Thursday, July 14, 2016

De inversiones y brownie points

La vida puede resumirse en una serie de inversiones: para lograr algo, tienes que sacrificar otra cosa. Invertir tiempo, plata, karma, sanidad mental, etc.

¿Esa serie que te zampaste el fin de semana? Invertiste 48 horas que nadie te va a devolver nunca.

¿Esa amiga que te caía bien pero que luego resultó ser una persona de mierda? Invertiste una gran cantidad de sanidad mental y estabilidad emocional que, de nuevo, nadie te devolverá.

¿Esa hamburguesa maravillosa y sobrevalorada que te comiste en Bellavista? Invertiste un vacío de calorías que puedes recuperar fácilmente si te mueves un poco. Por eso la inversión en comida no nos importa tanto.

Y está bien. Es un tema de riesgo y retorno, que a veces funciona a favor (poca inversión, mayor retorno) y otras no (mucha inversión, poco o nulo retorno). Aquí, lo que realmente importa, es que valga la pena. Ésa es siempre la pregunta.

Ahora, hablemos de los brownie points. Los brownie points (o Scooby Galletas, si prefieren), se refieren a las estrellitas doradas que uno tiene a la derecha de su nombre en la lista de curso. Podemos entenderlos mejor como puntos de karma.

Mi teoría es que uno, al hacer cosas buenas y altruistas, gana brownie points y, cuando hace cosas malas (o al menos cuestionables), los pierde. O sea, siguiendo con la línea lógica del principio, los invierte.

¿Cuando pelas a la mina del lado? Inviertes brownie points.

¿Cuando te haces el hueón y no le pasas el asiento a alguien en el metro que, ya sea por edad o embarazo, claramente lo necesita más que tú? Inversión de brownie points (una grande, por lo demás).

Y aquí, de nuevo, entra la pregunta que importa: ¿vale la pena?

En mi caso, la respuesta es sí. De repente hay insultos que valen la pena. Y mucho.

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