días te ayuda en cuanto a lo de la dieta y a lo de la plata (una medida win-win), me dí cuenta que no era suficiente. Comencé a ahorrar en fotocopias; me fui quedando con los vueltos de los mandados y le echaba menos bencina al auto. Digamos que algo de plata hice con eso (después de todo, un fraude siempre es económicamente rentable), pero tampoco fue suficiente para poder contar con arcas decentes hasta febrero.

Es en estos momentos en que el ciudadano normal ya estaría laburando hace ya un rato, pero yo traté de sacarle hasta la última vuelta posible al asunto, hasta que no hubo más remedio: era menester encontrar un trabajo. Como consejo de parte de mis remunerados amigos, el primer paso era empezar a tirar currículums con una enorme y falsa sonrisa en cualquier lugar humanamente posible. Eso no es tan difícil, pero se vuelve una tarea un tanto titánica cuando te cae el hecho de que a) no tienes currículum y b) de tenerlo, estaría vacío. En estos casos se hace, como dice el dicho, "de tripas corazón", y en una página de currículums "hágalo ud. mismo", hice un currículum a partir de las escuálidas referencias laborales con las que contaba; es decir, convirtiendo las tardes de cuidar a mi hermana y en todos los favorcillos que le hago a mi padre en la oficina, en algo más que una profesión.

Lo primero que apareció, y que no tuvo nada que ver con el currículum, fue la pega de ser examiandora del SIMCE (eso lo contaré más tarde; sólo por una cosa de orgullo). Ya eran 50 lucas al bolsillo si es que hacía la pega bien (ya que los tipos te van descontando sustanciales porcentajes de tu sueldo si es que pierdes algo). Paralelo a eso, y con mi currículum hecho a la mala, comencé la tarea de repartirlos como si fueran volantes. Por razones de fuerza mayor y aprovechando que una amiga estaba haciendo la misma labor, le pasé mi currículum a ella para que lo tirara sin siquiera saber dónde.

Fue por este último factor que fue una sorpresa que, un día después, me llamaran de una conocida tienda de ropa femenina a.k.a tienda de ropa para viejas cuicas y estiradas (de la cual no daré el nombre para mantener la integridad de aquellos que se vieron involucrados en mi horrorosa primera experiencia laboral). Y no me importaba. Eran 11 lucas diarias y, para mí, levantarse sin ni uno y acostarse con 11 lucas en el bolsillo, resultaba ser un muy bien trato, fuera cual fuese el trabajo. CRASO ERROR.

Mi primer día fue un domingo... en un mall... con horario completo. Para serles honesta, yo había escuchado acerca de los mitos de explotación que eran los trabajos de mall, pero no sé por qué esos mismos mitos no se me vinieron a la cabeza cuando dije "¡SÍ!" al trabajo con una enorme sonrisa. Dato aparte: nadie se lo imagina, pero a eso de las 11am del domingo ¡ya hay gente comprando! ¿qué nos pasa?, ¿qué pasó con eso de que el domingo se descansa?. Y filo. Mi jefa, una chica menudita y de pelo castaño, me comenzó a presentar la tienda (la cual yo sólo había visto desde afuera). Todo estaba ordenado por colecciones (tres en total), por colores, combinaciones y ocasiones. Comenzó a explicarme cómo encontrar algo en la bodega leyendo los códigos de las etiquetas y me explicó que había una regla primordial en esa tienda de tan alta estirpe: nunca podía estar haciendo nada. Con eso, mi jefa se refería a que, en el caso de no haber nada que hacer y no haber ninguna clienta a quien atender, debía estar por lo menos viendo la ropa, pero NUNCA sentada ni viendo hacia afuera como un hámster que añora libertad. Cuando me lo mencionó, la regla me pareció muy comprensible: la tienda es de aquellas que se pueden dar el lujo de vender una polera blanca de algodón, sin ningún tipo de estampado o corte especial, por lo que yo no pagaría por los pantalones más espectaculares de todo Zara. Era una cosa de status y, como se dice, I had to play the part.

Y así pasó mi día. Me daba vueltas, ordenaba ropa (que no era sólo ordenar porque, como era de esperarse, para eso también había un protocolo), trataba de no reflejar que tenía la cara acalambrada de tanto sonreír y los pies hinchados de tanto estar parada, subía y bajaba escaleras para encontrar una talla específica, etc. Dentro de todas las cosas que tuve que hacer, que a pesar de no ser una terrible tortura por sí solas, sí lo eran cuando se las veía en conjunto, tenía que atender a las clientas cuando se iban a los probadores. Cuando digo esto, no me refiero a que tengo que pasar los numeritos de plástico que te dicen cuántas prendas llevaron ni mucho menos, sino que tenía que ponerme el cartel de "Esclava personal de: (insertar nombre aquí)", e ir de un lado a otro para buscar algo que combinara, una misma polera en otro color, otra talla de pantalón, una chaqueta que combine con el último, devolver lo que no le gustó y, finalmente, preguntar como si me importara "¿cómo le quedó?".

De mis pocos días (1 y medio para ser exacta) de trabajo, hubo dos cosas que me llamaron profundamente la atención. La primera de ellas, fue la gran cantidad de plata que alguien puede pagar por ropa. Yo soy súper fanática de ir a comprarme ropa y soy capáz de pagar un poco más por marca o exclusividad, pero tengo un límite que se llama RACIONALIDAD. En cambio estas señoras, sacaban la Visa del marido sin ningún átimo de remordimiento y se echaban 80 lucas en un par de pantalones y una polera. Eso es rotundamente exagerado. Lo otro que me llamó la atención, fue la poca capacidad de asociación que tenía la gente que iba a comprar ahí. La gran mayoría, cuando llegaba a la tienda y veía algo que le gustara (un pantalón o una polera), la buscaba en su talla y, acto seguido, buscaba un pantalón o polera (obviamente eso dependía de la prenda que había escogido al principio) que combinara; es decir, el punto no era llevarse una prenda, sino una tenida. ¿Acaso no tienen ningún pantalón o ninguna polera en sus casas que puedan asociar con lo que van a comprar ahora? Unbelievable.

Por razones de horario, sanidad mental e integridad física, el segundo día en la noche, le dije a mi jefa que no volvería por lo menos hasta terminar los exámenes. Ella estuvo de acuerdo y quedó de llamarme cuando éstos terminen. Dudo que el 7 de diciembre mi celular suene de la nada y me informen que aún tienen mi polera negra aguardando por mí, pero por lo menos ahora soy la orgullosa poseedora de una sustancial mención laboral en esa hoja que tengo la osadía de llamar currículum.

Wednesday, November 01, 2006

Primera carta para Sofía

Sofía:

Hace ya un tiempo que no te escribo y tengo tantas cosas que contarte. La universidad va bien; esto de estudiar arquitectura es un cacho, bastante cansador y costoso (monetariamente hablando), pero parece que rinde frutos. Me siento bien. Parece que estoy feliz, aunque no estoy del todo segura; a veces creo que los palitos de maqueta y las horas en las librerías, evitan que piense mucho en eso y que me de cuenta que en verdad me siento miserable. Pero la realidad me parece un buen sedante hasta el momento.

Ya que lo preguntaste en tu carta anterior (que sí recuerdo que me llegó en Junio, pero por lo menos te estoy contestando), no, aún no he encontrado a mi príncipe azul y, ya que estamos en estos temas, también me rehúso a llamarlo mi príncipe azul. Te cuento cuando haya llegado a un nombre decente y un tanto menos cursi que ése.

Toda la familia está bien y los amigos igual. A la Cata ya la veo poco y nada, está en voladas distintas y descubriendo lo que podríamos llamar "nuevos horizontes". Es mejor que te comuniques con ella directamente para que te des cuenta de cuánto a cambiado. Pero eso es sólo en un nivel neuronal un tanto más superficial, ya que sigue siendo la misma de siempre... pero sólo en el fondo.

Y bueno, lo que tengo que contarte no tiene tanto que ver con la Cata, sino que con Benjamín. ¿Te acuerdas cómo lo dejaste antes de que te fueras a Madrid? Se veía bien. Un tanto estresado como siempre, pero bien. Bueno, al parecer no estaba tan bien como ambas creíamos. Hace ya un mes y algo más y después de un fin de semana de haberse desaparecido, él me llamó mientras almorzaba con mis viejos y con los dos monstruos que óso llamar hermanos. Entre medio del café cortado y el helado de menta de postre, el Benja me contestó el teléfono con una voz un tanto extraña. Le pregunté dónde había estado, que hace un par de días que estaba tratando de ubicarlo y no había caso. Me dijo que después me contaba y me preguntó si estaba muy ocupada. Le dije que más o menos; que al día siguiente (un lunes), tenía una prueba. Me dijo que quería hablar conmigo, pero que mejor hablábamos en la semana... que no quería interrumpirme. Cuando estuvo a punto de colgarme y despedirse con la misma voz de muerto que tenía, le dije que no, que lo iba a ir a ver al tiro; que me tomaba mi café y salía. Me dijo que bueno, y tal como me saludó, me colgó.

Yo asumí que se trataba de una de sus crisis existenciales. Tú ya sabes cómo es el Benja. Estaba con un discurso preparado cuando toqué el timbre de su casa, pero el discurso se fue a la cresta cuando lo ví. Sofi, en serio que no has visto a Benjamín así en el peor de sus días. Estaba con una polera y shorts, sin zapatos, los ojos hinchados, despeinado y con una botella de cerveza en la mano. Ambas sabemos que Benjamín no toma a menos que sea en una fiesta, pero esta vez estaba tomando... en un domingo... a las 4 de la tarde. Filo, te hago la historia un poco más corta... no es mi intención restarle tiempo a tu fogosa tarde con Iñigo... ¡jeje! después me cuentas de eso.

Me senté en su cama y le pregunté que pasaba. Tomándose una cerveza al seco, me dijo que todavía no podía decírmelo, que le contara sobre mi semana para que pudiera relajarse. Le inventé cosas, tú sabes que mi vida no está lo que se dice "excitante", hasta que me harté y lo obligué a que me dijera qué era lo que pasaba. Se sentó a los pies de su cama y me miró con una cara rara. Luego de un respiro, me dijo que le gustaban los hombres, que hace diez meses había estado en una relación con un tipo y el día anterior, cuando yo no había podido contactarlo, él lo había cortado.

Sofi... te juro que no supe qué hacer. O sea, el hecho de que fuera gay me daba lo mismo... no me afectaba... pero ¡había una mitad de su vida que casi por un año yo desconocía! me empecé a preguntar cuántas veces tal vez necesitó hablar conmigo y no pude ayudarlo, o todas las cosas que yo pasé por alto... por qué no me dí cuenta y todas esas cosas. Y mientras le explicaba esto, me puse a llorar. Me sentía pésimo... supuse que la mitad de amiga que yo creía ser, se habría dado cuenta, pero yo no lo hice.

Sofi, te dejo con la noticia hasta acá. Te cuento cómo se han dado las cosas en otra carta. Te la mando la próxima semana, te lo prometo. No será nunca más la ingrata que he sido hasta ahora. Si Benja se comunica contigo, tú no sabes nada. Si te cuenta él, pon la voz más sorprendida que tengas, y dile que no te habías dado cuenta. Eso le sube un poco el ego.

Un beso Sofi, cúidate mucho. Mándale saludos a Iñigo. Nos vemos en diciembre.

Antonia.