Monday, December 31, 2007

#1 Videos notables: Jessica Simpson - A public affair

A Jessica el divorcio sí que le hizo bien... aunque no tan bien como para que su carrera despegara estrepitosamente como siempre quiso (y cosa que, por lo que veo, nunca va a pasar). Pero si no puedes ser una super estrella, ¡por lo menos puedes invitar a un par a participar a tu video!

El video en sí, no es tan original, aunque es bastante gracioso, lo que confirma en la grandiosa habilidad de la Simpson de reírse de ella misma. Además, cuenta con cameos destacables como Eva Longoria, Christina Applegate, Andy Dick, Ryan Seacrest y Christina Millian.

Si no puedes romperla, por lo menos vale la pena tener amigos que sí lo hagan.

Bien por Jessica.

Friday, December 28, 2007

Cuestionamiento existencial

He tenido suficiente cuestionamiento existencial por las últimas tres o cuatro horas de mi vida. Y es que hay ciertos sucesos, tal vez no personales sino más bien ajenos y bien lejanos a uno, que te dejan tambaleando, insegura, con un ardor en la boca del estómago (por no caer en el cliché de decir "un vacío"), y con un cierto aire de irrealidad.

Hace un par de horas terminé de traumarme. Empecé a pensar en todas esas cosas que rodean de mi cabeza cuando no puedo quedarme dormida, pero que me horrorizan tanto que prefiero ahuyentarlas contando ovejas o repitiéndiome las tablas de multiplicar en mi cabeza, que siempre parece funcionar como un somnífero letal a la hora del insomnio. Hace un par de horas estaba viendo "The Corporation". El documental me dejó un tanto defraudada con el género humano, desesperanzada y sobre todo muy frustrada. No quiero ponerme Al Gore para mis cosas, porque para eso se meten a MTV.com y pueden ver a cientos de hermosas celebridades repitiéndoles el mismo discurso, haciéndolo sonar muchísimo más importante de lo que remotamente podría hacerlo yo. No, la cosa no es reflexionar cómo vivimos en un capitalismo que nos consume y todo eso, sino más bien en cómo construímos de la nada, monstruos que nos consumen, sobre los que no tenemos control y que rigen la manera en que vivimos. Soy una persona que le molesta mucho no tener un cierto control sobre las situaciones y a la que le frustra sobremanera no entender lo que pasa a su alrededor, sobre todo si es algo tan importante como las grandes corporaciones que están incertas en todos los aspectos e intimidades de nuestras vidas. Es por este mismo motivo que me preocupa y me intranquiliza en demasía esto de no entender en qué momento dejamos de tener control sobre algo tan importante y tan grande que, eventualmente, cobra vida propia, más encima con todos los derechos de cualquier vida, pero sin los deberes ni responsabilidades. Nadie tiene la culpa de nada, porque NADIE es la corporación, y eso me aterra un poco.

Sin embargo, me asusta mucho más el hecho de que creo haber nacido en una época crucial (puede que me equivoque radicalmente, pero es así como mi asqueroso espíritu adolescente lo percibe), en que habrán crisis de las grandes. Lo peor de todo esto, es que no me importa mucho el que ocurran, sino más bien el hecho de que yo esté viva para presenciarlo todo en la primera fila. Tanto es así, que hasta me dan ganas de gritarle "bienaventurado" a todo el que estire la pata antes de que las cosas se pongan feas. Es cierto que nada me asegura de que hayan crisis ni tampoco que yo esté viva para presenciarla, pero teniendo el supuesto de que no tenga una muerte repentina o una enfermedad, lo más probable es que me quede el tiempo suficiente como para ver de cerca los fuegos artificiales, y no me refiero a los que lanzan en año nuevo. Todo esto se pone peor cuando pienso en que, si ahora el mundo está entrando en picada, habrá que imaginarse cómo estarán las cosas para mis hijos, para mis nietos (si es que alguna vez llego a tener cualquiera de los dos). Yo creo que a ellos les viene la peor parte y eso también me deja un resto de culpa.

Todo esto pasó por mi mente en los breves segundos que duraron los créditos del documental, y toda la intranquilidad que me dejaron las dos horas y tanto de película, empeoró cuando me puse a leer la columna de hoy día (ayer) de Cristián Warnken en El Mercurio, donde habla de su hijo de tres años muerto el día de navidad ahogado en la piscina de su casa. En inglés hay una expresión que es media complicada de traducir y que es it just doesn't get any worse than that. Cuando algo así pasa (una catástrofe no digna de burlas de una persona pública), hay una cierta empatía, pero siempre de lejos, ya que el hermetismo del momento deja que todo se sepa a través de medios de dudosa reputación y de periodistas de reputación más dudosa aún. No hay mejor o peor empatía que aquella que se logra por medio de un testimonio en primera persona, abiertamente y sin reparo de "la persona pública". Díganme sentimentalona y todo lo que quieran, pero no pude resistirme a que el hoyo que había dejado "The Corporation" se hiciera más grande y más agrio con lo que leí sólo minutos después. Me da pena y me angustia pensar en todas las cosas que pasan al margen de nuestra cotidianeidad, y me hace comprender por qué hay gente que se le diagnostica una depresión a raíz del mero hecho de pensar mucho.

Tres casas más allá, se escuchan beats reggeatoneros que ensalzan el estado pseudo lúgubre que me dejó mi cuestionamiento existencial. Pienso en que ir a la cama ahora es la mejor idea, para así tratar de olvidarme de que alguna vez me di cuenta de que soy un instrumento de trasnacionales con complejos de Frankenstein; para tratar de borrar de mi memoria que hay niños que dejaron de respirar una mañana de navidad y que dejaron como viudos a un par de solitarios peluches de Winnie The Pooh en el patio.

Monday, November 19, 2007

My dear paranoid...

Mi querido paraonide:

Estuve pensando en tí, en mí y en todas esas cosas que pasan entremedio. En las peleas tontas y en los momentos serios y en esa cold hard look que me das derepente y que hace que una de mis tripas vocifere a viva voz "¡la cagaste!". Y es que hablo mucho y eso tú lo sabes, y aunque no lo comprendas, supongo que tendrás que tomarlo como otro de mis unique and sweet nerve-recking atributes... o puedes tomarlo como otro de mis tantos defectos; queda a gusto tuyo.

Bueno, y en este pensar y pensar, sostenido por más "y's" de los que Fuguet pudiera poner en cualquier libro, empecé a pensar, justamente, en tu dulce paranoia. Ese afán por atribuirte toda palabra que sale de mi boca y guardarla para futuras referencias (algunas más agradables que otras), por subir las cejas cuando malinterpretas algo y mirar hacia abajo cuando te cuesta confesar tu persecución (y sí, fue una vez, pero para mí es un corto de 2 segundos que se reproduce continuamente en mi cerebro). Y es que la paranoia es algo tan tuyo, tan innato, tan propio que te nace en los momentos menos (o más) indicados, cuando yo veo borroso y creo que voy a explotar si no apreto tu brazo fuertemente.

No quiero escribir cartas de amor y devoción, porque supongo que públicamente, eso no es lo mío, aunque todo esto difiera cuando estamos solos. No mires esto sino como la forma de hacerte saber no sólo el amor por tus manías, sino que por tus mañas y rollos, que a veces me parecen incomprensibles, pero que al mismo tiempo, they're just another brick in whatever it is you're... and that, off course, I love so deeply.

And I don't know what else to tell you, for everything worth saying I think it's alredy been said.

I once told you things sounded less corny when said in english and that, somehow, sometimes it's so much easier for the words to come out because it's like someone else's saying them for you. Pero yo no tengo ese problema, porque sabes que a pesar de que los ojos se me llenen de lágrimas y pienses que muero de pena, las cosas las digo y siempre mirándote a esos ojos que me alegran la vida por el hecho de ser comunes y silvestres como los míos.

Mi querido paranoide, gracias por querer todas esas cosas que yo nunca creí que alguien vería como virtudes, por soportar mis niñerías incesantes y por aguantarme cuando me pongo media complicada (todas las veces que eso ha pasado).

Y eso... (así como en las disertaciones que uno hacía en 8vo básico).

Saturday, November 17, 2007

Tengo chispa y talento natural

Tengo un amigo que dice que soy la mejor aspirante a periodista de nuestra generación. Tengo un compañero que, dice, se siente un tanto abrumado por mi talento y mis capacidades para esto. Algo así como si yo hubiese sido tocada por el rey Midas de los talentos periodísticos.

A pesar de que esto, en cierta forma me sube enormemente el ego (¿y a quién no? un piropo es un piropo), y me sirve como un argumento para poder reforzar esa teoría de que sí estoy haciendo lo correcto; en cierta forma, también me angustia su resto. No, no soy masoquista. No se trata de no saber recibir un cumplido, porque a esas cosas uno dice "gracias" y punto. Esto se trata de algo más profundo que eso: de gente que jura de guata que en un par de años más sabrán de mí por un medio masivo, que seré una famosilla más de la farándula criolla low profile (ya saben, esa gente que todo el mundo conoce, pero que al mismo tiempo no le da para aparecer en ningún programa que tenga por nombre una sigla con la letra Q). Y ¿será realmente así; tendrán razón o ellos son muy engrupidos; habré hecho bien en dejar en el tarro de vocaciones desechadas a la regla T y a los palitos de maqueta?

El otro día, Diego pasó al lado mío y, riéndose, me saluda diciéndome "Hola, Nacha Franzani". Diego es un engrupido. El tipo apenas me conoce, pero parece tener más fe en mí que muchos de los miembros de mi círculo más cercano. O al menos lo demuestra más. Y es raro (no él, sino la situación); porque me siento un poco presionada con el tema. Me da miedo creerme el cuento y me aterra que eso me deje con una depresión grado cinco a la vista de cualquier fracaso. Y es yo soy poco tolerante a la frustración.

Hasta donde yo sé, yo hago lo que puedo y espero aún una señal divina al fondo de mi lata de Coca Cola Zero, que me diga que estoy en lo correcto, que esto es lo mío y que el haberme tirado a la piscina laboral más incierta del planeta, no fue una acción del todo estúpida. Hasta el momento en que eso pase, supongo que seguiré riéndome de los comentarios de Diego, diciéndole un "No... ¡ojalá! con la mitad del sueldo de Franzani, mi vida estaría más que realizada".


Y sí, supongo que seguiré escribiendo sobre cómo no tengo la más mínima idea de lo que estoy haciendo, ya que es algo lo suficientemente importante... supongo.

Sunday, October 21, 2007

Miedo de ausencia. Miedo de presencia.

El miedo es cansador. Desgastante. Agotador. Asfixiante.

Ya no recuerdo la última vez en que pasó el tiempo sin tener a este terror incipiente respirando detrás de mi hombro, con ese aliento tibio y húmedo chocando donde mi cuello se junta con mi espalda. Ya no puedo recordar la última vez en que, tratando de dormir, la pieza se hacía más pequeña y el miedo invadía mis sábanas.

Cuando chica, era el miedo de que, sin ningún aviso, un alien al estilo "Señales", irrumpiera mi pieza pintada de un lila horrible y... no sé a qué le tenía miedo. Tal vez a que me abdujera, a que me abriera y me estudiara como a una rata de laboratorio; a que me asustara al más puro estilo peak-a-boo, etc, etc, pero eso era irrelevante: la paranoia estaba ahí. Más de alguna otra vez lloré soñando despierta con que alguien moría. De preferencia mi hermana o mi mamá. Imaginaba un funeral, lo que diría a modo de discurso... y es raro, porque yo no me caracterizo por tenerle miedo a la muerte.

Sin embargo, ahora el peor miedo no es a la muerte, sino a la propia vida. Y es que dicen que todo el posible y son comentarios así los que no evitan que me persiga más y más con el asunto. Yo por esto me negaba a crecer. Yo se los dije; les dije que esto no iba a ser lindo, pero nadie me escuchó. Ni yo misma. Y es que es un precio que siempre estamos dispuestos a pagar, excepto cuando te están cobrando. Ahí, todo es terrible. Comienzas a sacar cuentas, a sumar boletas, a buscar comprobantes, cualquier cosa que resulte una prueba tácita de tu inocencia. Pero ya es tarde para gritar por un poco de clemencia, ya estás jugando y no puedes echarte para atrás.

¿No te gustó rogar al cielo por crecer cuando eras pequeño? bienvenido al mundo: este es un lugar donde las cuentas se pagan y, de vez en cuando, debes pagar las cuentas de otros o, peor aún, tomar el castigo por el no pago del resto. Es un lugar bonito en la técnica, pero un campo minado en la práctica. Deja tus zapatos en la entrada, ponte tu casco, deja tus sueños y tu inocencia en esta caja y te serán devueltos a la salida.

Enjoy the ride. Enjoy the fear.

Friday, October 12, 2007

Mi Ipod y yo

El encierro tiene a mi mamá como leona en un zoológico con bajo presupuesto. Mi vieja es una de esas señoras que añoran libertad, que no soportan estar mucho tiempo sin salir de la casa y a las cuales las tareas domésticas les resultan un agobio. Mi mamá es lo que se llama "nanadependiente" y, lo más gracioso de todo, es que no tenemos nana en mi casa. En vez de eso, y luego de numerosas y terribles experiencias con profesionales del servicio, mi madre optó por contratar a alguien tres veces a la semana para cuidar a mi hermana chica (y todo lo que eso conlleva), lo que a ella le da tiempo suficiente par recorrer malls, tomarse un café con sus amiguis o hacer todas esas cosas que las mamás fans de Pilar Sordo hacen.

Sin embargo, la desesperación de mi madre ha hecho que esta señora (la "pseudo" nana, por ponerle algún nombre), tenga la oportunidad de ponerse en una posición comercial más que cómoda para ella, la cual le permite de cierta manera, faltar sin previo aviso. Y no es que haya letra chica en su contrato que le permita hacerlo, sino que el hecho de saber que no será despedida, la pone en esta privilegiada posición.


Y mi madre está histérica. La señora no ha venido en las últimos diez días y mi vieja ya comienza a ver las paredes de la casa cerrándose. Esto, en algún modo comprensible, me pone a mí en un campo minado doméstico sin salida. Cada cosa que haga o deje de hacer, para mi vieja se convierte en drama, en mi mala disposición y en mi pésima (o nula) capacidad para ser una buena hija (o al menos una hija decente). Para peor, yo soy de esas personas que no tiene mucha ocurrencia, en el sentido en que si me piden ayuda, yo hago exactamente lo que se me pide: nada más ni nada menos. Lo malo aquí, es que eso muestra a los ojos de mi madre, una falta de inciativa casi imperdonable que le hace cuestionarse el porqué algún día soñó con tener hijos... ¿les conté mi vieja una vez soñó con ser milica?


En días como estos, lo más indicado es salir de la zona de combate lo más pronto posible, inventar excusas para restringir el tiempo casero a las horas de sueño, circular por la casa con la cabeza baja y tragarse toda crítica o respuesta que pueda ser mínimamente controversial. Y es en uno de esos días en que escapaba del nido, un poco contagiada por la ira de prisionera de mi mamá, en que me di cuenta que en menos de dos meses, he logrado conectarme psiquicamente con mi Ipod. Ese día cerré la puerta de la calle y en un gesto que casi decía "No te preocupes, ya va a pasar, no dejes que te afecte", la programación aleatoria del aparatito me hizo escuchar I want you back de 'NSync. En el segundo en que escuché el beat popero (demasiado feliz para mi en ese minuto), tuve la misma reacción que tiene un niño mañoso cuando alguien lo consuela: quise cambiarla, quise buscar una razón que alimentara mi enojo y me reafirmara el hecho de que era mi vieja la que estaba mal y que yo no había hecho nada. Sin embargo, me resistí y dejé que mi lindo Ipod me hiciera olvidar mis penas. Ya por Santa María y luego de dos canciones de "na nai", el aparatito seguía difuminando el enojo, al punto de olvidarlo por completo a la altura de Providencia.


Mi Ipod me salvó de las fauses de lo que parecía un día horrible. Supongo que debe ser porque pasar tanto tiempo juntos, algún efecto debe tener. Creo que tengo una conexión con mi Ipod. Y sí, al parecer sí estoy un poco loca.

Sunday, October 07, 2007

"Closer" de Travis

Sencillamente amo este video. Más allá de la canción (que también me tiene rayando) y la cara de bebé de Fran Healy, el video me fascina.

Una buena antesala para el Fenix Festival 2007 (para el cual ya estoy confirmada ¡YEAH!).

Saturday, September 29, 2007

Intimidación por cámara

El Transantiago se ha convertido en un comodín para mí. Para una que estudia periodismo y te mandan a hacer reportajes sobre cosas contingentes y no tienes una estrella amiga (o un soplón capacitado), que te diga dónde y a qué hora estar para tener la noticia de primicia, el Transantiago es EL tema de contingencia que puedes tocar. Lo mejor, es que lo puedes ver de mil ángulos distintos y hay una cantidad inconmesurable de material dando vueltas por nuestra amiga, la internet.

Para mi trabajo de Narración Gráfica, no fue la excepción. En verdad, pueden pensar que la elección del tema dennota muy poca ambición de mi parte. Y es cierto, no digamos que soy una persona demasiado ambiciosa (aún estoy decidiendo si es que eso es bueno o malo), pero cuando el trabajo es para la semana post 18 y una hizo de todo menos estudiar y trabajar, el Transantiago se vuelve le respuesta a tus plegarias.

Y fue así que me encontré a las 7am en estación Baquedano, sin ducha y sin desayuno, tratando de sacar fotos que se vieran mínimamente decentes; ya saben, esas que dicen "hey, no tengo una cámara con chorrocientos pixeles y aún soy una estudiante de 2do año, pero igual soy capaz de sacar una foto que se vea casi bien". Mientras me subía a escaleras y trataba de buscar lo que mi profesora denominaba "ángulos interesantes", la gente me miraba fijamente y con una cara muy poco agradable. Fue ahí que me dí cuenta cuán poderosa puede ser una cámara. A esa hora de la mañana, en esa específica estación, el aparato capturador de imágenes que tenía en mis manos, para la gente que repletaba vagones, parecía más una bazooka o alguna otra arma de alto calibre.

Miradas que me puteaban por interrumpir la escasa intimidad que deja el poco espacio intercorpóreo del metro, que se cuestionaban quién cresta era esa pendeja con ojeras y cara de aburrida. Es increíble cómo la gente se incomoda con una cámara y es increíble el odio que pueden agarrarte sólo por ponerlos a ellos dentro de un enfoque (los cuales, por cierto, en su mayoría salieron horribles).

Supongo que ésa es una de las armas del cuarto poder. Un cuchillo que no te corta miembros y una pistola que no te quita ni un átimo de vida, pero que te despoja de algo que, al parecer, apreciamos tanto o más que aquellas cosas: el anonimato, la intimidad y la privacidad.

Me pondría a filosofar sobre cómo las cámaras invaden la vida de las celebridades (que, al fin y al cabo son "personas"), y sobre cómo está tan borrosa aquella línea que separa la libertad de prensa con el morbo, pero simplemente me da lata. Soy asidua espectadora de E!, así que no tengo cara para criticar cualquiera de esas cosas.

Plus: parece que no me interesa mucho.

Sunday, September 23, 2007

18 en picada

Luego de una comilona de cuatro días de duración, un disco de cuecas escuchado 37 veces, cinco tazas de café y tres pares de oídos muertos por cánticos guiterreados por viejos cincuentones, el 18 de septiembre del 2007 estaba listo para pasar a la historia. Se había pasado bien (unos más que otros), y no había razón para irse a la casa con más tristeza del que tiene que volver a la rutina el lunes.

Sin embargo, los planes de mis padres y tíos fueron sorpresivamente interrumpidos por la muerte... por dramático que suene. Ad portas de otra etapa de la maratónica comilona, una llamada hizo que mis tíos tuvieran que emprender camino a Santiago y que las lágrimas de mi primo emprendieran camino por sus mejillas, hace mucho tiempo invictas.

Por un tiempo, no paré de escuchar los lamentos de mi mamá acerca de cómo todo era tan fugaz, que lo habían pasado tan bien y que, de un segundo a otro, todo se puso serio nuevamente. Decir que eso me puso a pensar sobre la fugacidad de la vida es obvio, pero no fue tan así.

Evidentemente, eso de la fugacidad de la existencia y eso de "no somos nada", es algo que se nos viene a la mente cada vez que presenciamos (de una u otra manera), la muerte de alguien. Yo me pregunto de qué nos sirve pensar eso si luego de dos días, recuperamos el modus operandi rápido y despreocupado de siempre. Si realmente pesáramos en qué corta es la vida y de cómo tenemos que aprovecharla al máximo y todo eso, yo no creo que seríamos parte de un rutina ni haríamos todas esas cosas que no nos gusta hacer, pero que hacemos de todas maneras porque "hay que hacerlas". Al menos sé que yo no lo haría. Si es que en verdad yo pensara que la vida es corta y si es que ese pensamiento monopolizara un poco las pocas sinapsis que tengo por minuto, yo no estaría yendo a la universidad. ¿Para qué prepararme para un futuro incierto?, ¿por qué no, mejor, empezar a hacer todas las cosas que siempre quisiste hacer, ir a todos los lugares que quisiste ir y todo eso?

Bueno, yo sé que la vida es finita, pero aún así voy a la universidad y tramito y hago todas las cosas que "se supone" tengo que hacer y me privo de mil otras cosas and so on. Eso porque, a pesar de que sé que mi vida puede terminar en cualquier momento, hay una noción de inmortalidad con la que vivo día a día. Eso de que todo lo que haces es para un futuro para el cual tú aún existirás, sin excecpción; de que sales de un lugar y sabes que llegarás a tu destino sin ninguna excusa. Las únicas veces en que abrimos un poco los ojos y eso de la fugacidad se nos viene a colación denuevo, es cuando tropezamos y luego cruzamos los dedos para que todo salga como se supone que sea.

Esto no tiene nada que ver con Dios ni con la manera en que cada uno concibe la muerte o la vida ultra terrena. Tiene que ver con cómo vivimos ahora y con la convicción con que damos cada paso cada día.

La vida es fugaz, es cierto; pero así como no sabes si es que te vas a morir mañana, tampoco sabes si es que podrás ser testigo de otro cambio de siglo. Mejor prepararse. No vaya a ser que descubran la cura para el cáncer y el SIDA la misma semana.

Sunday, September 16, 2007

Potpurrí mental

Creo que es la primera vez que pasa tanto tiempo sin postear algo. Más aún, nunca había pasado tanto tiempo sin que escribiera algo que no tuviera nada más que ver que conmigo; es decir, esas cosas que escribo porque se me ocurren, porque tengo la necesidad de decir algo o qué sé yo. Hubo veces en este período de tiempo, en que me pregunté si es que era porque no tenía nada que decir, si no sabía cómo decirlo o si simplemente ya no tenía la necesidad de expresarlo abierta y públicamente.

Digamos que ninguna de esas opciones me gustó/satisfizo.

El problema del asunto es que no soy capaz de contestar esa paupérrima pregunta (me encanta la palabra "paupérrimo"), y derepente pienso que es porque ya no estoy soltera. ¿Será que el estar sola me daba una razón extra para quejarme del mundo; me daba más creatividad?, ¿esto qurrá decir que mis ganas de escribir/redactar algo mínimamente decente, son incompatibles con un novio? me niego a aceptarlo. No, no puede ser eso.

Tal vez sea porque estoy con menos tiempo, porque ya no me interesa, porque pasé a otra etapa de mi vida. Después de todo, el cambio de folio no pasa en vano. Y no. No puede ser eso. Sigo pensando que soy una niña, que el tiempo pasa y yo no sé si debería moverme con él o contra él; que no sé qué haré cuando se acabe la universidad, que soy muy tímida para hacer las cosas que se supone que debo hacer, y muy desenvuelta para tomar otro camino. Sí, lo sé: no soy una persona que tenga todo muy claro, y por lo que se puede entender por este par de líneas, muchas cosas en mi existencia tienden a contradecirse unas con otras; pero ¿no es así la vida de todos?

No. Eso tampoco es. La curiosidad y la necesidad de expresarme serán cosas que estarán conmigo siempre, ya sean asuntos que no tengan que ver conmigo o cosas que parecen ser un vómito de lo más oscuro de mi masa cerebral. Seguiré escribiendo, seguiré hablando sola cuando camine por la calle, seguiré mirando cómo Santiago se mueve por mi ventana mientras la micro avanza (si es que alguna vez me subo a una: el metro y mis pies me parecen un tanto más confiables). Continuaré llorando a escondidas cuando un estracto de mi imaginación se haga más frío y duro que la misma realidad; no pararé de imaginarme historias melosas, ni de dirigir videos musicales en mi cabeza, ni de fijarme tontamente en los pequeños detalles para poder sentir que estoy en otra ciudad.

Y no sé. Era eso. Aún no sé la razón de porqué no he escrito en tanto tiempo, pero sé que no he cambiado lo suficiente como para dejar de hacerlo por completo, o para justificar mi irregularidad.

Supongo que tendré que ver qué es mientras camino por Pedro de Valdivia, hablando sola... y, por sobre todo, escribiendo.

Thursday, August 23, 2007

Cómo ser la novia de John Mayer

Buscando información acerca aquello de que John Mayer anda por ahí con Cameron Diaz (¿¡PRIMERO JUSTIN Y AHORA JOHN?! no hay justicia en este mundo...), encontré este trozo de declaraciones de Mayer para una entrevista para Rolling Stone.

Aquí están las reglas de John Mayer para su futura e incierta novia. Vale la pena tenerlas en consideración:

1.- "Be really careful with me on the phone. Distance makes the brain grow more maniacal."
("Sé realmente cuidadosa conmigo al teléfono. La distacia hace que el cerebro se haga más maniático")

2.- "Twenty-four-hour phone-sex assistance. If there’s a cute girl in the front row, I’m gonna run offstage and call you."
("Asistencia de sexo telefónico 24 horas. Si hay una chica linda en la primera fila, correré fuera del escenario y te llamaré")

3.- "You have to run every single fantasy you’ve ever had through me."
("Tendrás que realizar todas y cada una de las fantasías que hayas tenido conmigo")

4.- "You’ll never cheat. You see a cute guy at the gym, I’ll be him. Or we’ll get him. I don’t care."
("Nunca me engañarás. Si ves a un chico guapo en el gimnasio, yo seré él. O lo incluiremos a él. No me importa")

Thursday, August 16, 2007

Despotricando contra el mundo #1

Hay ciertas cosas que me molestan. Cosas de poca relevancia de las cuales hace tiempo quería hablar, pero no había sido capaz de exteriorizarlas. O tal vez no tanto exteriorizarlas, sino más bien no había sido capaz de crear un post entero sobre cada una de ellas. Es por esto que las he compilado todas y las he unido en este post. Recuerden: estas son sola algunas de las pequeñas cosas que pueden molestarnos a cada uno de nosotros. No por esto soy una persona más o menos amargada ni nada por el estilo. Gracias.

  • Detesto a Fergie. Sí, detesto a la única integrante femenina de Black Eyed Peas, la misma que sacó album solista y que aparece en MTV cada 3 min. Para ser sincera, no sabría decir muy bien porqué la detesto tanto, aunque sí puedo decirles todo lo que me molesta de ella: me revienta que tenga esa cara de muñeca Bratz y que denota un kilometraje mayor a la de cualquier bataclana de puerto; detesto su catchfrase "I ain't promiscuous", ya que ¡miren con la cara que lo dice! no hay forma en este mundo de que yo me crea semejante mentira y, por supuesto, me resulta lo más irónico que he visto en mucho tiempo. Me revientan sus últimos dos singles (y aquí sólo es una cosa de feeling), aunque debo reconocer que esta tipa tiene un talento vocal más que envidiable. Finalmente, me revienta que los Black Eyed Peas le den tiempo de sus shows en vivo para que ella promueva su album solista. Yo sé que hay algo llamado solidaridad, pero creo que las carreras solistas deben forjarse totalmente aisladas de la carrera vinculada a una agrupación. Eso.
  • Detesto que Dolores "Trata de pronunciar mi apellido" O'Riordan venga a Chile promocionando las canciones antiguas de The Cranberries. Sé que mucha gente puede no concordar conmigo aquí, pero creo que hacer usufructo de su trabajo hecho en una banda como gancho para que el público pesque su álbum solista, es la forma más asquerosa de meterle el dedo en la boca a la audiencia. Es cierto de que hay algo llamado "mercado" y sí sé que es un incentivo increíble para llevar público al concierto de O 'Riordan, pero aún así no creo que sea lo más correcto, considerando que la mina sólo tiene un single que tiene una rotación muy mediana tanto en MTV como en las radios chilenas. Yo me pregunto: ¿A qué vienes Dolores, ah?

  • El frío me tiene harta. Aquí no hay nadie a quien pedirle el libro de quejas, pero simplemente debo decirlo: YA BASTA. No era suficiente con el frío mismo, con la lluvia, con los 5kgrs. de más que tengo que ponerme cada mañana encima para evitar una hipotermia... ¡NO! sino que, además, tenía que nevar por primera vez en casi 30 años... ¡30 años! Necesito un poco de sol, y no del sol mediocre que aparece entre medio de las nubes negras y que pareciera que sirve sólo para alumbrar; necesito de ese sol que te permite salir a la calle sólo con una polera y una chaqueta, y que te deje sentir que no vives remotamente cerca del círculo polar ártico. Eso.

Ninguna de las opiniones aquí expresadas tiene mucha trascendencia. Esto no es un decálogo de porqué Dolores O'Riordan debería quedarse en algún lugar de Irlanda ni de porqué el mundo debería boicotear el éxito de Fergie. La cosa es esta: mi humilde opinión y mi creciente necesidad de sacarme un poco la mierda de encima y, bueno, despotricar contra el mundo.

Monday, August 06, 2007

Normas de buena crianza

Yo creo que el problema es que me cuesta un poco ser hipócrita, y no porque sea la persona más correcta, coherente y consecuente del mundo, sino porque me cuesta mucho pretender que nada ha pasado. Cuando la relación con alguien se corta o se dispersa, para mí es inútil sentarme al lado de ella y pretender que todo el tiempo que pasó desde que nos consideramos cercanos hasta ahora, he estado a su total y completa disposición como lo haría un amigo o alguien cercano. Suena mal, pero simplemente no es así y no tengo mucha cara para pretender lo contrario. O tal vez la tengo, pero no se me hace nada fácil ponerla. Me paralizo. Me quedo callada. Miro al resto y sonrío como si tuviera alguna vaga idea de lo que dicen, cuando la verdad es que no tengo ni la más mínima idea. A veces, ni siquiera me importa.

Pero hay cosas que mi mamá llama "normas de buena crianza", que a mí se me hacen más a reglas de latifundio que a un Manual de Carreño moderno. Y supongo que algo de razón tiene, sin embargo no sé qué es peor: mentir acerca de que me importa o hacerme la indiferente. En mis libros, cualquiera de las dos está mal o al menos es incorrecta. Un apoyo falso no es apoyo y el estar ausente es igual de mal visto. Mi vieja dice que, en los momentos de dolor, cualquier apoyo cuenta y es apreciado, ya sea de la gente que más esperas que esté ahí, como de aquella gente que simplemente no te esperabas. ¿Y la gente que no esperabas porque no la querías ahí?, ¿qué pasa cuando el gesto de buena crianza se convierte en una contrariedad o incomodidad para quien recibe el gesto?, ¿será mejor realizar el gesto de buena crianza, para quedar bien con la conciencia y el resto a pesar de que puedes resultar más un problema que una ayuda; o será mejor abstenerse de mentir, quedarse al margen y quedar como una ahijada malagradecida y sobre todo maleducada?

Ah, se me olvidó contarles: el papá de mi madrina acaba de morir. No hablo con ella hace mucho y hace ya varios años que no la considero más que mi vecina, madre de las hijas más violentamente bellas que he visto en mi vida. Mi mamá insistía en que fuera a verla, a pesar de que el lazo que nos unía se cortó antes de que dejara el jumper por la falda; sin embargo, yo no sentía que lo mejor fuera ir. ¿Para qué pretender que algo nos une cuando no hay nada más que un papel que nos vincula a los ojos del Vaticano?

Por alguna extraña razón, que aún no entiendo, hoy día me desvié de mi camino a casa y fui a verla a la iglesia. Supuse que era mejor hacerlo que luego arrepentirme de no haberme despedido del hombre que un día me llevó con su nieta al centro a ver El libro de la selva, mientras comíamos un par de Kinder Sorpresa. Sin embargo, luego sentí un sabor amargo en la garganta cuando pensé que sólo lo hacía para calmar a mi insistente e histérica conciencia.

Friday, August 03, 2007

Drama y regresión

Una de las mejores amigas de mi mamá intentó suicidarse. Luego de pasar meses en la misma cama con el marido que luego se acostaba con otra, ella colapsó, se tragó un puñado de pastillas y se echó a dormir. Fue él mismo el que la encontró, media dopada, media lúcida, tirada en la cama esperando que todo acabara pronto.

Un par de días después, ella llamó a mi mamá desde un teléfono en el psiquiátrico, le explicó lo que había pasado y le pidió que fuera a verla. Mi mamá me contó todo luego de ir a verla la primera vez. Me contó que no comía, que sólo fumaba y, a causa de eso, su cara estaba chupada hacia dentro. Me contó que ella aún amaba a su esposo, que le permitió dormir con ella los dos meses desde que ella supo que tenía a otra; que le seguía planchando las camisas y haciéndole la comida, mientras, ella asegura, algo dentro de ella se podría. Cualquier persona que vea esta situación desde fuera, y sabiendo la cantidad de detalles que yo sé, podría tomar una determinación muy fácil: terminar la relación, mandar al tipo a la cresta, tirar toda su ropa a la calle desde una ventana muy alta y comenzar de cero. Eso sería una respuesta lógica... de alguien externo... en su sano juicio. Es por esta misma razón que luego pude entender porqué aún no lo hacía.

Ya pasaraon un par de semanas. Las visitas de fin de semana de mi madre al psiquiátrico se han terminado. Ví a su amiga por primera vez el otro día y confirmé todo lo que mi mamá me había dicho. Los ojos celestes los tenía opacos, la cara blanca y sin nada que rellenara las mejillas que ya ni siquiera hacían el intento por sonreír. Decidí no mencionarle nada, ni siquiera una palabra de apoyo. Yo sabía que para ella era obvio que yo estaba al tanto de todo el asunto, pero aún así me dio un poco de miedo. Sólo le conversé como siempre, haciendo caso omiso al hecho de que me sorprendía su demacrado estado.

El jueves, la amiga de mi mamá nos visitó denuevo. Esta vez venía con un bolso, el pelo liso, una sonrisa irónica y una bolsa con Ravotril. Todo el tema de la infidelidad de su esposo y su frustrado intento de suicidio, pareció pasar al plano de "las cosas del fútbol", y se volvió algo no sólo de interés general, sino algo de saber general y por tanto, algo de lo cual estaba permitido reírse. Después del café de sobremesa y luego de darme cuenta de esta nueva dinámica en que el drama se vuelve una comedia, supe que el bolso traía la ropa que ella necesitaría hasta el domingo. Luego de eso, me enteré que ése era el plazo que le había dado a su esposo para salir del departamento. Ella ya lo había enfrentado, se había decidido y llegó a la conclusión de que una psiquiatra, una psicóloga y toda la gente que estaba a su alrededor, no podían estar equivocados simultáneamente. Cuando fui capaz de computar todo esto sin que me lo explicaran como Dios manda (es como tratar de entender una película en el cable ya empezada), ella me contó que no sólo había declarado el ultimátum, sino que como una adolescente celosa en un arranque de valentía, se había dado el gusto de ir al negocio del esposo y conocer a la bataclana. Desde lejos, y en una escena merecedora de un guión en Floribella, ella esperó afuera a que él se saliera con la otra y luego entró para preguntar el nombre de la susodicha. Se llamaba Ruth, y sí era más joven, pero no más bonita que ella... o al menos eso era lo que ella decía.

Apenas terminó de contar todo con lujo de detalles, su celular sonó. Ella corrió a contestarlo e inmediatamente después, con una gran sonrisa en la cara, le contó a su interlocutora lo del ultimátum y lo de su pseudo encuentro con Ruth, la con nombre de vieja. Sin darme cuenta, yo ya no era la más pendeja. Sin darme cuenta, ella había retrocedido en el tiempo y todo su drama, se había convertido en el comidillo de rigor de un baño de niñas en colegio de monjas.

Sunday, July 29, 2007

Emotionally attached to a corpse

¿Y para qué conservar una planta con las hojas secas? supongo que tiene tanto caso como tratar de resucitar a alguien que ya ha sido declarado muerto. Pero me da la impresión de que uno hace este tipo de cosas sólo por temor a soltar el hilo con aquellos buenos tiempos que algún día viviste; algo así como evitar quitar las decoraciones navideñas a pesar de estar en febrero. Y tal vez eso tenga más sentido... pero ¿una planta muerta? no combina con nada. Créanme, intenté hacerla combinar con los nuevos muebles de mi casa, con ese vestido de verano que me compré a mitad de precio un día de lluvia, con mis pinches de mariposa, pero no había caso.

Lo gracioso, es que ni siquiera la regaba. Podrían llamarme loca si es que hubiese atendido a esa planta muerta como si aún utilizara el escaso sol de mi ventana para vivir, pero no fue así. Sólo estaba ahí, y por más que veía el día en que tuviera que tirarla a la basura, simplemente no podía. Sin embargo, luego de unos golpes en la boca del estómago, me dí cuenta de que era hora de hacerlo: cortar el hilo, tirar la planta, cambiar de página, mirar al frente, botar las piedras de la mochila... ¡Y qué pena hacerlo! No obstante, realmente no sé qué es peor: tirar ese cadáver a la basura o saber que ya había asumido su ausencia antes de tirarla de hecho al tarro que yace bajo el lavaplatos.

Las limpiezas nunca han sido mi fuerte: soy sentimental y hay ciertas cosas a las que le tengo un apego emocional por la cantidad de buenos momentos que me hacen recordar. Sin embargo, aún siguen siendo de esas cosas que nunca ves, que nunca pescas, que no usas, que ocupan espacio, y el botarlas eventualmente, es inevitable: ya sea en esta limpieza o en la próxima.

Ayer hice una limpieza. Ayer tomé cosas de mis cajones, las metí en una bolsa negra, de esas que apestan al abrirlas, y luego lo tiré todo en el gran tacho de basura color beige que está en el patio de atrás. Ayer boté la planta que por tanto tiempo había agonizado y que poco después, terminó por expirar. Ayer, más de una lágrima corrió el rimmel de mis pestañas. Y aún no sé qué es lo que sientoal respecto, mas si tuviera que resumirlo, creo que sería algo parecido a un trago amargo, con vastas porciones de pena, rabia, frustración y mucha culpa.

Thursday, July 26, 2007

Dudas triviales

No es que sea el momento apropiado para decirlo, pero ya no sé qué cresta es lo que estoy haciendo. Y no, no es que me cuestione mi vida entera ni nada por el estilo, después de todo, tan mal no estoy; sin embargo, hay un tema bastante importante que hace un par de semanas me tiene un tanto intranquila.

Digamos que yo nunca he tenido la certeza de qué es lo que quiero hacer, ni nunca tuve o he tenido mi vocación en claro. Creo que ya es materia conocida por el mundo, de que en algún momento de mi vida sí creía saber qué hacer y que según ese plan, yo iba a estar a estas alturas haciendo maquetas y tratando de convencer a los de la librería Nacional de abrir una tienda 24hrs. Pero bueno, tan conocido como es eso, también es el hecho de que eso se fue por el water en tercero medio y desde entonces he sido el monigote de mis amigos y familiares que me tiran de un lado a otro según lo que ellos creen va más acorde a mis capacidades... y las siempre bien ponderadas potencialidades monetarias.

Recuerdo claramente estar vestida de uniforme en medio de mis dos mejores amigos (posición que he adoptado más de alguna vez y casi siempre en alguna situación más que conflictiva), mientras trataba de mirar al sol fijamente y ponía todos mis esfuerzos en abstraerme de la escena. De fondo, se escuchaban los argumentos de mi mejor amiga, quien disertaba a una audiencia de dos personas sobre porqué debería estudiar diseño (ah, se me olvidó actualizarlos... para ese entonces -primera mitad de cuarto medio-, arquitectura estaba descartada y había prestado su lugar a la ilustre carrera de diseño); a mi otro lado, mi mejor amigo contrargumentaba sobre porqué yo estaba hecha para estudiar periodismo. Yo ya ni siquiera tomaba partido en el asunto, porque no tenía idea de nada, salvo de una cosa: estudiara diseño o periodismo, las potencialidades monetarias estaban descartadas de mi futuro profesional.

Algo similar pasaba en mi casa, sólo que los personajes en pugna eran mis viejos y ni siquiera se puede decir que estaban en pugna. La dinámica era más bien sencilla: mi mamá aprovechaba cualquier ocasión para decirme que tenía que estudiar diseño y mi viejo se limitaba a decir que me apoyaba sin importar qué decidiera. Esto último fue una de las mejores cosas que podía escuchar en momentos como esos, ya que era una garantía que decía "No importa que la cagues: yo te apoyo". Contar con ello fue un alivio y me sirvió para lanzarme a la piscina. Finalmente, y sin saber muy bien lo que hacía, tomé mis papeles de postulación y me matriculé en periodismo; y eso, más o menos, explica el aquí y ahora de mi situación.

Y el asunto se había quedado estable. Mi mamá seguía lanzándome indirectas, mis amigos seguían molestándome de vez cuando, pero mi viejo seguía con el apoyo... hasta hace un par de semanas. De la nada y como quién le pide a otra persona que pase a comprar el pan de vuelta a casa, mi viejo me lanza por las escaleras, sin siquiera mirarme un "Tienes muchas más aptitudes para diseño; no tengo idea qué haces en periodismo". Yo me quedé helada. ¿Qué había pasado con el padre del año que prometió incondicional apoyo a su hija, no matter what? el padre del año se había ido y ya no quedaba ni un sólo miembro de mi familia que estuviera orgulloso de una humanista con su apellido.

A todo esto, se le suma el hecho de que, con el tiempo, he podido relacionarme con gente ya egresada y que ha salido al mundo real arriba del caballito de batalla del periodismo. Lamentablemente, junto con ello, me he dado cuenta de que en el resto de las carreras, no entregan caballos de carrera, sino que entregan panzers y bazookas, mientras siento que a mí me ponen un santito en el bolsillo, me pasan una balloneta y me suben arriba de una escuálida mula mal alimentada y aún así esperan que haga algo frente al resto. Salir a la vida real parece duro y no estoy segura de querer lanzar una ofensiva... o siquiera salir al campo de batalla. A veces creo que lo mejor, sería hacer un trámite como ese que hacen los hombres para sacarse el servicio militar y quedarme en la universidad o en cualquier institución educativa ad eternum. Pero dicen por ahí que hay que comer y que al mundo lo propulsionan una turbinas que sólo se alimentan de papel verde (o azul... o rosadito... bueno, se entiende que es plata, ¿no?).

El tiempo pasa. Pronto cumpliré veinte años y estoy a las puertas del punto medio de mi carrera universitaria. Entre prueba y prueba, yo sigo rogando al cielo por un milagro que alargue lo más posible estos dos años y medio que me quedan de educación superior, al mismo tiempo que me cae una lágrima por ese uniforme escolar que se llena de polvo en el fondo de mi clóset.

Tuesday, July 24, 2007

Rata de mall

Son dos las semanas de vacaciones y siento como si en ningún momento hubiese frenado o al menos disminuído la velocidad. Paseo desde la mañana en un mall infestado de hormonas adolescentes y quinceañeros: parejas vestidas de negro gótico, niñas que se juntan en camadas para salir uniformadas luego de una sesión de alisado de pelo y niños con pantalones enormes que lo único que conocen del mall, es el cine y el food garden.

Yo solía hacer este recorrido al menos una vez a la semana, a veces con un par de bolsas a cuestas, y al final del día, cuando me tenían que sacar a patadas de una que otra tienda (es en serio, no exagero), volvía a la casa sin un átimo de cansancio. Sin embargo, hace ya un par de meses que no es lo mismo. Ya no soy capaz de cumplir la proeza de recorrer malls como un deporte olímpico, y comprar ropa ya no es un incentivo como lo era antes (como en esas ocasiones que la sola satisfacción de haber encontrado algo muy bonito, muy barato y que, más encima te quede muy bien, te da energías para seguir buscando algo más... es un círculo vicioso y es aquí donde nacen los shop-o-holics). Derepente pienso que es esto de la edad y todo, pero una vez que me acuerdo de que sólo tengo diecinueve años, me doy cuenta de que es una de las excusas más inválidas que puedo esgrimir a mi favor.

Mi madre, sin embargo, no parece tener mayores problemas a la hora de mallear (sí, ahora lo convertí en un verbo. Si la RAE puede oficializar "googlear", supongo que "mallear" no puede ser tan descabellado), ya que ella continúa como si nada, haciendo esporádicas paradas para tomar un café con un pedazo de torta o almorzar cualquier cosa con un mínimo de 670 calorías en el patio de comidas. Ella, más encima, no tiene sólo los intereses de cualquier mujer, es decir, ropa, accesorios, zapatos y cosas así, sino que también presenta una debilidad por las cosas de casa. Es por este motivo (y sólo por este motivo), que me he visto obligada a memorizarme los pisos donde está el departamento "decohogar" de cada multitienda en cada diferente mall, o tener un plan de escape a la tienda de mi interés más cercana. Lo malo, es que hay veces en que esto último no funciona y me quedo atascada entre medio de todo ese aparataje que grita "limpio", "top", "vintage" o cualquier tendencia en boga que apareció en el catálogo de Falabella junto al diario el pasado domingo.

Y hay un momento crucial: cuando me separo de mi mamá para poder escapar un poco de aquello que no me interesa en lo más mínimo, y luego vuelvo. En esos dos a cinco minutos que pasan entre que llego al lugar exacto donde la ví la última vez, y que distingo su chaquetón verde manzana de entre las hordas de viejas compradoras compulsivas, hay una fracción de desesperación en mí que crece proporcionalmente al tiempo. Y sí, me doy cuenta de que sigo teniendo diecinueve años y que estoy más que grandecita como para desesperar cuando no encuentro a mi mamá en el mall, y también me doy cuenta de que está la posibilidad de llamar a mi mamá y encontrarla luego de un seco y tácito "¿dónde estás?", pero de todas maneras, la medida desesperación llega antes de poner en acción a la tecnología. Comienzo a mirar compulsivamente para todos lados como un impala en busca de depredadores, comienzo a caminar más rápido y hago del caminar entremedio de estanterías, una nueva versión extrema de una carrera con obstáculos. Todo acaba cuando encuentro a mi mamá. Aún no sé si es por el hecho de que es ella la que la mayoría de las veces tiene las compras o si es porque es ella la que tiene la facultad de pagar por las cosas que saciarán mis potenciales caprichos, pero sea por lo que sea, supongo que mi naturaleza de "hija de mamá" emana en este tipo de situación y hace caso omiso a la cantidad de años que indique mi carnet de identidad.

Y no importa la razón: cuando uno ya se conoce la locación de cada tienda e incluso de cada marca en una tienda de departamentos, es inevitable llamarse a sí mismo "rata de mall", porque eso es lo que se es. No es normal considerar un conglomerado de tiendas y entretenciones tu segundo hogar, aunque a este paso, la gente se ha vuelto tan anormal, que el concepto y diferencia entre los dos extremos de lo cotidiano y lo extraordinario, se van volviendo un tanto difusos.

Sunday, July 15, 2007

Saltando ríos

Siempre es en los días así, que tienes algo que hacer: un trámite, algún papeleo de última hora, etc. Asomo un ojo por entre mis múltiples sábanas infestados por el calor del calienta-cama que lleva más de quince horas prendido, estiro el cuello, corro la cortina preparando la retina para un choque enceguecedor de luz, y me sorprendo al ver que no hay mucha diferencia con la vista de mi pieza en su estado de penumbra. Abro más los ojos y veo cómo chorros de agua caen de las tejas de mi casa, cayendo sobre un plástico tipo piscina-de-pendejo y haciendo un ruido que despertería hasta a un mamut. El cielo se abre y el agua cae del cielo. Y yo tengo que salir. Y me da una lata horrible tan sólo pensar dónde está mi paraguas.

En situaciones como ésta, uno trata de aplazar la salida de la casa lo más posible. Uno, por primera vez en mucho tiempo: hace la cama como Dios manda (es decir, no sólo estira el cubrecamas y aplasta un poco la almohada para que se vea decente, sino que de hecho, se termina de deshacer la cama, para luego hacerla BIEN), se ordena un poco la pieza, te secas el pelo (cosa que nunca hiciste desde que tu mamá aceptó la posibilidad de una potencial sinusitis), sacas la ropa sucia, etc. Todo para evitar lo más posible, el momento de cruzar la puerta y empezar a hacer el papel del niño/a responsable. Mi caso estaba agravado por otro factor. El día anterior había adquirido las reemplazantes a mis queridas y regalonas Gallaz (un par de zapatillas que no me había sacado en un año entero: con la suela lisa, la plantilla con hoyos y una pequeña ranura en la planta del pie derecho que explicaba porqué, en días como estos, llegaba a mi casa con un pie mojado y el otro no), y las cambié por otras zapatillas compradas en la más grande de las ofertas de 50% de descuento (hermosas, by the way). Este era el día de inauguración de mis nuevas compañeras de aventuras y les había tocado estrenarse en el peor de las actividades para cualquier calzado: saltar ríos urbanos.

Tener que usar sólo el metro es una bendición, con o sin Transantiago, y eso sólo se nota en días de lluvia. Salgo a la superficie en Manuel Montt y me encuentro con charcos que hacen que me sienta como una gigante tratando de saltar de continente en continente para poder evitar caer en alguno de los océanos. Para qué mencionar la caminata por las veredas. Ahí, no se trataba de esquivar charcos, sino de capear olas que venían a mí como un tsunami que nacía bajo las ruedas de un 4x4 en plena 11 de septiembre. Se podrán imaginar que, nuevas o no, un par de zapatillas no son la mejor indumentaria para salvarse de las aguas de la lluvia santiaguina, por lo que yo figuraba como una ricitos de oro saltando en el bosque, sólo que sin la cara de felicidad y sin los rizos de oro, por supuesto.

Cuando uno cree que todo está terminando, sólo viene lo peor: cruzar una calle. Manuel Montt se había convertido en un río que se cruzaba con otro llamado 11 de Septiembre, y que no dejaba más opción de cruzarlo a los mortales no-saltadores-olímpicos como yo, que tomar una balsa y remar por su vida. Se imaginarán que no contaba con una balsa y menos con un remo, por lo que tuve que seguir a la masa y dármelas de canguro sudaca. A cada paso (o más bien salto) que daba, sentía cómo los pies estaban más húmedos que antes, y cada vez que me daba esa sensación, algo en mí se estremecía un poco. No pude dejar de acordarme de los capítulos de "Sex & the city" que había visto a principios de semana. Santiago era mi Nueva York; mis nuevas zapatillas eran mis Manolo Blanhiks; la lluvia era mi tormenta de nieve; y yo no era más que otra niña saltando por ahí y tratando de salvar sus pies de la lluvia.

Recuerdo que cuando chica, yo adoraba la lluvia. Me acuerdo que saltaba de felicidad cuando llegaba el invierno y que no había nada mejor que quedarse en casa, acostada bajo las mantas, viendo tele y oyendo de fondo el suelo siendo golpeado por los goterones de lluvia. Diez años después, me veo puteando a los cielos y pidiendo una explicación de por qué, si estoy vestida como un maldito oso, sigo teniendo frío; sufro sólo imaginándome cómo será en agosto y fantaseo con un poco de sol como una diabética fantasea con un poco de chocolate de verdad. El clima no me acompaña este año y ya me estoy aburriendo. Supongo que esta es la manera que tiene el calentamiento global tiene de cagar mi psiquis.

Saturday, July 07, 2007

Decálogo del ocio

Ya. Terminé el semestre, hice casi todo lo que tenía que hacer y siento que un peso se levantó de mi espalda. Ahora, tengo tiempo de sobra para hacer lo que a mí me dé la gana e incluso tengo tiempo de sobra para desperdiciar... a secas: sólo desperdiciar.

Pero siempre hay algo que hacer. Nunca falta el favor que tu mamá pide, el trámite que estuviste pateando todos estos meses porque te daba una lata enorme sacrificar horas de TV por hacerlo y cosas chicas como (en mi particular caso), ordenar mi clóset y toda una serie de cosas insignificantes que, cuando las vas sumando, se crea un cúmulo de cosas que te llenan la agenda por un día o dos. Pero ahora tengo tiempo de sobra y eso es lo que importa.

Y en serio no sé qué es lo que voy a hacer. Dicen que el ocio es la madre de todos los vicios y creo que, hasta cierto punto, la cosa es verdad. Estoy segura de que, cuando terminen las vacaciones, me voy a encontrar con que todo mi tiempo, ha sido gastado en ver horas interminables en HBO y en MTV. Y ¿hay problema? ¡no! Creo que tengo todo el derecho de quedarme viendo el techo si es que así lo quiero...

Al empezar a escribir, pensé que este decálogo de ocio tendría más puntos, pero supongo que la regla general de "no hacer nada" está más que entendida. No sé si se nota que estoy cansada y que el sólo hecho de pensar en algo de mínima dificultad, me provoca repulsión.

Veremos si algo que valga la pena contar sale de todo esto... yo, seriamente lo dudo.

Monday, July 02, 2007

Te llevo para que me lleves - Gustavo Cerati

Este video es delicioso por donde de lo mire. Es primera vez que lo veo y simplemente no puedo creer mucho de lo que ví: desde las patas flourescentes de Cecilia Amenabar, pasando por la champa early-90's de Cerati, hasta la tenida "al vacío" del mismo.

La canción es del "Amor Amarillo", una de mis canciones favoritas de Cerati como solista, y el video... pff! chorrea amor y cursilería igual que lo hace el disco entero.

Tuesday, June 26, 2007

Es final de semestre...

Es final de semestre y me da la impresión de que todas mis responsabilidades, son una torre de cubos de madera (de esos con letras con que intentan enseñar a los niños chicos cómo utilizar el abecedario), en la cual sigo apilando cubos y, cada vez que lo hago, tengo que aguantar la respiración para evitar que se tambaleé demasiado y me caiga encima. Y si me cae encima, estoy segura de que los inofensivos cubos de madera de colores, se van a convertir en ladrillos y, que más que aplastarme, me van a lapidar.

Y no, no estoy sólo segura, sino que estoy convencida de que no hay otra forma posible.

Sin embargo, y sabiendo esto, creo que no estoy lo angustiada que debería estar. Supongo que eso es bueno, considerando que uno, sin angustia, permanece en sus cabales y actúa con más determinación, razón, lógica, dedos de frente o como quieran llamarle. Lo malo del asunto, es que creo que ni aun estando en el más estable e inteligente de mis cabales, actúo así. Y eso es en situaciones normales. Lo otro malo del asunto, es que no sé si es que en verdad estar tan tranquila me ayude en demasía. Estando tranquila, me acontece algo que comúnmente se denomina "dejarse estar", o como le dicen los más familiarizados con la jerga "se me echa la yegua". Me quedo traquila, aplazo las cosas, me miro las uñas y tengo una fulminante y desesperada urgencia por hacerme una manicure (o aquello que yo llamo manicure, ya que ninguna manicurista que se precie de tal te deja sangrando los dedos en un intento por embellecerlos), me quedo mirando el techo y, si encuentro algún insecto que esté revoloteando por mi pieza, puedo empezar a despedirme de una hora completa de productividad.

Y no debería estar así. Debería estar histérica y convertida en una mujer dependiente de cuanta vitamina revive-cerebros haya en el mercado (Supradyn, Gamalate, anfetaminas, lo que quieran ponerle); debería caminar por los pasillos de la universidad a un ritmo casi-trote, pidiendo a todo ente reconocible que me preste su cuaderno para fotocopiarlo, tener una intravenosa permanente de cafeína en el brazo, gritar al cielo que por favor le agregue un par de horas más al día y hacer todas aquellas cosas que las viejas histéricas hacen y que hacen que los hombres nos miren con cara de "porfavor, sácame de aquí". Pero, contrario a todos los años anteriores, no lo hago.

Es final de semestre y yo tengo que estudiar. Y estudio; sin embargo, ya no me estoy desviviendo por ello. Y creo que nunca lo he hecho... mas, dicen por ahí que el loco es el último en reconocer su estado.

Saturday, June 23, 2007

Cuando los sueños se hacen realidad...

Creo que he repetido este discurso como mil veces, pero es necesario ponerlo en palabras escritas para dejar constancia explícita de lo que hablo.

Llevo más de cuatro años desde que empecé a escuchar a Soda Stereo seriamente. Cuando digo seriamente, me refiero a que yo bajaba las canciones y yo las ponía en el que era mi pendrive. Antes de eso, también escuchaba a Soda, pero porque era algo que se escuchaba en mi casa; porque fui criada con Soda. Desde que los escuché por primera vez a conciencia, me dí cuenta que tenían una mística increíble, que lograban que emocionara, que bailara y saltara eufóricamente, que cantara y que hiciera todas esas cosas que una groupie hace en la intimidad de su pieza con un cepillo de pelo en la mano. Comencé a escuchar los discos que habían en mi casa (que ahora figuran en mi mueble de discos), los MP3 que había bajado mi hermano, a bajar canciones de Cerati como solista, que después decantaron en mi idolatría por el ex-Soda, etc. Cada cosa que averiguaba sobre ellos, me encantaba más y me preguntaba cómo habría sido haberlos visto en vivo. Junto con eso, me di cuenta que era imposible: que yo había nacido, lamentablemente, en el auge de la banda y que luego me haría imposible vivir mi adolescencia histérica con las canciones de uno de mis grupos favoritos.

Y es frustrante. No creo que haya nada peor que descubrir a uno de tus grupos favoritos cuando ya no existen; la impotencia de nunca poder escuchar una canción nueva o verlos sudar mientras cantan esa canción que te mueve hasta la última célula de tu cuerpo, al mismo tiempo que tienes que luchar por cada centímentro cuadrado que ocupas en un mar de gente. Bueno, lo único peor, sería que la mayoría de los integrantes de esa banda, estuvieran muertos. Me imagino lo horrible que debe ser darte cuenta que amas a The Beatles hoy, y sin embargo, George Harrison y John Lennon están muertos. En mi caso no era tan terrible, pues ni Cerati, ni Zeta, ni Charly estaban muertos, pero sí corrían los rumores de que se odiaban a muerte. Ahí, yo ya no sé qué es peor.

Hoy, tacho los días del calendario para ver a una de mis bandas favoritas en vivo por primera vez. Luego de ir a dos conciertos de Cerati, en los que las canciones resucitadas de Soda me ponían todos los pelos de punta y me hacían chillar a un volumen que ni mis cuerdas vocales creían posible, por fin podré ver a mis héroes en vivo, sin la sensación de que me estoy tomando un sucedáneo de remedio en vez de aquél que realmente me recetó el médico. "Una eternidad esperé este instante..." suena en mis audífonos y no puedo estar más de acuerdo con esta versión unplugged/trucha de Soda. Y en serio no sé qué voy a hacer. Imagino que voy a saltar como nunca antes, que gritaré hasta que la garganta me sangre y que hasta derramaré alguna lágrima. Así como una fanática de Marco Antonio Solís.

Debo confesar que yo nunca creí que esto ocurriría en un futuro cercano. En verdad, pequé de ingenua, pero juro que pensé tener razones de peso. Para mí, Soda no podía volver mientras Cerati fuera el hit que es en este momento. Simplemente, él no iba a dejar que una reunión de Soda arruinara su momento bajo la luz central del escenario. Tanto lo creí así, que hasta aposté por ello. Claramente, como se imaginarán, perdí. Pero es la única apuesta en la cual mi herido orgullo no opaca nada; si es por perder así, que vengan más apuestas perdidas.

Soda vuelve. Soda vive.

Como un one night stand, pero en una noche que no olvidaré.

Thursday, June 21, 2007

#4 la tengo pegada y qué: "Todo" de Pereza




Esta canción me la presentó mi hermano en uno de esos momentos hermanables semanales que tenemos cuando nos movemos de la casa a San Joaquín. Me llamó la atención otra canción de este grupo español (moya cómo se llamaba la canción), porque era una canción de Calamaro sin la voz de el ex líder de Los Rodríguez. Cuando le pregunté a mi hermano por la canción, me contó que era de un grupo madrileño que se llamaba Pereza y que, cuando él estaba de intercambio en en Europa, ellos estaban pegando allá. Cuando le pregunté por el parecido a Calamaro, me contó que era porque allá, Calamaro era tres veces lo que era acá. Y eso ya lo había escuchado antes; supongo que esta es la prueba tácita de ello.

Luego, mi hermano dio vuelta la ruedita de su Ipod y puso esta canción. Yo aluciné. A mis ojos, esta es una canción de amor asquerosa; es decir, que chorrea cursilería y cosas melosas, pero sin embargo, no es empalagosa como podría ser una canción de Luis Fonsi. Es rockera (a pesar de la primera parte que, con piano y todo, es lo más pop del mundo), la canta un tipo con voz áspera, tiene una dosis de sexo explícito amplia pero no grosera, y simplemente, tiene las palabras indicadas. Escúchenla: es una canción de amor que no daría vergüenza dedicar.

Wednesday, June 20, 2007

The "talk-to-me" girl

Yo siempre tuve la creencia de que, en mi frente, había un tatuaje que cuando me miraba al espejo, mágicamente desaparecía. Ese tatuaje, en esta retorcida creencia, decía "háblame, soy tu amiga". Esto me servía de excusa para muchas cosas, entre las que cuento el hecho de que tengo amigos que me llaman mucho para pedir consejos o ser escuchados, o el hecho de que antes, todos los hombres que me gustaban mataban todas mis pasiones con un "eres una amiga increíble; contigo puedo hablar". Mucha gente me lo ha hecho notar y me dicen que soy una persona que escucha mucho, lo que a su vez, no quita que hable demasiado (cosa por la cual también me caracterizo).

Esto siempre me había pasado con la gente que me rodeaba, que no sé por qué o a pito de qué locura temporal, veían (o ven) en mí una especie de psicóloga. Sin embargo, hace un par de semanas, me pasó con gente desconocida: de esa que va en la calle o en el metro y que, por lo general, si te regalan una sonrisa ya es demasiado. Un señor en el metro me preguntó si es que se había subido bien y el metro iba en dirección a San Pablo. Le dije que sí y le sonreí. Supuse que la conversación se terminaría ahí, como cualquier relación de transporte público, pero un par de minutos después, el señor me empezó a meter conversa acerca de lo malo que era el Transantiago. Yo lo escuché mientras me decía que era un desastre, que el gobierno lo tenía desilusionado, que sentía que había botado su voto y que todos los políticos eran unos mentirosos. Por el uso de la frase "ese gobierno marxista", me di cuenta que la tendencia del señor en cuestión, era diestra, cosa que luego me confirmaría al decirme su profesión. Me contó que él era carabinero retirado y que por eso sabía lo mentirosos de los políticos; porque él y los había tenido muy de cerca. Yo me reía, porque al señor no lo hubiera callado nadie ni a palos. Luego, con un poco de hastío, me dijo la frase de nuestra fugaz amistad que más me quedaría marcada: "¿Se imagina cómo es tener a una presidenta que, en el gobierno marxista gritaba por la calle 'haga patria, mate un paco'?". Supuse que debe haber sido frustrante para él, pero no sabría decirlo realmente. Luego de sonreírle y llegar a Universidad Católica, me despedí y le deseé un bien viaje.

Unos días después, y en uno de esos arrebatos de estupidez que me dan derepente, me torcí el pie jugando basketball en la universidad. Como la enfermera vio que tenía un huevo enorme, prefirió salir de las dudas (a.k.a sacarse de encima una posible demanda por negligencia médica) y me mandó a la clínica. Mientras iba en el radio taxi, amablemente proporcionado por la Pontificia Universidad Católica, y me miraba el pie pseudo hinchado y cómo los dedos se me iban poniendo cada vez más azules (se imaginarán el frío que tenía en mi pobre pie izquierdo), el taxista, un señor canoso hundido en una bufanda y que yo al principio creí un hombre frío que con suerte me preguntaría adónde iba, comienzó a hablarme. Luego de hacerme las preguntas de rigor, que en este caso en particular no iban encabezadas con el "¿cómo se llama?", sino con un "¿qué le pasó?", me contó que se llamaba Héctor, que tenía siete hijos, todas mujeres a excepción de uno, que tenía una cantidad sustacial de nietos y una cantidad aún mayor de bisnietos. Ya ni me acuerdo qué tanto hablamos, pero conversamos amenamente todo el viaje desde San Joaquín a la Clínica Indisa. Él dijo que esperaba saber de mí por algún medio en el futuro (por ese detalle de que estudio periodismo). Dije que era muy poco probable, pero de hacerlo, me aseguraría de recordar su nombre. Ojalá pueda cumplir mi promesa.

Ese mismo día, me pasó algo similar con la niña que compartía el box (la sala de atención en la clínica; por alguna razón les gusta el termino de "box", como que nos tuvieran clasificados) conmigo. Era una niña lindísima de unos 8 años, pelo rubio largo, vestida con uniforme de colegio gris. La acompañaba su mamá: una vieja incrédula, de esas que amenazan con mandarte de vuelta al colegio si es que el doctor te diagnostica algo que requiera un procedimiento menor a un triple bypass. Su mamá me aludió mientras la niña me miraba por entre una cortina. Me preguntó qué me pasaba y al decirle que era una lesión por basketball, me contó cómo ella había sufrido lo mismo jugando volleyball cuando era joven. Luego me contó por qué su hija estaba ahí. Irónicamente, la más pequeña de la sala, sufría de dolores a la cadera (plop), le dolía cuando hacía ciertos movimientos y, sin embargo, podía saltar, pararse de la camilla y colgarse del brazo de su mamá regalonamente. Ahí me expliqué por qué la mamá la miraba con cara fea y le decía que no tenía nada.

Y bueno, sea por lo que sea, supongo que hay gente que necesita ser escuchada. Asumo que no soy la única persona a quien le pasan estas cosas (no puedo ser la única con este tipo de tatuajes en la frente), y más de alguien debe coincidir conmigo cuando digo que, cuando le prestas suficiente atención a una persona, no sólo puedes escuchar una buena historia (o al menos una historia entretenida), sino que también puedes hacerle el favor a la persona de escuchar. Hay veces en que ese gesto, puede hacer una gran diferencia y otras, sólo eres el depositario de las palabras de alguien que simplemente le gusta hablar mucho.

Como yo.

Saturday, June 09, 2007

#3 La tengo pegada y qué: "Brighter than sunshine" de Aqualung



Esta canción es del soundtrack de la película "A lot like love", y son de esas canciones que las escuchas y te quedan dando vueltas. Sin embargo, esta se me borró hasta que la encontré en el pendrive de mi novio (mi ex pendrive; algún día contaré la historia), él me dijo cómo se llamaba. Se me olvidó bajarla denuevo, hasta que hoy día en la mañana me encontré con la película denuevo y no se me escapó. Es mamonsísima; me recuerda un poco a grupos como Lifehouse, Train o Snow Patrol y especialmente a una canción del sountrack de "The virgin suicides", "Playground love" de Air (debe ser como por la cadencia de la letra... o en una de esas estoy loca).

Anyway, es linda, la tengo pegada y, aunque sea muy PlayFM, no dejo de escucharla.

Aquí tienen la letra para que cachen lo linda que es.

I never understood before
I never knew what love was for
My heart was broke, my head was sore
What a feeling
Tied up in ancient history
I didnt believe in destiny
I look up you're standing next to me
What a feeling
Chorus:
What a feeling in my soul
Love burns brighter than sunshine
Brighter than sunshine
Let the rain fall, i don't care
I'm yours and suddenly you're mine
Suddenly you're mine
And it's brighter than sunshine
I never saw it happening
I'd given up and given in
I just couldn't take the hurt again
What a feeling
I didn't have the strength to fight
Suddenly you seemed so right
Me and you
What a feeling
Chorus
It's brighter than the sun
It's brighter than the sun
It's brighter than the sun, sun, shine.
Love will remain a mystery
But give me your hand and you will see
Your heart is keeping time with me
Chorus
I got a feeling in my soul ...

Thursday, June 07, 2007

¿Será MTV o me estoy volviendo vieja?

Recuerdo la conversación que tuve con un amigo hace un tiempo, en que le decía que MTV ya no era lo de antes. Le conté que cuando era chica, MTV era mi principal fuente de información y entretención. No fueron pocos los fines de semana enteros que pasé pegada a la señal 28 (antigua señal del canal) disfrutando de los weekends temáticos, ni tampoco las tardes y noches en que seguía a los Ossbournes, la vida marital de Jessica Simpson, "The Real World" (en sus infinitas versiones), las repeticiones de los VMA's, de los Movie Awards, los episodios de "Behind The Music" y animaciones como "Daria" o "Spy Groove" (sí, me encantaba "Spy Groove"). Y era increíble, porque MTV era como mi propio y televisivo kit de superviviencia, conteniendo absolutamente todo lo que yo necesitaba. Yo creo que les digo todo cuando les cuento que para los atentados del 9/11, yo no me informé por los canales chilenos, sino que yo sintonicé casi automáticamente MTV y me quedé ahí viendo cómo en el país del norte quedaba la cagada.

Al terminar de contarle a mi amigo cómo mi infancia se nutría de recuerdos linkeados a la Music Television, le dije que ya no creía que MTV fuera lo mismo que era antes; que ahora MTV no sólo está fome, sino que casi patética y que sentía que me habían quitado algo que yo siempre creí tendría como una referencia. A esto, mi amigo me dijo que él pensaba lo mismo y luego me preguntó: "¿Será MTV o nosotros estaremos muy viejos?" Y fue ahí que me di cuenta de que era una posibilidad más que válida. Tal vez mi actual visión de MTV no se basaba en que los capítulos de "Next" me superaran, que no pudiera soportar a los strippers amateurs de "Dancinropa", no por pacata, sino que por vergüenza ajena o que simplemente ya no dieran clasicones como "Making the video". Tal vez no era eso, sino solamente que ya no era tan niña. Y me bajó el síndrome Peter Pan con una arremetida que me dejó marcando ocupado.

Hoy en la mañana, me dí el gusto quincenal y me compré la edición aniversario de Rolling Stone. A lo largo del día, me fui entreteniendo hojeándola y, cuando estuve más tranquila, comencé la tarea de leerla. Así fue como encontré algo que me hizo recordar de la pregunta del millón y que me dió a saber que no era la única que se la hacía. El artículo empezaba así: "Hay un momento en la vida de todo televidente en el que MTV le queda chico" y luego enumeraba todos los síntomas ya mencionados sobre mi decepción de MTV. Lo peor, fue cuando la cosa cerraba de la siguiente manera: "Si usted se siente así, no se preocupe, no pasó nada malo: ya es un joven adulto". Recaída de Peter Pan en su peor versión.

Pero, ¿será verdad?, ¿será cierto que MTV se me ha hecho ajeno por efectos de la edad y no porque "Roomraiders" no haya podido soportar las modalidades freak o de que ya no encuentro capítulos de Daria entremedio de repeticiones interminables de los Top20? Me cuesta saber qué es lo correcto, pero me da la impresión que, simplemente, es el cambio generacional. Los escolares de hoy no sabrán lo que es ver, en rotación normal, videos como "You get what you give".

Supongo (y a esto llegué luego de un buen rato de darle vueltas), que es normal superar la etapa MTV y pasar a una nueva, en la cual no sólo ves reality shows de celebrities, sino que te cansas de ver tanto programa de citas con acentos centroamericanos y música de grupos que ya no conoces. Parece que he crecido y dejé a MTV casi en el olvido.

Bueno, hay que ir asumiendo las etapas. Por suerte, siempre existe VH1.

Tuesday, June 05, 2007

Los chicos populares: Timbaland, Justin y Nelly

Esta es la columna de la semana pasada en CuartoPoder.cl. No digamos que tuvo mucho quórum, pero a mí me gustó harto, pues es algo que me tenía la atención hace un tiempo ya. Disfruten... está recalentado, pero igual de bueno.

Siempre estamos en la búsqueda por entrar en los círculos más cerrados: cuando éramos chicos, tratábamos de estar con los grandes; en el colegio, intentábamos con todas nuestras fuerzas por pertenecer a los grupos más populares (el leit motiv de cualquier adolescente pseudo loser), y así por siempre y para siempre hasta que morimos. Ahora, la música tiene su propio círculo cerrado, los chicos populares de la escuela con quienes todos quieren aparecer en las páginas de vida social. Cuidado gente: Timbaland, Justin y Nelly se toman las altas esferas sociales de la música, y a este club, no es nada fácil entrar.

El grupo de los tres magníficos comenzó, sobre todo, por el toque mágico de Rey Midas de Timbaland. Este productor de Rap y Hip Hop, con sólo un álbum solista a su haber (“Tim’s bio” de 1998), en el último tiempo ha hecho y resucitado artistas como ha querido. Entre sus creaciones, el más exitoso ha sido el grupo de chicas The Pussycat Dolls, agrupación inspirada en el acto homónimo de baile de Las Vegas. Sin embargo, las Pussycat Dolls, a pesar de ser una creación de Timbaland, no se vinculan mayormente con él como lo hacen otros artistas: los otros chicos top.

Entre ellos, y en la cabeza de la lista, figura Justin Timberlake, quien trabajó con Timbaland en la producción de su primer álbum solista, “Justified” (2002), y que luego colaboró mayormente con él en su último disco “Futuresex/lovesounds” (2006).
En este último, se ve un enorme sello y presencia del productor, aportando en la ya conocida faceta de productor y cantante invitado en los tres singles que ha sacado el ex ‘NSync. Tanto así, que hasta hace apariciones casi protagónicas en los videos correspondientes a los singles, a excepción del último de ellos, “What goes around, comes around”, donde aporta con voces de backround, pero que no son suficientes para desviar las miradas que se lleva Scarlett Johansson.

Terminando la lista de los cercanos del viejo Timbaland, se encuentra la única chica del grupo, Nelly Furtado. Aquí, el toque mágico de Timbaland alcanza las más extraordinarias capacidades, pues es con él que la carrera de la Furtado se dispara nuevamente. Luego del éxito de su primer álbum “Whoa, Nelly!” (2000) y de los hit singles “I’m like a bird” y “Turn off the lights”, Nelly desapareció un poco del mapa para luego volver con su segundo álbum “Folklore” (2003), el cual a pesar de ser bien recibido por la crítica, no tuvo todo el éxito que había alcanzado con su primera placa, llegando sólo el número 38 de Billboard. Mágicamente, luego del lanzamiento del último single del álbum, “Try”, a Nelly se la comió la tierra. Sin embargo, nada le podría haber hecho mejor a Nelly Furtado que haberse desaparecido un tiempo, porque no es sino hasta ahora, luego de casi tres años de silencio, que vuelve con su último y más exitoso disco “Loose” (2006). Como era de esperarse, el disco está altamente influenciado por Timbaland, quien comparte con Nelly los temas “Promiscuous girl” y el último single de la placa “Say it right”. Y no solamente eso, sino que ha marcado el estilo e imagen de la canadiense notoriamente; recuerdo haber comentado que a Nelly se le habían soltado las trenzas luego de lanzar “Maneater”, donde se mostraba con altas influencias de Michael Jackson y con un look más parecido a la época “Dirrty” de Christina Aguilera que a la dulce Nelly del video de “I’m like a bird”.

En mayor o menor medida, el toque de Rey Midas de Timbaland se nota, y ha logrado reposicionar a estos dos artistas no tan sólo en cómo los percibe el público, sino que también en cómo los ve la crítica mundial. No es raro que luego de esta revolución, tanto Justin Timberlake como Nelly Furtado no se despeguen del gran Timbaland; porque claro, nadie con dos dedos de frente dejaría sola a la gallina de los huevos de oro, ¿no?

A estos tres, se los puede ver juntos tanto en el video de “Promiscuous girl” de Nelly Furtado (donde Justin Timberlake tiene una aparición MUY tránsfuga al final y luciendo un look más cercano a los últimos días de ‘NSync) y en el primer single del último álbum de Timbaland, “Timbaland presents Shock Value” (2007), llamado “Give it to me”. Mi predicción, es que a pesar de todos los logros, tanto en conjunto como por separado, el trío Timbaland/Timberlake/Furtado, aún tiene para cosechar. La originalidad aquí no falta (¿cuándo hubiésemos creído que vibraríamos con canciones como “Sexy back” o “Say it right”?), y ya basta con el puro nombre para que lo que hagan, sea todo un éxito.