Sunday, October 21, 2007

Miedo de ausencia. Miedo de presencia.

El miedo es cansador. Desgastante. Agotador. Asfixiante.

Ya no recuerdo la última vez en que pasó el tiempo sin tener a este terror incipiente respirando detrás de mi hombro, con ese aliento tibio y húmedo chocando donde mi cuello se junta con mi espalda. Ya no puedo recordar la última vez en que, tratando de dormir, la pieza se hacía más pequeña y el miedo invadía mis sábanas.

Cuando chica, era el miedo de que, sin ningún aviso, un alien al estilo "Señales", irrumpiera mi pieza pintada de un lila horrible y... no sé a qué le tenía miedo. Tal vez a que me abdujera, a que me abriera y me estudiara como a una rata de laboratorio; a que me asustara al más puro estilo peak-a-boo, etc, etc, pero eso era irrelevante: la paranoia estaba ahí. Más de alguna otra vez lloré soñando despierta con que alguien moría. De preferencia mi hermana o mi mamá. Imaginaba un funeral, lo que diría a modo de discurso... y es raro, porque yo no me caracterizo por tenerle miedo a la muerte.

Sin embargo, ahora el peor miedo no es a la muerte, sino a la propia vida. Y es que dicen que todo el posible y son comentarios así los que no evitan que me persiga más y más con el asunto. Yo por esto me negaba a crecer. Yo se los dije; les dije que esto no iba a ser lindo, pero nadie me escuchó. Ni yo misma. Y es que es un precio que siempre estamos dispuestos a pagar, excepto cuando te están cobrando. Ahí, todo es terrible. Comienzas a sacar cuentas, a sumar boletas, a buscar comprobantes, cualquier cosa que resulte una prueba tácita de tu inocencia. Pero ya es tarde para gritar por un poco de clemencia, ya estás jugando y no puedes echarte para atrás.

¿No te gustó rogar al cielo por crecer cuando eras pequeño? bienvenido al mundo: este es un lugar donde las cuentas se pagan y, de vez en cuando, debes pagar las cuentas de otros o, peor aún, tomar el castigo por el no pago del resto. Es un lugar bonito en la técnica, pero un campo minado en la práctica. Deja tus zapatos en la entrada, ponte tu casco, deja tus sueños y tu inocencia en esta caja y te serán devueltos a la salida.

Enjoy the ride. Enjoy the fear.

Friday, October 12, 2007

Mi Ipod y yo

El encierro tiene a mi mamá como leona en un zoológico con bajo presupuesto. Mi vieja es una de esas señoras que añoran libertad, que no soportan estar mucho tiempo sin salir de la casa y a las cuales las tareas domésticas les resultan un agobio. Mi mamá es lo que se llama "nanadependiente" y, lo más gracioso de todo, es que no tenemos nana en mi casa. En vez de eso, y luego de numerosas y terribles experiencias con profesionales del servicio, mi madre optó por contratar a alguien tres veces a la semana para cuidar a mi hermana chica (y todo lo que eso conlleva), lo que a ella le da tiempo suficiente par recorrer malls, tomarse un café con sus amiguis o hacer todas esas cosas que las mamás fans de Pilar Sordo hacen.

Sin embargo, la desesperación de mi madre ha hecho que esta señora (la "pseudo" nana, por ponerle algún nombre), tenga la oportunidad de ponerse en una posición comercial más que cómoda para ella, la cual le permite de cierta manera, faltar sin previo aviso. Y no es que haya letra chica en su contrato que le permita hacerlo, sino que el hecho de saber que no será despedida, la pone en esta privilegiada posición.


Y mi madre está histérica. La señora no ha venido en las últimos diez días y mi vieja ya comienza a ver las paredes de la casa cerrándose. Esto, en algún modo comprensible, me pone a mí en un campo minado doméstico sin salida. Cada cosa que haga o deje de hacer, para mi vieja se convierte en drama, en mi mala disposición y en mi pésima (o nula) capacidad para ser una buena hija (o al menos una hija decente). Para peor, yo soy de esas personas que no tiene mucha ocurrencia, en el sentido en que si me piden ayuda, yo hago exactamente lo que se me pide: nada más ni nada menos. Lo malo aquí, es que eso muestra a los ojos de mi madre, una falta de inciativa casi imperdonable que le hace cuestionarse el porqué algún día soñó con tener hijos... ¿les conté mi vieja una vez soñó con ser milica?


En días como estos, lo más indicado es salir de la zona de combate lo más pronto posible, inventar excusas para restringir el tiempo casero a las horas de sueño, circular por la casa con la cabeza baja y tragarse toda crítica o respuesta que pueda ser mínimamente controversial. Y es en uno de esos días en que escapaba del nido, un poco contagiada por la ira de prisionera de mi mamá, en que me di cuenta que en menos de dos meses, he logrado conectarme psiquicamente con mi Ipod. Ese día cerré la puerta de la calle y en un gesto que casi decía "No te preocupes, ya va a pasar, no dejes que te afecte", la programación aleatoria del aparatito me hizo escuchar I want you back de 'NSync. En el segundo en que escuché el beat popero (demasiado feliz para mi en ese minuto), tuve la misma reacción que tiene un niño mañoso cuando alguien lo consuela: quise cambiarla, quise buscar una razón que alimentara mi enojo y me reafirmara el hecho de que era mi vieja la que estaba mal y que yo no había hecho nada. Sin embargo, me resistí y dejé que mi lindo Ipod me hiciera olvidar mis penas. Ya por Santa María y luego de dos canciones de "na nai", el aparatito seguía difuminando el enojo, al punto de olvidarlo por completo a la altura de Providencia.


Mi Ipod me salvó de las fauses de lo que parecía un día horrible. Supongo que debe ser porque pasar tanto tiempo juntos, algún efecto debe tener. Creo que tengo una conexión con mi Ipod. Y sí, al parecer sí estoy un poco loca.

Sunday, October 07, 2007

"Closer" de Travis

Sencillamente amo este video. Más allá de la canción (que también me tiene rayando) y la cara de bebé de Fran Healy, el video me fascina.

Una buena antesala para el Fenix Festival 2007 (para el cual ya estoy confirmada ¡YEAH!).