Sunday, July 24, 2016

Arrugué la revista, la tiré lejos y de nuevo me invadió esa sensación de esa noche de febrero, esas ganas de rebotar por las paredes, de querer moverte, pero por más que apretas las manos y pateas las piernas, no pasa nada. La angustia no se va.

Me di vuelta y lloré. Apretando las sábanas, doblando los dedos de los pies.

"¿Qué te pasa?", preguntó mi mamá preocupada.
"Nada, no me pasa nada", balbuceé.
"Claramente algo te pasa...".
"No importa. Por favor, déjame sola", le dije.
"Pero negrita..."
"Por la cresta, mamá, déjame sola".

Ella se fue.

Subí el cerro por primera vez desde que todo pasó. Temblando me puse los guantes y empecé a pedalear, pensando que el cansancio me haría bien, que patear las piernas me haría vomitar la pena en El Hundimiento. Pero no pasó nada. Bajando por Costanera Sur jugué sola a capear las luces de la calle. Perdí todas las veces.

Cuando volví, en mi celular me esperaban millones de mensajes. Todos lo habían leído. Todos sabían.

"Hoy no puedes estar sola", me dijo la Marce al teléfono. "Dúchate y te vienes para acá. No sé qué vamos a hacer, pero algo inventaremos".

Caminé donde la Marce y llegando, me entra una llamada de la Javi.

"¿Cómo estás?", preguntó tanteando terreno.
"Como el pico".
"Lo viste entonces..."
"Sí, lo vi..."
"La Dani me llamó. Estábamos preocupadas. Lo siento mucho", me dijo al teléfono.
"Es que no entiendo...", le dije yo llorando frente a Avon.

La Marce me recibió en su casa todo el sábado y junto a la Tanya, que vive tres pisos más abajo, tomamos té todo el día. Yo lloraba y hablaba de él, de su poca humanidad, de cómo podía estar pasando esto (¿estaba pasando?, ¿en serio?). La Marce hablaba de la pena que la golpeó cuando murió su mamá y me decía riendo que ésta es una de esas historias que te cuentan en una fiesta, diciendo que es algo "que le pasó al amigo de una amiga", pero que una nunca cree. "Pero esto te pasó a ti... ¡qué heavy!", comentaba la Marce cada tanto.

La Tanya, por lado, tiene la experiencia de su matrimonio fallido. 12 años de relación la tenían viviendo sola en un departamento nuevo y con muchas cuentas de terapia que pagar. "Tú sabes que yo siempre empaticé con él porque, en el fondo, yo fui el Andrew de mi relación. Pero yo nunca le podría haber hecho esto a Jaime. Lo mínimo es protegerlo. Yo no me atrevería ni a postear algo en Facebook que lo pudiera dañar. Menos en un diario. Hipster culiado", repetía ella.

Cuando en la noche llegué a mi casa, abrí la puerta y ahí estaba mi mamá, sentada en el sillón al lado de la estufa con la revista arrugada en la mano. Levantó la cabeza y me dijo: "Ahora lo entiendo todo".

Yo abrí los ojos y me di cuenta que no tenía caso en desmentir nada. Por enésima vez en el día, me eché a llorar.

No comments: