Friday, October 29, 2010

Growing pains: convirtiéndose en mujer

Mira, la verdad es la siguiente. Para mi, convertirme en  mujer fue algo más parecido a un trauma que a un rito tribal del cual sentirme orgullosa. Ahora, ya sea por la televisión o por experiencias ajenas, me doy cuenta de que todo el proceso de pubertad que llevamos las mujeres, a algunas les produjo placer al punto de sentirse de lo más chochas de poder ponerse algo abajo de la polera. 

Resulta, que hasta el momento, yo soy la única a la que todo este negocio con Dios le resultó desagradable y que en su momento sintió que se la cagaron. No me malinterpreten: ahora no me quejo para nada de ser mujer, y si no fuera por las restricciones con tintes machistas que ponen mis padres, podría decir que es por lejos mejor que ser hombre. Sin embargo, no puedo decir que ésta fue mi visión desde el principio. Déjenme repasar...

Lo primero fueron los sostenes. Y no, no se imaginen que una empieza poniéndose de los sostenes lindos, con copas y tirantes regulables y todo eso. No, una empieza más bien con unas cosas que se asemejan más a los petos deportivos que promocionan Nike o Adidas. El problema con estos "formadores" (porque así se les dice técnicamente), es que no tienen ni la mitad del glamour atlético que tienen los de las minas que hacen yoga con la guata al aire en las publicidades de las grandes marcas deportivas. De hecho, las cosas siguen teniendo una estética infantil para funciones no tan infantiles. 

Por mucho tiempo, los renegué y los evité, hasta que la cosa ya fue demasiada y no hubo más remedio que ceder a las hormonas. Para  mi, no tuvo nada de romántico y ni una pizca de "ay, ya soy grande". Yo, en cambio, no podía más que verlo como un gran "maldito Dios, ¿por qué me haces esto?" Y es que la comodidad es un precio muy alto que pagar.

Después del sostén, vino la bendita regla. Ay, maldita regla. ¿Cómo era posible que tuviera que estar contando días todos los meses por muchos, muchos años, para saber cuándo tenía que estar preparada y cuándo no?, ¿y por qué me tenía que pasar a mi ahora? Yo no quería tener guaguas... ¡al menos no a los 11 años! Y, de hecho, mi postura no ha cambiado mucho ahora que tengo 23. Y lo peor, es que todo el mundo te felicitaba y te decía "ay, ya eres una mujer". Para hacerlo peor, mis viejos decidieron hacerme un regalo significativo para marcar la ocasión. Yo nunca entendí por qué venían las felicitaciones, y la verdad de las cosas, es que aún no sé por qué lo hacen. No es un logro ni nada por estilo, es sólo que tus ovarios dijeron "Ok, it's time". Y créanme, si hubiese tenido cualquier tipo de control sobre las decisiones de mis ovarios, la cosa habría sido más del estilo "no, mejor dejémoslo para unos años más". 

Claramente, una después se acostumbra a todas estas cosas (a las molestias, al estar siempre con herramientas de control de daños en la mochila/cartera, a marcar días en el calendario, etc, etc), y obviamente que luego toma otra connotación y la llegada de la regla es celebrada, ya que siginifica que otros eventos no tuvieron lugar lo que, reitero, a mis 23 años, siempre se agradece. 

He oído que hay niñas que se jactan cuando les llega la regla y otras que se trauman cuando a sus amigas les llega y a ellas no. Yo no sé si a mi me configuraron mal, pero si ése hubiese sido mi caso (que no fue, by the way), mi actitud habría sido más de "JA!! Fuck you bitches!! I'm still free!!". Pero supongo que la genética tiene sus propias formas de enseñarte lecciones. 

Luego, y para terminar, está la que una vez califiqué como la más retorcida y malvada de las prácticas que la sociedad le impone a las féminas: la depilación. Es increíble pensar que una no decide cuándo depilarse por primera vez, sino que el resto lo decide por ti. Y si el resto sintiera el dolor de la primera depilación por ti, sería genial, pero ya que no es así, en ése entonces todos te parecen una sarta de bastardos sádicos. Sin darte cuenta, no puedes ponerte un par de shorts sin mirarte las piernas antes y, si por alguna razón hubiésen 30°C de calor afuera, lo siento, la sociedad simplemente no te permite usar nada que no tape esa atrocidad que son los pelos. 

Créanme, mis queridos, esto siempre tiene el potencial de convertirse en un trauma, especialmente porque no hay manera de explicarle a una niña que nunca ha conocido el dolor o la presión por el bien estético, que a alguien alguna vez se le ocurrió que las mujeres se veían más lindas sin pelos y que ahora, más que una tendencia, es ley. Porque sí es la razón y punto. Lo más gracioso es que, después de tanto patalear y de insultar a Dios y a la sociedad por tremenda estupidez, yo me convertí en una psicópata de la depilación. Who'd have thought? 

Una cuando es chica no se lo imagina, pero la verdad de las cosas es que después una se acostumbra a todo y nada resulta tan terrible como la primera vez. Y así es como se perpetúan los ciclos. El día en que tenga una hija, tendré que pensar muy bien en cómo le diré a la cara "Lo siento, la cosa es así. Nos cagaron." Y es que supongo que no hay otra forma. Eso sí, y para terminar con el vaso medio lleno, la femeneidad te da ciertos beneficios de los que nadie te enseña a cabalidad, pero es imposible no descubrirlos. Supongo que sólo por eso, pasar por todo el proceso del sostén, la regla y la depilación, vale la pena. 

Tuesday, October 19, 2010

Dibujo #3


Lo bueno de que tiendas como MNG inviertan mucho en sus catálogos, es que yo tengo inspiración de sobra. Gracias Mango por favor concedido.