Saturday, April 28, 2007

Cuarto Poder

Bajo la iniciativa de don Ignacio Chehade (estudiante compañero de periodismo de la PUC), se creó el colectivo Cuarto Poder. Se pretende hacer un espacio donde se hable de todo, desde películas, música, política, tecnología, hasta la nunca mal ponderada farándula. Somos hartos de 2do año de periodismo que estamos escribiendo ahí, algunos de los cuales se pueden encontrar en los links de al lado. Parece que va a estar bueno, así que vayan chequeándolo.

En lo que a mí respecta, a esta humilde servidora la dejaron encargada de la sección de música y esta semana escribí sobre el nuevo video de la gran neo revelación del pop chileno: Francisca Valenzuela. Véanlo, lean y comenten.

Lo que es yo, vengo saliendo de una sequía creativa dada por un stress macro producido por la universidad. ¿Han tenido de esas semanas en que realmente se piensa que las fuerzas del universo se pusieron de acuerdo para ponerte los nervios de punta? Bueno, la semana pasada fue así para mí y pensé que en cualquier momento iba a estallar. Además, estos cambios de clima están haciendo estragos con mi sistema inmunológic y estoy lo más resfriada que he estado en mucho tiempo. Sumando y sumando, pude llegar a la conclusión de que esta semana, no fue mi semana. Pero ya está a punto de pasar por completo y la próxima comienza de la mejor forma en que puede hacerlo: un sandwhich. Gracias a Dios por los martes feriados.

Wednesday, April 18, 2007

Vive Latino: donde las papas queman y la ganja es más fuerte

En aquellos momentos cuando debería haber invertido mi tiempo estudio potencialmente fructífero, hice caso omiso a todo grito de mi conciencia que me ordenaba volver a sumergirme en textos y partí sola al festival Vive Latino. La curiosidad no me venía tanto por el hecho de ver a los artistas (muchos de los cuales, yo ya había visto en vivo en la Cumbre del Rock Chileno y demáses), sino por el hecho de experimentar por primera vez el formato de festival de rock en Chile. Nunca antes se había traído a nuestros queridos paisajes santiaguinos un festival que contara con más de un escenario y toda la parafernalia de marketing que conllevan los festivales propiamente tales.

Cuando llegué al Club Hípico, me di cuenta que eso de festival de rock primer-mundista, era hecho a la chilena: bien a medias. A pesar de tener los tres escenarios y el line up hecho acorde a una jerarquía de arrastre de público (estaba el escenario mayor, el escenario medianito, pero de calidad, y el escenario chico donde se presentaron chorrocientas bandas, 90% de ellas desconocidas y con un promedio de tiempo de show de 15min.), el festival no se explotó todo lo que podría haberse explotado. Sin embargo, para ser nuestro primer experimento de semejante índole, creo que estuvo bastante bien. El próximo paso, será traer a bandas más grandes, alargar los festivales no a un día, sino a un fin de semana y multiplicar por tres todo el marketing que hubo.

Vamos el show en sí. Por los mismos deberes universitarios que me gritaban en la cabeza e insitaban a mi conciencia a hacer algo para que volviera a estudiar, me perdí toda la mañana y casi toda la tarde del festival. En esta posición, es más que obvio hacerse una idea muy general, pero por lo menos pude atender a varios de los platos fuertes de la jornada, que son justamente los que la hacen memorable. El primer show que vi, fue lo de Teleradio Donoso. Yo no los había escuchado ni de nombre, así que me quedé un tanto metida. Resultó entretenido y me gustaron harto. Obviamente, el gustito no duró mucho, ya que ellos se presentaron en el escenario blanco (el pequeño marginado), y se escucharon dos o tres temas que, por lo demás, me quedaron rondando un poco la cabeza. Luego, vi a Divididos para empezar a tomar posiciones para ver a Los Tres. A Divididos los conocía porque un amigo me habló de ellos y me los recomendó harto. Creo que conocía una sola canción, pero es irrelevante. Su show estuvo bastante sólido: el sonido impecable, el baterista simplemente se robaba el protagonismo del frontman y el bajo te retumbaba en el estómago. Me gustó harto en el sentido de la ejecución. Eso. Luego vinieron Los Tres. Lamentablemente, esta vez Los Tres me dejaron con un gusto amargo: un show MUY repetitivo y muy parecido de lo que ya habían mostrado en la Cumbre. El sonido estuvo muy malo y, obviamente, la falta de variación en el repertorio hizo todo muy "been there, done that". Pero bueno, son Los Tres y dentro de eso, no hay show del todo malo. El trío cerró su presentación con una versión de "Déjate caer" con los mexicanos de Zoé como invitados. Pese a los variados desperfectos técnicos, los músicos terminaron con varios minutos de música pseudo improvisada que le voló la mente a los asistentes. Definitivamente, la nota alta del show.

Y los grandes. Luego de ver a Los Tres, me fui bien rápido al escenario principal para poder ubicarme y ver a Babasónicos. Para cuando entré en la masa, aún estaban tocando Los Jaivas de los cuales no se puede decir nada más que "impecable". Yo no soy mucho de esa música, pero es imposible no hacer un trotecito loco cuando tocan "Todos juntos" (broche de oro de sus presentaciones por antonomasia). Cuando terminaron, la masa se movió. Hay que aclarar que a Babasónicos hay que verlos en la vanguardia: bien adelante, donde las papas queman y el olor a ganja te llena las fosas nasales; siempre tratando de estar lo más cerca de Adrián Dargelos. 30 minutos después de la hora de inicio del show, según el muy útil programa que recogí del suelo del Club Hípico, Babasónicos aún no había comenzado. Se podían oír a los fans de Keane impacientes por terminar luego el trámite y ver a Tom Chaplin, pero cuando por fin salió el grupo argentino, a todos se nos olvidó la hora. El show de Babasónicos es lo que yo llamo un show entretenido, tanto musical como visualmente. Y no tanto porque traigan mucha parafernalia ni nada por el estilo (la mayor parafernalia son los atuendos de Dargelos: un bolero de lentejuelas azules y pantalones blancos apretados y con cintas azules en las piernas... Rafaella Carrá estaría orgullosa), sino porque las canciones son muy dinámicas, el sonido esta vez los acompañó mucho. Y bueno, el vocalista es un espectáculo en sí. Me gusta pensar que Dargelos es algo así como un Mick Jagger sudaca; es decir, el tipo que no tiene pinta porque no es para nada guapo, pero que cuando sale al escenario, toma su micrófono y empieza a contorsionarse (como sólo él y Mick saben hacerlo), se convierte en un tipo totalmente irresistible y que, cuando hace contacto visual con cualquier fémina del público, ésta no tiene más remedio que reventar en un chillido histérico cual groupie (me incluyo en esta última descripción)

Ya muy tarde y luego de adornar el escenario como un video de Justin Timberlake, con más de media hora de atraso, salió el invitado especial y postre de todo el festival Vive Latino: Keane. Por ser el último show, toda la gente se conglomeró en ése escenario y demás está decir que no faltaron los empujones. Para una que estaba adelante previamente, la filosofía era a lo N.E.R.D, "fly or die": o te movías con la masa o simplemente eras aplastado por ella. Fue así que, sin mi deliberada intención y sin mis quejas, quedé en una posición más que privilegiada para ver al trío británico que visitaba por primera vez nuestro país. A Keane, hay que darle crédito. Tienen un sonido INCREÍBLE; realmente tienen un espectáculo en vivo que te deja marcando ocupado y que te envuelve totalmente. Tom Chaplin aprovechó todo el escenario y la poca distancia que tenía con el público para interactuar con él a través de todo el show. También, nos sorprendió a todos con la interpretación de "Your eyes open" del "Hopes and Fears", sólo con una guitarra acústica (ojo que Keane es conocido por no usar guitarras). Aparte de ser un momento de sorpresa, también tuvo su chascarro de por medio cuando Chaplin, en medio de la canción, tuvo problemas para cambiar de acorde. El público, antes advertido por el vocalista, respondió con una risa y con una ovación. La banda, a lo largo de su presentación, recorrió canciones del "Under the iron sea" y las intercalaron con una revisión a su anterior trabajo.


Quedé satisfecha del Vive Latino, más que por las presentaciones y lo bien que lo pasé, por el hecho de que nos estamos arriesgando a crear una cultura concertera propia. Se están dando los primeros pasos para poder adaptar al público chileno a eventos musicales masivos donde no sólo se vaya a servir el plato de porotos, sino todo el aperitivo y las degustaciones previas. Si logramos esto, habrá mucho más espacio de exposición para bandas más emergentes y desconocidas. Reitero el llamado a apreciar la música que tenemos en esta parte del continente y, sobre todo, a celebrar el rock que tenemos en Chile.

Para mí, el Vive Latino fue un balance positivo. Definitivamente, espero que no sea el primero y el último que pase por estos rumbos.

Y la próxima vez, iré el día completo; lo juro.

Monday, April 09, 2007

Desconocida

Hace un rato me miré al espejo y no me reconocí. Me miré extrañada, buscando alguna característica familiar, pero no encontré nada más que a una chica extraña mirándome de vuelta. Ella tenía el pelo negro y amarrado igual que yo, pero era pálida, tenía los ojos entrecerrados y una espinilla sobre el labio. Me miraba con los ojos pequeños de cansancio o tal vez de preocupación. Yo creo que era preocupación. Me imaginé mil cosas acerca de esa extraña que me miraba como si se estuviera preguntando por qué la miraba tan detenidamente. Me imaginé que su preocupación era grande, que había algo que no la dejaba cerrar los párpados en esos contados minutos antes de dormir; que había algo en su cabeza que no la dejaba en paz. Tal vez no estaba preocupada, sino sólo irritada por aquella imaginaria razón. Y tal vez algo haya cambiado en ella. Quién sabe...

Después de un rato, me di cuenta que la chica me seguía mirando. Seguía con los ojos entrecerrados, las pupilas contraídas, el pelo amarrado. Tal vez trataba de reconocerme de algún lado; tal vaz hayamos coincidido en alguna fiesta, en un vagón de metro; tal vez teníamos un pasado en común. ¿Por qué no lograba reconocerme?, ¿por qué me veía tan diferente, tan cansada?

¿Será el cambio, la adrenalina, las endorfinas, el stress, el insomnio... la felicidad? Quién sabe...

La chica me seguía mirando. Derepente, y sin aviso, se dio por vencida, bajó la cabeza y se fue fuera de mi vista.

Thursday, April 05, 2007

Gwen Stefani - Sweet Escape

Bajé esta canción anoche y estoy rayando papa; aunque vale la pena decir que siempre he rayado la papa con cualquier cosa concerniente a la gran Gwen Stefani (role model, all the way!!). Dentro del último disco, esta es la canción que más me gusta. Me costó un poco comprarme el video temático de "The sound of music", pero igual es valorado. Y bueno... aquí todo es tan platinado como el rubio pelo de la esposa del delicioso Gavin Rossdale. Buenísimo. Destacable el "aporte-picaporte" de Akon: ¿cuánto le habrán pagado por esos "Whohoe, whihoo"?

Especímenes académicos

Una de las cosas más agradables con las que me he encontrado en la universidad, es la escasa jerarquía que existe entre ciertos profesores y los alumnos. En el colegio, siempre estaba ese profesor que te exigía esa distacia que hacía todo "más profesional"; los que te miraban raro cuando uno los trataba de tú o los que no te pescaban a menos que utilizaras el "señor" o "señora" antes de su nombre. Eso a mí me colapsaba, más aún porque esa no era la regla general en mi colegio. Y bueno, ya que no está esa distancia entre el profesor y el pobre alumno (en la mayoría de los casos; nunca falta el profesor con un ego sobre dimensionado que entre la bibliografía de su ramo tiene la mitad de sus libros y siempre te mira hacia abajo), se da un tipo de profesor que a mí me llama personalmente la atención: el profe partner. El profesor partner universitario, es aquél profesor choro que te habla en jerga sacada de un reportaje de la revista "El Sábado" sobre el nuevo léxico de los jóvenes hoy en día (o una de las tantas ediciones de "Informe especial" sobre el carrete universitario), es bueno para la talla y tiene un ansias por carretear contigo.

El semestre pasado me tocó una profe así, con la cual una amiga y yo nos tomamos un par de cafecitos acompañados por un cigarro, y con quien aún tenemos una salida a comer chorrillanas pendiente. Irónico dado que yo no como chorrillanas, pero bueno... me entienden la idea. Este semestre, también tuve la oportunidad de conocer a otro integrante de esta fauna académica, curiosamente, en mi teológico. Cuando por primera vez oí al señor haciendo clases (que fue a eso de la tercera clase o algo por el estilo), lo primero que dije fue "ya, este tipo es viejo choro; no es cura -al menos no lo parece- y parece tener un mínimo de visión contemporánea del asunto. Bien por mí". Y bueno, esa visión siguió hasta el día en que el señor comenzó a mandar mails bajo un pseudónimo digno de blog alternativo/poético y con hablando de sí mismo en tercera persona. Freak. Viejo que raya la papa. Bien por él... supongo. Ahora, el viejo lolo me superó cuando, en una de esas llegadas tarde a clases (fui a comprar desayuno porque mi casa estaba desavastecida. Larga historia, se las cuento después), encuentro al señor organizando con todo el curso (agenda en mano), la "chelatón" del ramo. Se fijó la fecha para la próxima semana. No tengo idea cuál es el punto de hacer una chelatón, pero el punto sino que es lo bizarro de ir a tomarte una chela con el mismo tipo que te habla de Jesús y te evalúa por ello.

Lo bueno de tener un profesor así, es que uno puede darse ciertas libertades, no sólo cuando de hablarle se trata, sino que también con los trabajos. Es así que, para un trabajo en que el cual teníamos que explicarle qué esperabamos del ramo y por qué estabamos ahí, yo le respondí lo siguiente:

"Si digo que estoy aquí porque hubo algo en el nombre del curso que me cautivó, estaría mintiendo. Si digo que tengo un interés especial por la Biblia de Jesús que quiero satisfacer con este ramo, estaría equivocada. Si digo que estoy aquí porque me obligaron, también estaría faltando a la verdad. Y es que, en realidad, el que yo optara por tomar un teológico tiene tres razones distintas, que no tienen nada que ver con mi nivel de fe (si es que algo tan abstracto como la fe fuera cuantificable. Y ahora que lo pienso, no, no es cuantificable, simplemente se tiene o no se tiene, pero eso no viene al caso). Mi opción por este teológico, guarda relación con el hecho de que, por haber escogido esta universidad (la Pontificia Universidad Católica, a la que pertenezco con mucho orgullo), debo cursar por obligación un ramo que tenga que ver con la religión católica o la religión en general en algún semestre de mi carrera. Eso para empezar.
Como segundo motivo, esgrimo algo así como “mejor hacer esto y salir del cacho rápidamente”. Hacer el teológico este semestre, me liberaría de tener que estar preocupada por tomarlo en el tiempo que me queda en la carrera. Esto me da la opción de tomar otros ramos electivos que puedan ayudarme con el minor que pretendo sacar (el cartón de periodista hoy en día es tan válido como un boleto de Kino), y ¿por qué no?, satisfacer mi propia curiosidad.
Con estas dos razones ya expuestas, hay una última cosa que vale la pena dejar en claro. Las razones que planteé en los párrafos anteriores, no tienen mucho que ver en el porqué elegí este teológico en particular, sino que explicar más bien el porqué de elegir un teológico del todo. Ahora, esto último se explica con una consideración muy simple: este teológico era el único que satisfacía tanto mis necesidades con respecto a la locación y el horario. Al principio, tomé un teológico de nombre bastante interesante, pero que se imparte en Campus Oriente y un módulo después de mi clase anterior en San Joaquín (un deportivo). A pesar de que esa hora y media entre clase y clase me dejaba tiempo más que suficiente para hacer el traslado, algo truncó mis planes. Ese algo, se llama Transantiago. Gracias al Transantiago, me ha sido imposible encontrar una forma de irme a Campus Oriente sin temer llegar a alguna periférica de Santiago en el intento. Además de tener otras razones incorporadas en la decisión de permutar el ramo (como el hecho de que el ramo anterior requería de claros conocimientos previos que yo no poseía), ésta fue suficiente como para meterme a la página de la universidad y buscar una opción un tanto más viable. Así fue que encontré este ramo, que no sólo se complementaba a la perfección con mi horario, sino que tenía a amigos míos inscritos en la lista. Y dicen que el sueño del pibe no existe.
Ahora, lo único que queda es esperar que el ramo no tenga las ideas absolutistas sobre la religión que tenían ciertos profesores de teología en el colegio, que aporte algo al crecimiento de mi fe y mi nunca bien ponderado intelecto, y que me haga pensar que catorce años en un colegio católico no fueron en vano.

Por su atención, muchas gracias."

Les cuento qué tan lolo es el profe cuando me pasen el trabajo... o cuando me vaya a tomar una chela con él.