Tuesday, January 30, 2007

¡¿A-ló?!


A nosotros nos pasa lo mismo... pero no precisamente mirando al espejo...

Y tampoco con cara de agradable sorpresa.

Sacúdate en tu cripta, Kurt Cobain: llegó la etapa teen rocker de María José, donde aparece en portadas con guitarras eléctricas y cara de adolescente incomprendida al borde del suicidio.

Tengan miedo... tengan mucho miedo.

Sunday, January 28, 2007

Requiem al héroe caído

Sé que no suelo escribir sobre deportes. De hecho, tengo más que claro de que es primera vez que lo hago; y con vasta ignorancia, si me permiten decirlo. Pero hoy día, eso no importa. No hablo como una experta del deporte, una empedernída fanática del tenis o una devoradora de ESPN. Hablo desde el lugar de una espectadora más en las tribunas chilenas.

Siempre he pensado que el tenis, como muchas otras cosas, se puede ver como el duelo a muerte de dos personas que no tienen más que las manos y el estrangulamiento como arma. Al principio, se busca poner las manos en el cuello del oponente; una vez puestas ahí, es sólo cosa de tiempo y de cuánto aprietes la garganta de tu adversario para que éste deje de patalear. Porque cuando uno está en una situación así (no que a mí me hayan estrangulado alguna vez), uno se niega y hace todo lo posible para revertir la situación... hasta que hay un punto, un momento en el que uno se rinde; en el que no se ve vuelta atrás y uno sencillamente se entrega. No hay nada más que hacer.

Es en esta sórdida analogía en la que pienso mientras veo la final del Australian Open en la televisión. Los pájaros me informan que es un nuevo día y que quizás me levanté muy temprano considerando que estoy de vacaciones, pero no importa. Prendo el televisor y veo que Federer sólo supera a González por un punto. Totalmente superable. Los games empiezan y veo la pelota pasar de un lado al otro de la cancha sin siquiera poder seguirla con el ojo. El Feña está luchando por poner sus manos al rededor del cuello del suizo, y por un momento, pienso que sí: que lo tiene del cuello y que ahora sólo es cuestión de apretar constantemente para sofocarlo. González está sacando por el set, "este es el punto que cuenta", pienso mientras aprieto mi polera con nerviosismo. Y no puede. No puede quebrarle el servicio a esa máquina de victorias, y en el tie break, tampoco es capaz de hacer mucho. Federer le puso las manos en el cuello a González y no pretendía soltarlo nunca más. Después de ese set, el Feña nunca fue el mismo denuevo.

Los puntos pasaban y el Feña comenzaba a patalear, a negarse a morir. Pero Federer sabía dónde apretar y no lo soltaba. Para mediados del segundo set, González esgrimía una cara rara. Esa cara que nos dice todo y no dice nada al mismo tiempo. González sólo quería que el partido terminara; corría con un "sáquenme de aquí" pintado en la frente pelota tras pelota, corriendo sólo por el orgullo. Y no se notaba tan sólo en la cara, sino que en cómo jugaba: los múltiples errores de los cuales no supo hasta este último partido, las pelotas que parecía no ver, la reiteración de ese juego de velocidades que Federer ya se sabía de memoria (ya saben, el cruzado lento, repite, repite, repite y ¡bam! bombazo), etc. González estaba resignado. Lo único que lo mantenía en movimiento, era la convicción de que, si Federer le iba a ganar, por lo menos él no le haría las cosas tan fáciles.

El punto de deceso de González fue aquél último breakpoint que le mandó Federer. La cuenta era oficialmente reversible y el torneo tenía los segundos contados. Y no eran muchos. El último punto del suizo fue limpio. Pasó el 40-0 al 6-4 y a coronarse campeón sin ninguna oposición. La ilusión y el "te imaginas si..." ya estaban deshechos, pero el orgullo no era menor. González nos devolvió la esperanza que el Chino Ríos nos quitó cuando se lesionó y comenzó a comportarse como una celebridad gringa: nos dió la oportunidad de volver a creer que todavía podemos hacer cosas grandes, de que Chile no es tan mediocre como para mantenerse al margen de deportes de gran escala y que podemos destacarnos sin tener que pasarle un par de cheques al referee. Los que hizo González fue grande. Nos demostró que estabamos todos mal, incluso a mí, que no lo veía más allá del partido con Nadal. Que haya perdido no es más que un detalle. La hazaña ya estaba hecha y la gloria, aunque diferente de la gloria de Federer, llegó igual. González no necesitó una copa para convertirse en héroe.

En cuanto a Federer, creo que en condiciones normales uno podría odiarlo; esgrimir sus 36 partidos invictos como un argumento para despreciarlo y decir que es aburrido y predecible. Por lo menos eso es lo que yo haría, ya que uno siempre tiene una tendencia a crear un odio nefasto contra cualquiera que se oponga a los propios intereses. Pero con Federer no se puede hacer eso. No se puede odiar a Federer, o por lo menos yo no puedo hacerlo. Federer tiene todas las razones del mundo para pavonearse por ahí, comportarse como un rock star, hacer berrinches, gritar a los siete vientos que él es el mejor y es invencible, y sin embargo no lo hace. El espíritu deportivo de Federer es una de las cosas que yo más rescato de él; más allá de sus diez grand slams y sus 39 títulos. Cuando se trata de jugar, el suizo juega con todo, no le muestra misericordia a nadie, pero aún así es humilde al respecto y se toma sus victorias con la mayor de las caballerosidades.

Hoy día, Chile perdió un partido. Pero al mismo tiempo, ganó un héroe que demostró que algunas estadísticas, simplemente son eso: estadísticas; y que no tienen nada que ver con lo que realmente podemos hacer. Hoy, fue un buen día para el tenis chileno.

Wednesday, January 24, 2007

Absoluta pasividad (just chilin')

Estoy casi en la mitad de mis vacaciones y ya alcancé ese inquietante estado de pasividad que me llega cada año. Ese período de tiempo en el que simplemente no se hace nada: no se sale, no se ve ninguna película muy relevante, no se habla con ninguna de esas personas que te ponen los pelos de punta, etc. En esos días, uno se despierta tarde y se levanta más tarde aún. Se desfasan las comidas, las costumbres y algunas veces, hasta el horario. Uno se limita a ver tele, hacer una que otra manualidad, leer un libro o hasta hacer todo el orden que hace tiempo te viene rondado la cabeza. Uno no se da cuenta qué día es; menos la fecha. Tal vez el único indisio o referencia de un día de la semana, sea el horario del Sony o los "domingos de estreno" de HBO.

Es gracioso, porque en esos períodos de tiempo, nunca me doy cuenta cuán patéticos son hasta que hablo con alguien más. Es decir, nunca me siento mal por tenerlos hasta que otra persona me cuenta que ha estado tres días carreteando non stop y que está raja; o que acaban de llegar de la playa donde adquirieron ese envidiable tono cobrizo y se agarraron a la mitad de los turistas argentinos. Es ahí, en el momento en que terminan, justo mientras tú piensas "¡Así que lo pasaste mal!", cuando se viene el "Y ¿qué ha sido de tu vida?" cuando te das cuenta de que no puedes mandarte una película de acción (o porno, según sea el caso) como la que te acaban de contar; que tu respuesta se resume sólo en un par de líneas, o incluso en un par de palabras. "¿Yo?" incrédulamente preguntas "nada... tranquila... aquí no más... chilin'"...¿¡"CHILLIN'"?!, ¡¿Qué cresta quieres decir con eso?! El problema es que ni tú lo sabes, pero es mejor que decir "No he hecho nada. Sólo he tenido repetidas citas con el prime time de Sony, del Warner y del HBO". O tal vez no mejor, pero por lo menos más bonito y cosmopolita.

Y bueno, por más triste que suene, a todos nos llega nuestro lapsus de absoluta pasividad. Algunos lo esconden, lo disfrazan o lo niegan de todas maneras. Yo no. Yo ya hice las pases con mi pasividad, quien tiene la misma personalidad de aquellas visitas que se instalan en tu living y no entienden una indirecta. Incluso, llega al punto en que se comporta como esos amigos de toda la vida que no tienen ni el menor pudor cuando de asaltar tu refrigerador se trata. Ha habido veranos que no han consistido en nada más que absoluta pasividad. Ese marzo en particular, fui una muy buena oyente.

Estoy en constante reposo; desafiando las leyes de la física y las costumbres de mi grupo etário. No me molesta. No me incomoda. Hay que disfrutarlo. ¿Cuántas veces rogaré por un período así en julio?

¿Quién necesita un Wild On cuando tengo mis hoyos negros supermasivos? mejor quedarse así... just chillin'.

Sunday, January 21, 2007

El tema del verano

Este es uno de los mejores comerciales que he visto en MUCHO tiempo. Es de la CTI Argentina; sonaba en todas las radios y aparecía en todos los cortos publicitarios de los canales trasandinos. Tanto me gustó, que apenas llegué, tuve que buscarlo en YouTube. Escuchen la canción, mueran de la risa y díganme si es que no tiene razón.

Me pregunto si habrá una versión MP3 para llevar en el pendrive...

Tuesday, January 16, 2007

Nuevas adquisiciones

Desde que llegué de Argentina que tenía ganas de escribir sobre una de las más grandes y placenteras adquisiciones que hice en ese país. Cualquiera podría inferir en que mi adquisición usa pilas y vibra, pero no; lo de grande y placentera, en este caso, va por otro lado.

Haciendo uso de la devaluación de la moneda argetina o el hecho de que, simplemente las disquerías argentinas no son un grupo de ladrones en cubierto que utiliza la pasión de los melómanos como estrategia de marketing (como lo hacen las disquerías chilenas), hice una ampliación a mi humilde discoteca con diez discos de los cuales les contaré a continuación.

1.- "Amor amarillo" de Gustavo Cerati: Con los precios argentinos, aproveché de reírme un poco y me dí el lujo de traerme la discografía completa de Cerati, partiendo por este disco. De aquí, yo sólo tenía conciencia de "Te llevo para que me lleves", que es un tema muy pop, muy lindo y muy lleno de amor. Pero después, escuchando todas las canciones, te das cuenta de que todo el disco es así: todo chorrea a amor, a Cecilia Amenábar (lo que incluye letras escritas por ella y una que otra colaboración), a un Cerati un poco menos soberbio y más enamorado. La diferencia se nota, y no es desagradable captar al ex-Soda en esta faceta más melosa.


2.- "Bocanada" de Cerati: Este es el primer disco solista de Cerati que conocí. Canciones como "Tabú", "Puente", "Artefacto" y, mi preferida, "Paseo Inmoral". Este es un muy buen disco, pero que se afirma, básicamente, en aquellas canciones que fueron lanzadas como singles. El resto no es lo que se dice mindblowing, pero ayuda y no te deja con un sabor amargo ni nada por el estilo. Este es otro nivel de Cerati; el Cerati que empieza a darse cuenta de que puede hacer cosas grandes sin Zeta ni Charly.




3.- "11 episodios sinfónicos" de Cerati con la Orquesta Sinfónica de Bs.As: El ego de Cerati (que puede ser un muy buen parámetro para medir su discografía solista), toma un nuevo concepto aquí. Cerati, con más de 50 músicos de la Orquesta Sinfónica de Bs.As., hace nuevas versiones de viejas canciones de Soda como "Canción animal" (¡NOTABLE!), "Un millón de años luz", "Persiana americana" y "Signos", aparte de tomar canciones suyas y llevarlas al nivel sinfónico. Es un disco lindo; de esos que hay que escuchar. Una muy buena compra.



4.- "Siempre es hoy" de (ahora sí termino) Cerati: Esta es la culminación de César Cerati. Como por algo así como un capricho, tomó bases electrónicas y se puso a hacer un disco que mezcla lo mejor del pop ceratiano que ya conocíamos, con beats y sintetizadores. Este disco es, junto al "Ahí vamos", definitivamente uno de mis favoritos. Me gusta que haya riesgos como "Casa" (que es una canción muy NO Cerati, pero que funciona) y la andina "Sulky"(que resulta ser una de las canciones más lindas de todo el disco). Mis adquisiciones de Cerati terminan aquí, porque el "Ahí vamos" ya figuraba entre mis recurrentes discos, así que así se completa todo.

5.- "Oh no" de OK Go!: Tuve que cambiar un disco previamente comprado para poder traerme este. Ok Go! es una banda que a mí me funciona, que tiene canciones pegajosas con letras pop, pero siempre con un riff de guitarra a la vuelta de la esquina. Lo bello de todo el asunto, es que no es un grupo pop con canciones obvias, de esas que puedes cantarlas incluso si es la primera vez que las escuchas, sino que están escritas de modo inteligente y tiene un dejo de sorpresa por sobre todo. ¿Canciones notables? "Do what you want" (lanzada como single), "Oh lately is so quiet" y "Maybe, this time". Nota curiosa: este disco tiene un último track que dura 34min. y algo más, y que no es una canción. Echen a volar la imaginación.


6.- "Inside in/inside out" de The Kooks: A estos tipos les tomó una sola canción para dejarme completamente enamorada de ellos. "She moves on her own way" fue uno de los grandes descubrimientos del año pasado; una canción cantable, bailable, caminable, saltable, etc. De todo mi gusto. Cuando vi el disco, era menester comprarlo, tenerlo y escucharlo una y otra vez. The Kooks tiene un sonido muy agradable, pop guitarreado y gritado; lo suficiente como para pasar por rock. Las letras son buenas, los ritmos también y el acento británico extremo de Luke Pritchard, su vocalista, resulta sencillamente delicioso. Se destacan la ya mencionada "She moves on her own way", "Seaside", "If only", "Ooh la", "Sofa Song" y una de mis favoritas "Jackie big tits".

7.- "Lenguage, sex, violence, other?" de Stereophonics: Hace tiempo escribí un post donde este disco figuraba dentro de mi wishlist. Bueno, después de haberlo escuchado mil veces en mi versión downloaded de BitComet, ahora está en mis manos como debería haber sido. Este disco de Stereophonics no es el mejor, pero no deja de ser interesante y agradable. Las reservas que le tengo, son con respecto a las letras. Kelly Jones escribe canciones que derepente tienen tanto sentido como la bolsa flotante de "American Beauty", pero que aún así no te pueden hacer sentido a tí. Hay canciones que se salvan, entre ellas "Dakota", "Lolita" y "Devil". ¿Me gusta? sí, me gusta mucho. Hay que conocer a los Stereophonics para poder aprciar este disco.

8.- "Live from Dakota" de Stereophonics: Ya, este disco es OTRA cosa. Como es posible deducir por el título, es un disco en vivo (doble) de un concierto de los Stereophonics en Dakota. Y filo, es otra cosa. Yo lo bajé antes de comprarlo y simplemente me encantó. Trae todo lo del "Lenguage, sex, violence, other?" más retacitos del "You gotta go there to come back", el "Performance and cocktails" y los trabajos anteriores. Bueno, muy bueno. De esos discos que pueden reemplazar años de estudio y fanatismo de una banda; que los escuchas y quedas listo para ser un fan que sabe.


9-. "Under the iron sea" de Keane: Estaba atravesada con este disco hace ya un tiempo. Keane hace música hermosa. Sólo eso. El "Hopes and fears" es un disco que te llega a la médula y, si lo escuchas con suficiente melancolía en la sangre, lo más probable es que quedes tirado en el suelo de tu pieza cuestionando tu existencia. "Under the iron sea" es menos denso, pero igualmente sensible. Es un disco lindísimo, que te permite derretirte en las letras de Tom Chaplin. Los singles de este album son notables, pero se destaca "Crystal ball" y, del resto, la hermosa "A bad dream". Para ser honesta, no lo he escuchado con la atención que me gustaría o la que se merece, pero en una escuchada superficial, resulta un disco lindísimo igual.

10.- "18 singles" de U2: Yo soy de lo que se dice, una nueva fan de U2. Vine a profundizar en esta banda hace sólo un par de años y me di cuenta de que me encantaba. Canciones como "Discoteque" y "Lemon" seguían dando vueltas en mi cabeza desde hace ya mucho tiempo, y afloraron hace poco tiempo atrás. Con los 18 singles, pasa lo mismo que pasa con el disco en vivo de Stereophonics: funciona como un curso intensivo para el fan poco experimentado. Aquí, todas las canciones resaltan, pero me llaman la atención "The Sweetest thing" (un single que no fue muy pescado, pero que a mí me encanta) y la canción nueva con Green Day "The saints are coming", que es defiitivamente más Green Day que U2, pero no desentona. Uno de mis discos favoritos de toda la colección.

Admito que habría comprado más, pero la plata se acaba y en BsAs, los discos no son lo único barato. Yo no lo veo como la oportunidad que perdí, sino como una de las razones más fuertes para tomar un avión de vuelta y recorrer denuevo esos 1800km.

Thursday, January 11, 2007

Nuestra propia Anna Nicole Smith

No pude resistirme. Tuve que escribir algo sobre esto, porque es algo que REALMENTE me supera. Ayer, con Simón y Sebastián veíamos TV, cuando eso del vouyerismo nos pegó un manotazo en la cabeza. No nos pudimos resistir a engrosar las filas de chilenos pegados al reality de los famosos de Chilevisión.

Ver a Anita Alvarado en su vida diaria, es el equivalente de tener una casa de vidrio en el patio de tu casa; a ver el choque más gore que se te pueda pasar por la cabeza, o a cualquier cosa de la cual simplemente no puedas dar vuelta la vista. A pesar de lo grotesco, de lo morbo y todas aquellas cosas.

Mientras veía a la ex-geisha chilena mientras trataba con sus hijos e iba al supermercado, me di cuenta que el show se asimilaba mucho a "The Anna Nicole Show"... guardando las proporciones del asunto, por supuesto. Era lo mismo: ver a esta estrella que salió a la luz por un evento de controversia que ya está más que muerto y sepultado (en el caso de Anna Nicole, literalmente), las dos mostraban su enorme y poco estético trasero a las cámaras indiscriminadamente, y las dos hablan deslenguadamente y con ese lenguaje que haría que el profesor Campusano se infartara en un dos por tres.

Viendo el programa, me di cuenta de que realmente, la plata mediática que se hace en este país, se hace en la utilización de la técnica morbo que nos hace incapaces de cambiar de canal. O sea, bien, no es un gran descubrimiento, pero es que esto era demasiado. Una cosa es ver cómo Pamela Díaz colapsa mientras organiza su matrimonio, y otra cosa es verle el poto celulítico a la Anita Alvarado. Son dos cosas MUY distintas y que, créanme, tienen un efecto MUY diferente en la sensibilidad del espectador.

Y no importa. La cosa es así hace ya más de un par de años y no somos muchos a los que nos molesta. De hecho, la gente a la que le molesta, simplemente no ve canales de la TV abierta ni compra LUN (como yo). Es así de simple. Mientras el modus operandi de los medios sea eso de "Pan y circo para el pueblo", creo que no tendremos más remedio que bancarnos a Pamela, a Paulina, a Raquel, a todo programa que tenga en su sigla una Q y, por supuesto, a Anita: nuestra propia Anna Nicole. Esa que nos hará reír, llorar, asquearnos, vernos al espejo y desembolsar plata para alimentar a esta máquina del showbiz criollo.

Monday, January 08, 2007

Vista desde la Cumbre (del Rock Chileno)

Por una de esas cosas que pasan en la vida, el hermano chico de un amigo se enfermó y dejó vacante su entrada para La Cumbre de Rock Chileno. Esto de la suerte me sonríe denuevo, cuando a eso de las 3pm del sábado, mi amigo me llama y me pregunta si es que quiero hacer uso de la susodicha entrada. ¿Y por qué no: concierto gratis, buena compañía, buenas bandas, momento histórico? no hay por dónde perderse. Partimos así a enfrentarnos con el increíble calor, una posible deshidratación y una muy probable fatiga luego de 8 horas de concierto. Para ser honesta, nunca fue para tanto. La música lo adormece todo; incluso el calor.


Entre chanchos enchulados, banderas del Ché y de Salvador Allende, la gente se reunió en el Estadio Nacional a eso de las 4pm. La cancha hervía y se empezaron a escuchar los primeros acordes. El line up comenzó con Leo Quinteros, a quien nadie presentó. Pasó sin pena ni gloria y con una sola canción. Luego llegó Golem, que aunque se dió el lujo de cantar dos canciones (entre ellas el single "No llores"), también pasó sin pena ni gloria y con medio Estadio Nacional preguntándose quiénes eran. En la misma tónica, apareció Go (50% de la separada agrupación Goda), Casino y Monik. Casino fue la primera banda que sacó algo de entusiasmo del público con la canción "En tus manos", conocida por ser la banda sonora de la película de Nicolás López, "Promedio Rojo" (que la debe haber visto Chile y medio). Monik, la chica OT, no movió nada; ni siquiera una mísera hormona masculina con el intento de falda que tenía puesto. Lo único que provocó con sus altos dignos de soprano del municipal, fue que muchos asistentes se taparan los oídos para evitar un eventual sangramiento del tímpano. Malo.
Es por artistas así (entiéndase bandas con un público más pequeño o selectivo) que yo proponía que el formato de la Cumbre, haya sido de festival de rock y no de concierto masivo, ya que la presencia de las bandas chicas en un principio, daba para que la gente que se interesaba sólo en los platos fuertes (que aparecían a eso de las 7 de la tarde), llegara más tarde para capear todo lo que no les gustaba. Ahora, esto les quita la oportunidad a estos grupos de ser escuchados aunque sea a la pasada por un muy considerable número de gente, lo cual es una lástima, porque banda chica no es equivalente a banda penca. El problema con mi proposición, es la logística de espacio. Para el formato de festival, deberíamos haber contado con un espacio mucho más grande que haya evitado la acoplación de sonido, y ya que no contamos con espacio de estas proporciones en un lugar de fácil acceso, esto nos lleva a otro problema, que sería el tema de la convocatoria: mientras más difícil llegar, menos gente va al concierto. Así somos los chilenos.

En fin, luego de Monik, la cosa comenzó a moverse más. Los Miserables hicieron que, por primera vez, el Nacional comenzara a saltar. Hasta yo, que me considero una opositora a la música de esta agrupación, comencé a saltar, porque lo que entregaban Los Miserables, era una energía contagiosa que llenó todo el estadio. Ellos abrieron el segmento más pesado de la jornada, y a eso de las 5pm, salieron Farenheit, Dorso y Panzer; para ese entonces, ya todos nos creíamos trashers. Luego salió Gufi que también hizo lo suyo haciendo saltar al Nacional, a pesar de que la presentación no fue sobresaliente. Luego de Gufi, las cosas se pusieron buenas: Los Mox!, haciendo un mix de sus éxitos, hicieron que todo el estadio se declarara Boy Scout.


Luego de Los Mox!, hubo otro espacio de transición donde se presentaron De Saloon y Anita Tijoux. De Saloon: bueno, pero no sobresaliente. Las bandas de este estilo no hicieron mucho revuelo, creo yo, porque son para otro contexto. Me da la impresión de que una canción de De Saloon en un recinto más chico y acústico, me movería 3 veces más hormonas que en un Estadio Nacional a pleno sol y con 30 y tantos grados de calor. Esto se aplica también a Golem y Casino. No es malo, pero tampoco sobresaliente. Anita Tijoux, fue una lástima. La ex vocalista de Makiza, ha sido una artista que ha hecho de qué hablar en el último tiempo. Se sabe de sobra que es una cantante muy buena y que su último trabajo también es bastante sobresaliente; pero su presentación en la Cumbre, no la notó nadie. Primero, las cosas fueron mal por un tema de mal sonido que opacó toda su única canción. Luego de eso, y sin un "gracias" de por medio, Anita dejó el escenario y nadie nunca más supo de ella. Sin embargo, ella sería sólo el comienzo. El primer caído (entiéndase caído MUY caído), fue Francisco González, el ex baterista de Lucybell, quien fue a la Cumbre a presentar su segundo trabajo solista "Mi propia luz". González empezó mal: se tomó preciados segundos de música para mandarse un discurso que nadie pidió, acerca de cómo estabamos haciendo historia en esa jornada. Creo que ese discurso lo escuché más de 10 veces más, pero González simplemente no supo hacerlo. Con una pinta de rock star en auge que no se la creía ni él, el ex Lucybell tocó una canción desconocida que nadie coreó, para después rematar con la decepcionante "Tú", que debe ser una de las peores canciones del año. La presentación de Francisco González, nos dejó a todos con una misma sensación: Puta que se las jugó mal saliendo de Lucybell.

Luego del fiasco de Francisco González, la cosa se puso buena con Tiro de gracia y C-Funk. Tiro de Gracia se mandó clásicos como "Viaje sin rumbo" y "Cuando el juego se hace verdadero", esta última en una versión bastante distorsionada, pero no por eso menos buena. C-Funk tocó uno de sus propios temas que no movió mucho al público; la diferencia es que él sí supo hacerla y remató su presentación con un tema de su antigua agrupación, Los Tetas, "Cha, cha, cha".

Difuntos Correa hizo bailar denuevo al público con sus temas archiconocidos como "Black dancing" y "Pasaje en avión", y remató su presentación con una versión del himno nacional que fue coreada por todo el público (incluyendo los esporádicos "revolución"). Notable momento de la jornada. Seguiendo a los Difuntos, salieron al escenario Javiera y los Imposibles. Muy buena presentación que, personalmente me gocé mucho, con temas como "Humedad" y "Compromiso".


Siguiendo a Javiera Parra, entró Quique Neira, que llenó el Estadio con reggae y olor a ganja. A Quique Neira no hay nada que hacerle: a mí no me gusta para nada el reggae, pero él es un muy buen músico y su actuación fue impecable. Incluso cuando deseó a todos los asistentes un año de cosas buenas y "hartos de los verdes; sin semillas si es posible", por lo que fue ovasionado por la multitud.

Aquí el line up se pone medio turbio, porque ni Gonzálo Yáñez (raro: un cantante uruguayo en la Cumbre del Rock Chileno), ni Saiko ni Sinergia, salieron en el orden que les correspondía salir. Sin embargo, los mencionaré por separado, ya que créanme que no tengo ni la más remota idea de cuándo salieron. Gonzálo Yáñez, fue... raro. Todo el mundo levantó una ceja cuando salió al escenario, y a pesar de que no hubo pifias ni nada por el estilo, tampoco hubo gloria para el único extranjero de la jornada. La presentación de Saiko fue remarcada, ya que era una de las últimas de la agrupación. Tocaron temas que, a mi parecer, no fueron muy bien escogidos; lentos como "Lo que mereces", "Cuando miro en tus ojos" y "Limito con el sol". Estuvo buena, pero la pasada de Saiko por el escenario será más recordada por peto mínimo de Denisse Malebrán, que por la presentación musical de la banda. Sinergia fue OTRA cosa. Definitivamente uno de los highlights del evento. Comenzaron su repertorio con "Síndrome Camboya", siguiendo con "Mi señora" y "Te enojai por todo". No hubo un solo momento en que el público dejara de cantar, saltar y aplaudir. Eso sí que es un momento rock.

Siguiendo el horario original, estuvieron Claudio Narea, Congreso y Aguaturbia. Claudio Narea estuvo bien, pero sin ningún momento destacable. Obviamente que no iba a tocar ningún tema de Los Prisioneros, una por orgullo y dos porque Jorge González ya era el encargado de esa parte. De Congreso no hay nada mucho que decir, o al menos que yo pueda decir. Más allá de que son una agrupación muy relevante en nuestra historia musical y que son reconocidos mundialmente, no tengo más referencias de ellos. Estuvo bueno, pero no hay nada más que pueda decir del asunto. A Aguaturbia (grupo que escuchaba mi viejo cuando cabía en pantalones talla 40 y usaba protuberantes patillas), yo no los había escuchado ni en pelea de perros. Ahora, este grupo es 70's a full. La vocalista de Aguaturbia, Denisse, no sólo tiene la facha, sino que también la potencia de voz que tenía Janis Joplin en sus buenos años. En la Cumbre, la coronaron la indiscutida mater del rock chileno, título que tiene más que merecido con esa voz increíble que tiene.

Ya eran las 8pm y se vino el momento ochentero de la jornada: Aparato Raro, Emociones Clandestinas, Viena, Valija Diplomatica, Upa!, Aterrizaje Forzoso y Sexual Democracia. El público se relajó bastante en este intervalo, que no estuvo malo (especialmente para aquellos con más años, que se la gozaron muchísimo), pero que obviamente, por el promedio etário del público, no movió tanto.

Después del flashback a los 80's, se vino el plato fuerte. Abrieron este espacio Los Bunkers, que terminaron de consagrarse como los ídolos pop chilenos del momento. Todo el Nacional coreaba temas como "Llueve sobre la ciudad", "Miño", "No me hables de sufrir" y "Ven aquí". Buenísimo, muy bueno. Le siguió a Los Bunkers, Nicole, que abrió con el tema de la banda sonora de "Se arrienda", "No me confundas", siguió con el clásico "Despiértame", siguió con "Dame luz" (tema MUY inesperado) y remató con una versión acústica de "Noche". Luego, para hacer un momento emotivo en la jornada, llamó al escenario a Denisse, Monik, Javiera Parra y a Juanita Parra para rendirle homenaje a Violeta Parra (las cosas se quedan en familia, ¿no?). El momento resultó muy bien, salvo algunos problemas de audio, pero fue un momento para recordar.

A Nicole la siguió Jorge González, y es aquí donde me detengo. El ex líder de Los Prisioneros, se subió al escenario con nada más que una guitarra eléctrica, un amplificador (prestado por Los Bunkers, a quienes luego agradeció) y una radio con un cassette con bases pre grabadas. Los crudos acordes de González le decían al público que era hora de corear "Paramar", cosa que, obviamente, todo el Nacional hizo. Le siguió "Tren al Sur", "Corazones rojos", "Por qué no se van" y terminó con el siempre inolvidable "Baile de los que sobran". Sencillo y hasta rústico, pero llegó a todos y a cada uno de los asistentes. Momento más que emotivo e inolvidable del histórico evento.
A González le siguió Lucybell, que a mi gusto fue un fiasco. A Claudio Valenzuela se le notaba ido, completamente volado. Los conocidos arreglos vocales espontáneos que el líder de la banda suele hacerle a las canciones en sus presentaciones en vivo, esta vez no sólo distorsionaron los temas de la banda, sino que los desmantelaron. Era imposible seguir a Valenzuela y la mística de Lucybell se perdió por completo. Definitivamente, y a mi parecer, una de las peores presentaciones de toda la jornada.

A Lucybell le siguieron Los Jaivas, que como ya es costumbre, emocionaron a todos los asistentes con sus eternos clásicos y su disco "Las alturas de Machu Pichu". Entre los temas emocionantes, se encuentra la canción "Mira niñita", que tuvo a toda la galería con encendedores, celulares y tubitos luminosos oscilando al compás. Como era predecible, cerraron su presentación con el tema "Todos juntos", que obviamente, coreó todo el mundo. Un imprescindible de este evento y una agrupación que es indiscutida en cuanto a calidad.

Después de Los Jaivas, llego lo que toda la comunidad marrana había estado esperando. Vestidos de los padres de la patria, los Chancho en Piedra la rompieron en la Cumbre abriendo su repertorio con "Eligiendo a una reina", siguiendo con temas como "Pobre ricachón" y "Volantín". Los Chancho tocaron bien y demostraron por qué tienen una base tan sólida de fanáticos por todo Chile. Lo único un tanto cuestionable de su actuación, fue el hecho de que su repertorio no fue hecho en un sentido de "grandes éxitos" como lo habían sido los artistas previos, sino que se enfocaron en su trabajo más reciente siendo "Eligiendo una reina" y "Volantín", sus únicas excepciones. Para los fanáticos, una presentación impecable; para el resto, una presentación buena pero que no dió todo lo que prometía.

El broche de oro lo hizo una banda más que consagrada tanto en Chile como en el resto del mundo. Vía satélite, Beto Cuevas puso su granito de arena a la jornada presentando a una de las mejores (si es que no la mejor) banda chilena: Los Tres. La agrupación de Álvaro Henriquez comenzó su presentación con una canción que nadie se imaginaba, "La Torre de Babel", a la que le siguieron temas como "Tírate", "Hojas de té", "Quien es la que viene ahí", "He barrido el sol", "La espada y la pared", "Olor a gas" y una versión en conjunto con Javiera Parra de "Te amo tanto". Simplemente buenísimo.
Siempre con un tilde político, La Cumbre del Rock Chileno fue un evento que marcará los libros de la historia musical chilena. La producción estuvo, en general, muy buena (sin contar el incidente en la galería y los eventuales desperfectos de audio) y dejan, en todo caso, un balance positivo. La Cumbre no tuvo nada que envidiarle a los festivales internacionales, tanto en la calidad de los artistas como en la producción misma del evento. Con esta jornada del sábado 6 de enero del 2007, dejamos en claro que no sólo tenemos música, sino que tenemos buena música; muy buena música. Creo que ha llegado un momento, donde nos estamos dando cuenta que no todo lo que hacemos es malo, y que las buenas bandas no sólo salen de Inglaterra o EEUU. El rock chileno se la puede, y con creces; porque no es solamente rock, sino que es rock del bueno.
¡Viva Chile, mierda!

Saturday, January 06, 2007

BsAs

En el momento en que los cerros se extinguen y comienza ese llano de tierra, te das cuenta que no estás en casa. Miras hacia abajo, olvidando ese insurgente vértigo, y ves cómo todo a tus pies se extiende hasta el infinito. Ves carreteras trazadas como líneas en un plano cartesiano, rectas y perfectas como no las hay a tu lado de la cordillera; terrenos delimitados que forman el patrón de un tapete turco, y todo plano... no como en el valle de donde saliste.

Buenos Aires es un lugar que queda a 1.800km de Santiago y sólo a una hora y media de vuelo en avión. Es un lugar que se siente tan cerca, pero a la vez está tan lejos... y no sólo en sentido geográfico. La gente es tan igual pero tan distinta; mucho más cálida o tal vez con menos pudor que a este lado del cordón montañoso. No, no "tal vez": la falta de pudor es un hecho. Me parece que la gente allá es más relajada y distendida, menos estresada, más alegre... es tan diferente pero tan igual a la vez.

Con un par de días me pude dar cuenta que el mito del argentino quebrado y altanero, es sólo un mito; una visión que nos inventamos los chilenos para poder justificar esa aversión que le tenemos a los vecinos inmediatos. Los argentinos distan años luz del prototipo caricaturezco que tienen a este lado de la cordillera. Son de aquellas personas que no tienen ningún problema en saludarte y empezar una conversación, en preguntarte cómo estás y en darte toda la información necesaria (y algo más) cuando se las pides. Ahora, tanto como en Chile aún existe gente retrógrada que jura estamos en una carrera de universal índole con los argentinos, en Argentina pasa lo mismo, pero son los menos. La gran mayoría son tipos tranquilos que viven su vida lo más normal y relajadamente posible, que se dan una vuelta en las noches en busca de una cerveza y una buena canción de los Stones.

Y es que en Argentina, los Stones no son sólo una banda de rock, sino que el centro gravitatorio de un culto urbano. Los Stones en el país de al lado, están en todas partes: rayan cualquier pared en forma de stencil, riéndose de los transehúntes con la lengua afuera, decoran cascos y poleras de gente que ni siquiera sabe hablar inglés, y conforman algo así como el soundtrack oficial del pueblo trasandino.

Es ese mismo pueblo el que se reúne con frecuencia en la Plaza de Mayo. Razones no faltan. El pueblo argentino es un pueblo que clama justicia, que protesta por los derechos humanos y por igualdad. El pueblo argentino es un pueblo que viene de vuelta de una guerra interna, que no quiere más que reestablecerse y vivir esos días de esplendor que alguna vez vivió y en los cuales se fundaron esas vetas de arrogancia que tiñen la fama trasandina.

Buenos Aires es una ciudad que, como toda ciudad, se conoce mejor de noche y a pie; si es posible, con caminatas a altas horas de la madrugada. Baires tiene un encanto especial de noche, cuando las luces se encienden y los extranjeros se toman las veredas en busca de un lugar donde esperar el amanecer. Porque la vida no se detiene. Porque el día es igual que la noche, sólo gasta más electricidad. Eso es todo.

Baires es dintinto. Es una ciudad encantadora, con gente hermosa caminando por ambos lados de la calle; es una ciudad donde las viejitas del omnibus se ríen y conversan contigo, donde las bermas son una pista más y la basura es tan común como el aire. Un lugar donde hay una familia entera pasando la noche sobre un cartón a la entrada del edificio donde el valet le trae el jeep BMW al gerente. Una ciudad de pésimos conductores, de metros antiguos, de clima cálido y sofocantemente húmedo; una ciudad que huele a cuero, café, tabaco y medialunas; donde los edificios cantan a viva voz "I can't get no satisfaction" o se conmueven con un tango. En Baires sólo llueve en las veredas y a solitarias gotas. Para ver más hay que esperar a la noche, cuando Dios (o Maradona, según de qué lado del cordón montañoso sean), te tira un balde de agua en la cabeza.

Baires es delirante. Embriagante. Encantadora.

Gustosa volvería a acostumbrarme a ese sistema civilizado de buses, a los zancudos y a ese mortífero calor, sólo por ver denuevo el amanecer en una calle vacía y con esa ciudad de fondo.