Monday, April 21, 2008

Mi viejo tiene 4 años

Partamos de la base de que la madurez (sí, seguiré con este tema), es un proceso retroalimentativo, entendiéndose por esto, que uno madura un poco cuando es capaz de enfrentar los problemas de frente, y a la vez es maduro cuando lo hace. En cierto modo, también es algo así como un círculo vicioso, pero eso tendría que implicar que todo el mundo por naturaleza madura, y realmente no lo creo así.

Sigamos con el hecho de que, en primera instancia, tus padres siempre serán más maduros que tú. Se puede explicar de varias maneras: porque han vivido más, porque han vivido cosas que jamás viviremos nosotros, porque tienen un número de un dígito encabezando su RUT, etc. Y sea como sea, yo siempre pensé que por cualquiera que sea la razón, mis papás siempre tendrían la razón, siempre serían más grandes que yo, siempre actuarían de manera más madura, poniendo el ejemplo para esta hija que insiste en atrasar lo más posible el inevitable paso a la adultez.

Sin embargo, hay un momento entre los 9 y los 12 años, cuando te das cuenta que tus padres no siempre tienen la razón, que no son infalibles y no todo lo que hacen es lo mejor. Luego, por ahí por los 15 años, te das cuenta de lleno que tus padres no sólo no son infalibles, sino que pueden comportarse (tanto entre ellos como para con uno), como un verdadero par de niños caprichosos. ¿Dónde quedó la madurez de tus padres?, ¿dónde quedó el ejemplo?, ¿dónde quedaron esos adultos que serían tus guías hasta que pudieras sacarte solo de la cárcel?

Entre las 10am y las 11:30am de ayer, mi padre se convirtió en la niña que cuando se pelea con su mejor amiga, no encuentra nada mejor que hacerle la famosa "Ley del Hielo". Claro que en este caso, la mejor amiga no era una niña que dormía abrazada a la Barbie del momento, sino más bien una niña de 20 años en pijama; o sea, yo. Y es que mi viejo es de esos tipos tan pacifistas, que en su afán por evitar la violencia a toda costa, también evita todo lo que tenga olor a discusión y así, todo lo que pueda llevar a una solución. Mi viejo se cierra, colapsa y se va. La mayoría de las veces pasa un rato y se le pasa, pero ayer la cosa tomó un giro inesperado y no hizo caso de mí en todo el día. Y no sólo eso, sino que sacó las viejas armas infantiles del bahúl de los recuerdos y comenzó a hacer toda sarta de niñerías para ver si podía quebrarme.

Yo me reía y, sin embargo, al mismo tiempo la escena me perturbaba a niveles estratoféricos. Es decir, yo solía hacer eso con mis amigas cuando iba en 5to básico, siglos atrás. Obviamente que siempre eran idioteces, pero esa era the weapon of choice, pero no la he usado desde entonces y me trastoca el hecho de tener que enfrentarme a ella nuevamente. El pie de guerra, en cierto modo, continúa. Si la única manera de complacer a un niño es darle un dulce o seguirle la corriente, que se diga desde ahora que no me gustan los niños. Si voy a hacer babysitter, que me paguen, porque la paciencia que tengo me cuesta sacarla a flote y créanme que tampoco es mucha que digamos.

Monday, April 14, 2008

Lore...

La distancia y el tiempo nos separan, pero en este momento no hay nada que desee más que estar a tu lado. Sé que es un tanto cómodo esperar a que estés mal para sentirme así, pero el sentimiento está ahí y me frustra sobremanera ese charco de agua que nos separa. Te imagino inconsolable, vacía y sintiendo cómo hay algo inexplicable en tu garganta que no te deja respirar. Es lo que me imagino, mas sé que eso es sólo una pequeña fracción de la pena que debes sentir.

No quiero más que darte un abrazo, que decirte que todo estará bien, llorar a tu lado, decirte cuánto lo siento, que la vida es injusta y que de esto algo tendremos que aprender. Pero no puedo. Por más que quiera tú estás aislada y, aunque me encantaría decirte que esto pasó por algo, aún no logro ver cuál es esa enseñanza; porque ahora todo se ve tan injusto, tan triste y tan gris.

Yo creo que esto es lo peor. El peor de todos los dolores y el más doloroso de todos los dramas. Y sin embargo, sigues respirando, y no sé cómo lo haces. Si a mí me cuesta respirar, no me puedo imaginar cómo sigues a flote.

Le iba a bordar una toalla. Estaba pensando algo bien de niña, con mucho rosado y animales gorditos. Me imagino que te habría gustado, a pesar de que el envío demorase mucho. Pero no lo hice. Nunca empecé, y por algún extraño motivo ahora me duele muchísimo. Lo siento. Quiero estar contigo y el único consuelo que tengo, es el sweater negro que me regalaste cuando fui a tu casa hace casi cuatro años. Me lo puse hoy por primera vez desde el invierno pasado y siento que es la única manera de tenerte cerca.

Cúidate y resiste, que un día de estos cruzaré de un salto la posa que nos separa y me dejaré caer en tu cocina para otro plato de pasta al pesto. Te quiero mucho. Que el tiempo, el silencio y la distancia, no te convenzan de lo contrario.

Un beso.

Sandy.